
Sobre las injusticias de la vida
Por William Safirerio The New York Times
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WASHINGTON.- "La vida es injusta", respondió el presidente John F. Kennedy cuando le preguntaron acerca del resentimiento que los reservistas, que ya habían "cumplido su condena", mostraban respecto de ser llamados nuevamente a las filas para combatir en Vietnam.
En su comentario más filosófico e improvisado, Kennedy reflexionó en voz alta: "Siempre hay injusticia en la vida. Algunos hombres mueren en combate y otros resultan heridos, mientras que hay otros que jamás parten del país... Es muy difícil, tanto en la vida militar como personal, asegurar una igualdad total. La vida es injusta...".
Ciertamente, la leyenda de la familia Kennedy ha sido signada por algo más que su cuota de tragedia y violencia. Joe, el hijo mayor, murió en la Segunda Guerra Mundial como héroe de combate; John y Robert fueron asesinados; y la vida de Edward quedó arruinada por aquella muerte accidental ocurrida en Chappaquiddick, de la cual pasó los últimos 30 años tratando de redimirse no sólo en su vida política sino como el forzoso patriarca del clan Kennedy.
A la luz de todo ese padecimiento, Edward Kennedy se preguntó en cierta oportunidad si no habría caído una maldición sobre toda su familia. Desde entonces, cada vez que la muerte o la vergüenza recaía sobre uno de sus tantos miembros, se hacía referencia a "la maldición de los Kennedy". Los periodistas comparaban la serie de adversidades nacionales y personales con los dramas shakespereanos, en tanto que el clero recurría a pasajes del Libro de Job.
Esa supuesta maldición impregnó la cobertura periodística de la búsqueda de la avioneta en la que viajaban John F. Kennedy (h.), su esposa, y su cuñada, y la triste espera en la célebre residencia de los Kennedy.
¿Maldición o falta de juicio?
Personalmente, no creo en maldiciones ni en predestinaciones. Poseer el diamante Hope o profanar la tumba de Tutankamón a nadie le trajo mala suerte. Salvo problemas genéticos, somos libres para forjar gran parte de nuestro propio destino.
Este accidente aéreo fue evidentemente provocado por una falta de juicio. Si lo que sabemos es cierto, un piloto con un año de experiencia y un tobillo recién fracturado trató de volar sobre una extensión de agua oscura en una noche brumosa. Para otros pilotos, eso significa correr un riesgo innecesario. Decir esto seguramente despierta la ira angustiada de algunos buenos amigos de John F. Kennedy (h.), lo cual es comprensible en un momento de congoja.
Pero recuerdo un artículo escrito por el columnista Tom Wicker, del New York Times, hace mucho pero mucho tiempo, titulado "Kennedy sin lágrimas". Allí, Wicker pasó por alto el sentimiento que nubló tantas evaluaciones sobre John F. Kennedy, y de manera realista abordó los aspectos tanto positivos como negativos de su breve gestión. A mi entender, eso pesó mucho más que todos los elogios de la prensa respecto de la gracia especial o los recuerdos vaporosos acerca de Camelot.
Ahora se le impone a su hijo un destino perdido. "Fue más que nuestro Príncipe Encantado, como lo llamaba la prensa sensacionalista", escribió la revista Newsweek. "Esculpimos el pasado y el futuro en su hermoso rostro". Y además:"Exhibía su realeza con levedad".
Sin duda, tenía un hermoso rostro, mucho más bello que el de su padre, con menos aire de serena despreocupación. He oído que era inteligente y aceptaba con sencillez la fama heredada. La revista Newsweek informó que estuvo considerando la posibilidad de postularse para ocupar una banca de senador por el Estado de Nueva York hasta que Hillary lo aventajó en la carrera. (¡Qué primarias demócratas habrían sido!) Pero la referencia a la realeza, sin ironías, nos recuerda que no tenemos una realeza norteamericana ni tampoco la celebridad desenrollará la alfombra para cualquier Restauración.
De parte de los medios periodísticos, John F. Kennedy merece un mejor tratamiento que la princesa Diana. ¿No habrá ningún amigo o leal súbdito que haga un nuevo artículo "Kennedy sin lágrimas"?
John F. Kennedy (h.) fundó una revista -George- que alcanzó cierta circulación y dio empleo a la gente. Enfocó con seriedad la falta de seriedad política y perturbó a su propio clan de vez en cuando. Si hubiese corrido sólo riesgos razonables, podría haberse convertido en un editor importante o en un líder genuino.
Pero no fue víctima de ninguna "maldición de los Kennedy". El Libro de Job, destructor de íconos, enseña que Dios no administra el universo en detalle, y que con su libre albedrío los seres humanos son responsables de las acciones y de las injusticias. Por eso la vida es injusta.
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