Cuarentenas en el mundo: de bloqueos exitosos a medidas descoordinadas para frenar al coronavirus

María del Pilar Castillo
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23 de abril de 2020  • 00:13

Las medidas de confinamiento adoptadas alrededor del mundo para hacer frente a la pandemia de coronavirus son muy heterogéneas. El gobierno sueco, por ejemplo, aconsejó a las personas que respeten las recomendaciones de distanciamiento social, pero las escuelas, gimnasios y restaurantes siguieron operando de forma habitual. En cambio, en Honduras, los ciudadanos aún cumplen con un toque de queda absoluto y solo pueden salir a comprar artículos de primera necesidad una vez a la semana. Los militares patrullan las calles y los infractores enfrentan penas de hasta cinco años de prisión.

Aunque todavía es demasiado temprano para determinar con exactitud el impacto de cada medida de aislamiento social ejecutada en el mundo, las cuarentenas estrictas han probado su eficacia. Un estudio del Imperial College de Londres descubrió que las intervenciones en 11 países de Europa evitaron al menos 59.000 muertes por Covid-19 hasta el 31 de marzo y aún más contagios. Francia, por ejemplo, logró disminuir el número reproductivo básico del virus -el promedio de personas a las que un infectado puede transmitir la enfermedad- de 6,32 a 0,8 luego de semanas de cuarentena total, según un análisis de la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas.

De flexibles a muy restrictivas

Logró controlar el brote sin recurrir a medidas de confinamiento estrictas. No decretó cuarentena nacional y las medidas de distanciamiento social se limitaron a meras sugerencias. Pero con una estrategia de testeo y rastreo de contactos exhaustiva, el país logró aislar rápidamente a los casos positivos y a los enfermos potenciales, al tiempo que pudo mitigar el impacto económico. Fue clave recurrir a la tecnología y apelar a la cultura de obediencia.

El gobierno holandés siguió un bloqueo "inteligente" o "selectivo". Quiere amortiguar los costos sociales, económicos y psicológicos del aislamiento social y hacer que el eventual retorno a la normalidad sea más manejable. Solo aquellas empresas que requieren trato directo con clientes se vieron obligadas a dejar de comerciar. Las escuelas, guarderías y universidades también permanecen sin actividad. Los bares, restaurantes y cafeterías están cerrados, aunque tienen permitida la venta de sus productos. Se recomienda a las personas que se queden en su casa, pero pueden salir para trabajar, comprar comida o para tomar aire fresco, siempre que se mantenga una distancia social de 1,5 metros

Las medidas dependen de cada estado, sin una acción coordinada. La mayoría impusieron cuarentenas que incluyen el cierre de escuelas y restricciones al contacto social. Las actitudes del presidente Donald Trump -desde el negacionismo hasta el recorte de fondos a la OMS-, fueron fuertemente criticadas interna y externamente desde que el virus comenzó a expandirse. Tras minimizar el impacto de la enfermedad, se convirtió en el país más golpeado.

Epicentro de la pandemia en Europa, fue el primer país en ordenar una cuarentena nacional y obligatoria. Cerró sus escuelas, universidades y todos los comercios no esenciales. A partir del 9 de marzo, los 60 millones de habitantes fueron sometidos a un confinamiento total, interrumpido únicamente por traslados mínimos al supermercado, al banco, a la farmacia o al médico. A los italianos también se les permite realizar actividad física al aire libre, pero solos y cerca de sus hogares. Al ser la primera en establecer un bloqueo social de esta magnitud, Italia se convirtió en un país de referencia para los demás que se sumaron poco a poco a imitar las medidas.

No es la cuarentena más extrema ni la más amplia. De hecho, solo la mitad de Filipinas se encuentra bajo confinamiento estricto. Sin embargo, las penas por incumplimiento son las más severas: el presidente Rodrigo Duterte ordenó a las fuerzas de seguridad "disparar a matar" contra quienes violen las restricciones de circulación. "Muerto. En lugar de causar problemas, te enviaré a la tumba", amenazó el mandatario en un mensaje televisado el 2 de abril. El anuncio se produjo a raíz de una serie de protestas por el impacto de las medidas en el bolsillo: el 16% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

Fexibilizó ligeramente el 25 de marzo uno de los bloqueos más estrictos del mundo. Cuando entró en vigor un toque de queda total (los ciudadanos no podían salir ni para comprar artículos de primera necesidad), hubo una desesperación generalizada por recibir distribuciones de pan de los camiones del gobierno y la línea directa de emergencia se desconectó por la sobrecarga de llamadas telefónicas. Pero tras cuatro días de encierro total, se habilitó a las personas a salir de sus hogares a pie para viajes esenciales, como comprar alimentos en pequeñas tiendas y obtener medicamentos. Todavía hay toque de queda en horario determinado.

El 24 de marzo, el primer ministro de la India, Narendra Modi, sorprendió con un anuncio: sometería a partir del día siguiente a los 1300 millones de habitantes del segundo país más poblado del mundo al confinamiento estricto por un periodo inicial de tres semanas. "Cada estado, cada distrito, cada trayecto, cada pueblo estarán bajo encierro", sentenció. Todos los servicios de transporte se suspendieron con la excepción del transporte de bienes esenciales y servicios de emergencia. Las instituciones educativas, los establecimientos industriales y los servicios de hospitalidad cerraron temporalmente. La medida sin precedentes se convirtió en un desafío descomunal para una nación con inmensas diferencias sociales, un sistema de salud precario, una buena parte de su población viviendo en el hacinamiento y donde entre el 65 y el 70% de la economía es informal.

Decidido a ponerle el freno al coronavirus y a evitar que la Argentina corra la misma suerte que Italia o España, el presidente Alberto Fernández declaró el 19 de marzo el aislamiento social obligatorio. La severa medida, que sigue vigente, establece que las personas permanezcan en sus hogares y prohíbe la libre circulación. Salvo los ciudadanos que están exentos por cumplir tareas esenciales -quienes deben circular con un permiso- solo se puede salir a la calle para comprar artículos de primera necesidad. A diferencia de otros países, ni siquiera está permitido el ejercicio al aire libre. Aunque el pasado lunes la cuarentena entró en una etapa más flexible, es una de las más estrictas de la región.

Distintas realidades

Son pocos los casos de países, como Japón o Singapur, que lograron contener el brote sin recurrir a una reclusión generalizada. E incluso estas naciones modelo han endurecido las restricciones en los últimos días tras un repunte de infecciones repentino.

"Los países asiáticos, como Corea del Sur, Vietnam o Hong Kong, ya disponían de una capacidad de testeo a una escala importante y de una infraestructura sanitaria de primer nivel. Podían no solamente detectar sino aislar y rastrear contactos con tecnología avanzada. Eso sumado a la cultura donde la gente sigue de otra forma las recomendaciones del gobierno, permite el control de la epidemia con medidas que no afectan tanto la vida normal", explicó a LA NACION Pablo Elmassian, infectólogo de Stamboulian Salud.

Países asiáticos podían rastrear contactos con tecnología avanzada.

Pero no todos los países son capaces de replicar estas condiciones -sistemas de salud avanzados, una vasta capacidad de testeo y obediencia-, por lo que algunos gobiernos tuvieron que apelar a medidas de confinamiento y control más severas.

"La Argentina, con una capacidad e infraestructura limitadas, hizo bien en recurrir a medidas más extremas. De hecho, la evolución del virus está demostrando que el aislamiento social está haciendo efecto. Otro parámetro es que la capacidad de terapia intensiva no está desbordada por el momento", añadió Elmassian.

Y la Argentina no fue la única. Despavoridas por el progreso del brote en Italia o España, poco a poco, las naciones fueron aumentando la intensidad de las medidas, que incluían la suspensión de vuelos, el cierre de fronteras, escuelas y comercios no esenciales, entre otras. Sudáfrica, por ejemplo, estableció uno de los confinamientos más duros del mundo, prohibiendo la venta de alcohol y tabaco e incluso pasear al perro. Panamá también aplicó la ley seca y segmentó las salidas a la calle por sexo, una orden que luego imitaron Perú y Bogotá.

Sin embargo, poner a un país entero bajo encierro conlleva grandes costos políticos, sociales, económicos y psicológicos. Líderes como Jair Bolsonaro y Donald Trump han evitado implementar restricciones a nivel nacional. Tanto Estados Unidos como Brasil fallaron en elaborar un plan de respuesta coordinado y pagaron un alto precio: ocupan el primer y onceavo puesto en número de muertes, respectivamente. En tanto, las autoridades estatales tuvieron que salir al rescate. Nueva York, epicentro de la epidemia, cerró los comercios y limitó la circulación en la ciudad a partir del 22 de marzo. San Pablo, por su parte, impuso una cuarentena en todo el estado el 24 de marzo, que extendió recientemente hasta el 10 de mayo.

"El impacto del aislamiento tiene sus particularidades en cada país, en cada cultura e incluso en cada individuo. Sin embargo, a un nivel general, las personas deben vérselas con la vivencia de soledad y distintos tipos de ansiedades, que van cambiando con el correr de los días. Se manifiestan en el aumento de la sintomatología psicosomática corporal y trastornos del sueño, entre otros indicadores", señaló a LA NACION la Virginia Ungar, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

El impacto del aislamiento tiene sus particularidades en cada país, en cada cultura e incluso en cada individuo.

Ungar también advirtió sobre un aumento en la hostilidad y la violencia durante el período de encierro en distintas partes del mundo. En Chile, por ejemplo, el Ministerio de la Mujer reportó un aumento de 70% en las llamadas realizadas a la línea telefónica de orientación sobre violencia intrafamiliar el primer fin de semana bajo cuarentena total.

Más allá del impacto psicológico, las cuarentenas tienen costos económicos descomunales para los países. En Gran Bretaña, un estudio de la Universidad de Essex encontró que se podrían perder más de 6,5 millones de empleos. Peor aún en países menos desarrollados con economías informales. En Zimbabue, los expertos dicen que casi ocho millones de habitantes, aproximadamente la mitad de la población, sufrirán inseguridad alimentaria este año. La situación de desnutrición también empeoró con la cuarentena en Venezuela, donde seis de cada diez familias han gastado sus ahorros en comida, según el Programa Mundial de Alimentos sobre la situación de Venezuela de la ONU.

En América Latina, las medidas adoptadas para mitigar los efectos del virus provocarán este año una caída histórica del 5,3% de la economía, que llevará a la peor crisis en décadas con millones de nuevos pobres y desempleados, estimó recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en un sombrío informe de situación.

Preocupados por el futuro, muchos países ya comenzaron a flexibilizar las medidas de aislamiento. A Dinamarca, Noruega, República Checa, Austria e Irán, se les sumaron esta semana Alemania, Australia, Polonia, Guatemala y algunas comunas de Chile. Lo están haciendo gradualmente, pero ya iniciaron los primeros pasos para "volver a la normalidad", como la reapertura de escuelas y tiendas minoristas, la reanudación de cirugías en los hospitales o la habilitación por zonas de la libre circulación.

  • Créditos de fotos: Argentina: Hernán Zenteno, LA NACION / Corea del Sur: Ed JONES, AFP / EE.UU.: Lucy Nicholson, REUTERS / Filipinas: Maria Tan, AFP / Holanda: Evert Elzinga, ANP, AFP / India: Dibyangshu Sarkar, AFP / Italia: Marco Bertorello, AFP / Jordania: Muhammad Hamed, REUTERS.
  • Edición visual: Florencia Abd y Alejandra Bliffeld. Edición general: Florencia Fernández Blanco. Edición fotográfica: Dante Cosenza. Edición de video: Francisco Ferrari.

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