
Se suicidó en su celda el Doctor Muerte
Habría matado a 260 pacientes
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LONDRES.- Harold Shipman, el médico británico conocido como Doctor Muerte por haber asesinado a centenares de pacientes con inyecciones de morfina, fue encontrado ayer ahorcado en su celda de la cárcel de Wakefield, en el norte de Inglaterra, donde cumplía la pena de quince cadenas perpetuas consecutivas.
El Doctor Muerte, considerado el mayor asesino en serie de la historia británica, más aún que Jack el Destripador, habría cumplido hoy 58 años.
Quince asesinatos probados en enero de 2000. Doscientos sesenta estimados, entre 1975 y 1998, que quedarán para siempre en penumbras, porque una vez más Shipman ejerció su letal control sobre la vida y sobre la verdad.
Esta vez eligió terminar con la propia, provocando un escándalo en el servicio penitenciario británico, que no había tomado precauciones para evitar un suicidio más que probable, y desatando la furia de los familiares de las víctimas que aún esperaban que Shipman reconociera sus crímenes.
Siempre dijo ser inocente. "Quizá, porque se negaba el horror a sí mismo", concluyeron abatidos los psiquiatras que intentaron, durante años, descubrir la lógica del asesino.
Nacido en el seno de una familia obrera en Nottingham, a los 17 años la vida le dio un golpe que lo cambiaría: su madre murió luego de una larga agonía, por un cáncer de pulmón. Aferrado a su cama, su hijo observó de cerca cómo los médicos dominaban el dolor de la enferma con dosis de morfina. Y se prometió a sí mismo conseguir ese poder. Sería médico.
El primer asesinato
Shipman comenzó con su labor en Todmorden, al norte de Inglaterra, donde cometió su primer asesinato, en 1975: Eva Lyons. Pero pronto tuvo que renunciar, cuando sus compañeros descubrieron que era adicto a la morfina.
Luego abrió su propio consultorio en Hyde, al este de Manchester: The Surgery. Su esposa Primrose atendía en la recepción a los numerosos pacientes, que acudían fascinados por la seguridad del médico, sin saber que tenían cita con la muerte.
Su pulcritud inspiraba confianza. Quizá por eso nadie percibió nada raro en los 260 fallecimientos que, según estima la Justicia, ocurrían de repente tras una visita del Doctor Muerte. Todos los familiares agradecían de corazón las sobrias tarjetitas blancas que Shipman les enviaba después de cada asesinato: "Mis condolencias".
Los asesinatos fueron cometidos entre 1975 y 1998, cuando su doble personalidad fue descubierta cuando trataba de fraguar el testamento de una de sus víctimas para quedarse con su fortuna.
"Nunca habíamos contemplado que se suicidaría y desde que llegó a Wakefield, en junio de 2003, no había sido vigilado en ese sentido, ya que seguía estando en una prisión normal", admitió un vocero de la cárcel.
Jamás demostró arrepentimiento. Ni siquiera cuando el juez que lo acusó le arrojó en la cara: "Usted usó con perversión calculada y sangre fría sus habilidades médicas. Por una vez, sería bueno que entendiera que la vida significa vida".





