
Steven Forti, historiador: “Marruecos está enviando un mensaje a España y a toda la Unión Europea”
El historiador de la Universidad Autónoma de Barcelona sostiene que Rabat busca enviar una señal de poder a Madrid y Bruselas, cuestiona la respuesta del gobierno italiano y advierte que el endurecimiento de la política migratoria europea deja de lado la dimensión humanitaria
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MADRID.– Justo en el momento en que transcurría este diálogo telefónico aparecía en la pantalla de televisión la noticia de que Italia suspendía el espacio Schengen con España y que varios países de la UE reclamaban a ese país el control de la crisis migratoria que conmueve a todo el mundo. Para hablar del conflicto, las causas, el contexto y lo que se puede esperar, LA NACION consultó a Steven Forti (Trento, 1981), profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor del libro Extrema Derecha 2.0, publicado el año pasado por Siglo Veintiuno en la Argentina.
–Italia suspendió el espacio Schengen con España y seis países más piden que España tome el control de la crisis y no descartan medidas similares. ¿Es real esta posibilidad?
–Me parece toda demagogia, todo teatro. Quiero explicar algo que nadie dice. Ceuta y Melilla –por una excepción que figura en el acuerdo– no están dentro del espacio Schengen. Son territorio español, son territorio de la Unión Europea, pero no son parte del espacio Schengen. Y eso es un punto que muestra la demagogia de declaraciones incendiarias e irresponsables, desde mi punto de vista, como las del gobierno italiano, tanto el Ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Tajani, como la propia Giorgia Meloni. Para ingresar en el territorio peninsular de España, una persona que entra por Ceuta o Melilla tiene que presentar su pasaporte antes de subir al avión o al ferry. Entonces se está creando aquí una cuestión sobre la nada. Y esto hay que decirlo porque mucha gente lo ignora, pero los políticos lo saben y están sacando irresponsablemente un partido de esta cuestión.

–Pero estamos en un contexto de endurecimiento de políticas inmigratorias…
–Sí, claro, en el contexto actual hay un endurecimiento de las políticas migratorias de la Unión Europea y un giro a la derecha de sus instituciones desde 2024 como mínimo. Veremos, entonces, cuánto pesan estos reclamos dentro de la Comisión Europea. Un elemento a mencionar es que el presidente Pedro Sánchez se ha quedado muy solo como gobierno progresista en el contexto europeo, sumado a las presiones directas o indirectas, explícitas o implícitas que vienen de Estados Unidos y que han puesto en un aprieto a la UE.
–¿Por qué cree que estalló esta crisis en este momento?
–La sentencia del Tribunal Supremo de hace dos semanas ha sido determinante, claro está. Esa declaración de que eran ilegales las devoluciones “en caliente” de personas que entraran en territorio español a nado circuló como reguero por las redes sociales. Ahora bien, es imposible que cincuenta o sesenta mil personas crucen la valla y se metan en Ceuta en cuarenta y ocho horas si las fuerzas marroquíes hacen su trabajo como toca.
–Parecido a la crisis de 2021, ¿pero en qué se diferencia?
– La diferencia es que en mayo del 2021 las mismas autoridades marroquíes hicieron saber que era consecuencia de decisiones políticas de España. Se referían a que habían dado asilo a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, movimiento de liberación que lucha por la independencia del Sahara Occidental. Pocos meses antes, diciembre del 2020, Trump antes de abandonar la Casa Blanca, había reconocido la soberanía marroquí sobre esa región en conflicto, en contra de las resoluciones de las Naciones Unidas. En aquel momento la propia embajadora marroquí en España dijo que España pagaba por sus responsabilidades. Ahora, en cambio, es distinto. El gobierno de Marruecos no ha dicho nada similar, al contrario, y el gobierno español intenta mostrar que hay colaboración bilateral. Pero lo que sí parece evidente es que Marruecos está enviando un mensaje.
–¿Qué mensaje y a quién?
–Al gobierno español y en parte también a la Unión Europea en su conjunto. El mensaje a Madrid se vincula con la reunión del 20 de julio pasado entre Pedro Sánchez y el presidente argelino (Abdelmadjid Tebboune), que marcó el fin de una crisis abierta en la primavera de 2022, cuando España, después del problema del año anterior en Ceuta, terminó reconociendo el Sahara Occidental como territorio autónomo dentro del reino marroquí, cambiando la posición histórica sobre la soberanía del Sahara Occidental, algo que el año pasado también reconoció las Naciones Unidas con una resolución. Entonces: entre el 2020 y el 2025 se dio este giro de España que generó una crisis con Argel, la cual se fue gestionando con sus altos y bajos hasta que en este mes de julio se la dio por cerrada. No me parece casualidad que menos de dos semanas después pase lo que estamos viendo ahora. Dos elementos más: las excelentes relaciones que hay entre Rabat y Washington y las reivindicaciones de fondo que sigue teniendo Marruecos sobre Ceuta y Melilla.
–¿Estaría Marruecos haciendo una demostración de fuerza?
–Creo que hay una voluntad de tensionar las cosas tanto con Madrid –de paso le hace un “regalito” a Trump– como con Bruselas, diciendo “atención, porque nosotros estamos ayudando aquí frenar la llegada de inmigrantes pero podemos cambiar de idea”. Es una demostración de poder, de fuerza, claramente. La diferencia es que respecto del 2021 no se atreven a explicitar. Ahora en cambio parece que hay colaboración, que no se entiende bien qué pasó, que las fuerzas de seguridad no estaban donde debían estar… Pero en realidad ha pasado más de lo mismo en un contexto donde Marruecos es más fuerte sobre Sáhara Occidental que en 2021, porque las Naciones Unidas han aceptado la que fue una propuesta absolutamente inaceptable de Trump en 2020. La soberanía sobre el Sahara Occidental. Y un factor no menor es que Marruecos es el mayor aliado junto a Israel de la administración Trump y de Estados Unidos en el norte de África y Medio Oriente. Claro que no se pueden extrapolar todos estos datos, pero sí que hay que tomarlos en cuenta.
–¿Qué costo político le puede significar a Sánchez esta crisis?
–Bueno, el gobierno de Sánchez ya viene con dificultades, no digo nada nuevo. Protestas constantes de la ultraderecha, casos de corrupción, carece de mayoría garantizada y no puede aprobar los presupuestos y otras leyes… Además, esta crisis surge al día siguiente de que se había terminado la emergencia por los incendios que han golpeado España, y que han quemado millares de hectáreas. Sánchez se encuentra más solo, y en el foco de los ataques por sus posturas sobre el rearme, sobre Trump, sobre Palestina, el cambio climático… Sin embargo, hay que decir que España es una de las economías europeas que más crece, sus datos macroeconómicos están entre los mejores, mucho mejores que los de Italia, donde el gobierno de Meloni no ha conseguido hacer crecer la economía en estos cuatro años.
–Y se suma la crisis actual de Ceuta…
–Estas imágenes refuerzan los discursos en contra de la inmigración de la extrema derecha, más de Vox que del PP, y sobre todo las teorías conspirativas que difunden, no solo en España, la invasión migratoria, el gran reemplazo o el supuesto plan de sustituir a la población europea con migrantes provenientes de países musulmanes.
–Lo que vemos en Ceuta pone una vez más sobre la mesa el debate sobre la inmigración.
–Los flujos migratorios no van a desaparecer nunca porque han existido siempre en toda la historia, la cuestión es cómo los gestionamos. Una de las causas es el aumento de las desigualdades en muchos países en África, en Asia. La segunda es el envejecimiento generalizado de la población que irá a más porque la natalidad está en baja. Si queremos que los países europeos sigan manteniendo un mínimo estado de bienestar tendrá que haber gente joven y que tenga hijos. Y no nos escondamos como la extrema derecha detrás de un discurso natalista, porque también en los países donde la extrema derecha ha gobernado años, no ha dado resultado. Pienso en la Hungría que gobernó Orban por dieciséis años con políticas en esa dirección, cierre de fronteras y supuestamente políticas natalistas para que aumentasen los hijos, y no pudo cambiar la situación. Esos son temas culturales, socioculturales, no cambian solo con financiar más una cosa o cerrar fronteras. Es una cuestión que impactará en el futuro y ya está impactando.
–¿Cómo cree que termina este problema en Ceuta?
– Bueno, todo puede cambiar en veinticuatro horas, dependiendo de lo que suceda, y mi impresión es que se irá gestionando poco a poco y que la crisis termine, como en 2021. A diferencia de aquel entonces, parece que hay una colaboración entre Rabat y Madrid. Pero así como pasó en 2021 y pasó ahora, puede volver a ocurrir. Porque esto depende también de la voluntad de la monarquía marroquí. Luego veremos si entre la Unión Europa y Marruecos habrá reuniones para modificar la convención existente. Veremos si en España se modifica la ley de extranjería para volver a la situación anterior a la sentencia del Tribunal Supremo. Es difícil hacer predicciones.
–¿Hay algún aspecto que debería resaltarse en este tema y no está en la discusión?
– Dos temas: uno es que cuando hablamos de inmigración parecería que el único marco interpretativo que hay es el de la seguridad, y nunca se tiene en cuenta lo humanitario. Sean dos o sean sesenta mil, estamos hablando de seres humanos que por una razón u otra, guerra, hambre, pobreza, desertificación, están dejando su país para buscar una vida mejor en otro. Pues ese tema tiene que estar sobre la mesa y ese tema lo recuerdan solo las ONG humanitarias. Los políticos jamás lo mencionan. Este me parece un tema central. Y el otro, cuando hablamos de Ceuta y Melilla, es el Sahara Occidental. Porque si hablas de Marruecos hablamos de inmigración y hablamos de relación con la Unión Europea, tenemos que hablar también de Sahara Occidental, un territorio más olvidado que la Antártida y con una crisis humanitaria que tiene miles de personas confinadas en campos de refugiados desde hace cuarenta años.
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