Tras el shock de la tragedia en la disco,Santa María se une para exigir justicia
Miles de personas salieron a la calle para reclamar que se castigue a los responsables; la ciudad intenta volver a la normalidad, pero aún se respira tristeza en cada esquina
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SANTA MARÍA, Brasil.- Esta ciudad amaneció ayer envuelta en una espesa neblina, después de que miles de habitantes, duramente shockeados por el incendio de la discoteca Kiss, que dejó 234 jóvenes muertos y 118 heridos, salieron a las calles para reclamar justicia, tal vez en la única manera que encuentran para seguir adelante.
A diferencia de los días anteriores, en esta ciudad de 260.000 habitantes ayer se sentía la fuerza de una comunidad unida, decidida a levantarse y exigir justicia, como quedó demostrado en una manifestación que anteanoche llevó a más de 30.000 vecinos a las calles.
"Necesitamos justicia para avanzar. Hay que fiscalizar mejor estos establecimientos. Estas muertes podrían haber sido evitadas con medidas de seguridad adecuadas. Hay que hallar a los responsables que permitieron todas las irregularidades que coincidieron aquella noche en la discoteca", señaló Milton Malgarin, estudiante de Derecho de 26 años, que perdió a un amigo en el incendio en esta ciudad en el corazón del estado de Rio Grande do Sul.
Como decenas de miles de otros habitantes de Santa María, Malgarin vestía de blanco y alzaba su celular encendido en la larga caminata por el centro. En su recorrido, el respetuoso silencio de la gente sólo era interrumpido por ráfagas de aplausos y el canto del himno brasileño. Pero al pasar por la esquina de la disco quemada, en la Rua dos Andradas, estallaron los gritos: "¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!".
Algunos llevaban grandes fotos de sus seres queridos muertos; otros, carteles en los que se leían mensajes como "Somos uno" y "Fe, fuerza y coraje para continuar".
"Yo no perdí a nadie cercano, pero murieron muchos amigos de mis alumnos. Tenemos que dar a los familiares y amigos de las víctimas una energía positiva para que puedan recuperarse, para darles fuerza y que sientan el apoyo de la comunidad", explicó Siomara Muller, 54, profesora de arquitectura en la Universidad Federal de Santa María, a la que iban casi todos los jóvenes muertos, la mayoría de la Facultad de Agronomía, que había organizado una fiesta en Kiss.
"Esta desgracia marcará a Santa María para siempre. Es una ciudad esencialmente universitaria, con los ojos puestos en los jóvenes, en el futuro, y vamos a avanzar, tenemos que hacerlo. Pero llevará mucho tiempo sacarnos de encima este dolor que sentimos hoy", comentó a LA NACION la maestra jubilada Deneva Fighera, de 73 años, mientras hacía compras en un supermercado de la céntrica Rua do Acampamento.
La tristeza todavía se respiraba ayer por toda la ciudad, donde la mayoría de los negocios reabrieron, muchos con moños negros en sus vidrieras, en homenaje a las víctimas del incendio en Kiss, presuntamente originado por una bengala lanzada durante el show de la banda Gurizada Fandangueira, en la madrugada del domingo.
Ayer temprano, en una conferencia de prensa, el ministro de Salud, Alexandre Padilha, designado por la presidenta Dilma Rousseff a cargo de todos los esfuerzos oficiales en Santa María, informó que todavía había 118 heridos internados (ver aparte). La mayoría padece problemas respiratorios por la inhalación de humo tóxico, aunque hay 20 que sufren quemaduras graves. Uno de ellos es Delvani Rosso, de 20 años, cuyo frágil estado de salud era seguido de cerca por familiares y amigos en el Hospital da Caridade.
"Estaba con su hermano Jovani en el boliche y ayudaron a varias personas a salir, pero Delvani acabó con más del 50% del cuerpo quemado", describió Dilton Severo, de 50 años, amigo de la familia, mientras, de boina y bombachas campestres, tomaba un mate cimarrón en la puerta del hospital, fiel al estilo gaúcho.
Allí también estaba Bruno Viegas Flores, estudiante de psicología de 18 años, cuyo hermano Luiz Eduardo, de 24 años, murió en el incendio. Pese a su sufrimiento directo, el adolescente había llegado al hospital para ofrecerse como voluntario.
"No quería quedarme en casa, triste y deprimido. Hay mucha gente que necesita una mano. Mi mamá también está acá, mientras mi papá resuelve todos los trámites legales de mi hermano", contó con los ojos húmedos el joven, que la víspera había enterrado a Luiz Eduardo.
En las afueras de la ciudad, el gran campus de la Universidad Federal de Santa María permanecía con muy poca actividad, con las clases suspendidas hasta el 1° de febrero por luto.
Los pasillos del Centro de Ciencias Rurales, sede de la Facultad de Agronomía, a la que pertenecía la mayor parte de las víctimas del incendio, estaban casi vacíos; en un tacho de basura, alguien había arrojado varios carteles que habían servido para promocionar la fiesta "Agromerados" en Kiss, el sábado pasado.
"Por la dimensión de la tragedia, este lugar nunca más va a ser igual. Van a cambiar mucho las fiestas universitarias. Esperemos que haya leyes más rigurosas para las discotecas. Ojalá aprendamos del ejemplo de lo que ocurrió en la discoteca [Cromagnon] de Buenos Aires", apuntó Marcos Defuente, de 23 años, estudiante de Zootécnica. Debía celebrar su graduación esta semana, pero el acto fue ahora postergado hasta que los ánimos de Santa María vuelvan a una cierta normalidad.
La banda admite que usó bengalas
En declaraciones formuladas ante la policía civil, el cantante del conjunto Gurizada Fandangueira, Marcelo Santos, reconoció que en el show del domingo pasado usaron bengalas, pero que estaban fabricadas con "pólvora fría", que no puede provocar incendios. Dijo que la causa de la tragedia fue un desperfecto eléctrico.
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