Trump ordena completar el polémico muro con México

Con un decreto, puso en marcha una de sus propuestas más cuestionadas; "vamos a recuperar nuestras fronteras", dijo
Silvia Pisani
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26 de enero de 2017  

Trump firmó ayer el decreto sobre el muro en su visita al Departamento de Seguridad Interior
Trump firmó ayer el decreto sobre el muro en su visita al Departamento de Seguridad Interior Fuente: AP - Crédito: Pablo Martínez

WASHINGTON.- Con un discurso breve pero cuidadosamente preparado, el presidente Donald Trump puso en marcha una de sus medidas más controvertidas: la construcción de más de 2000 km de barrera para completar el muro a lo largo de la frontera con México.

Con eso, no sólo puso bajo presión la relación con uno de sus principales socios comerciales, sino que, posiblemente, obligue a que los países y gobiernos de la región adopten algún tipo de posición sobre lo que muchos llamaban anoche aquí la creación de una "zona de hostilidad".

"Un país que no tiene fronteras no es un país y, a partir de hoy [por ayer], vamos a recuperar nuestras fronteras", dijo Trump. Lo hizo al ponerse al frente de lo que definió como un esfuerzo para "impedir que sigan llegando indeseables" a Estados Unidos. La medida desató la indignación entre mexicanos y organizaciones hispanas en el país.

Trump también reiteró que México "terminará pagando, de una u otra manera" la valla, si bien admitió que, en un principio, los fondos tendrán que ser aportados por los norteamericanos. Aquí se habla de un presupuesto multimillonario para una obra de esa magnitud, lo que genera dudas entre los republicanos en el Congreso.

Trump dio un paso más allá al insinuar que el presidente Enrique Peña Nieto faltaba a la verdad cuando afirmaba que su país, México, no pondría "un centavo" para el financiamiento de esa barrera.

"Él [por Peña Nieto] dice eso porque no puede decir otra cosa. Pero México terminará pagando por el muro de un modo u otro", insistió el magnate.

En medios diplomáticos, esos conceptos fueron leídos como algo bastante parecido a una afrenta. "Decir que México pagará por el muro es inaceptable", atajó el canciller mexicano, Luis Videgaray, en una de las primeras reacciones oficiales.

Hacía rato que no se escuchaba semejante tono entre ambos gobiernos. Videgaray estaba incómodo ante los dichos de Trump y por haberse visto sorprendido por el anuncio en plena visita de trabajo a esta ciudad.

Conocido en la jerga política como "el muro", la barrera que quiere construir Trump era esperada. Se trata de una de sus grandes promesas de campaña, pero el criterio de oportunidad para el anuncio fue una doble cachetada para México.

Lo hizo cuando se espera la visita oficial, el martes próximo, de Peña Nieto a Washington y cuando, en avanzada, se encontraban en la ciudad importantes funcionarios de su gobierno para discutir cuestiones comerciales. Una autoridad del gobierno federal señaló que el presidente "evalúa" la posibilidad de cancelar su viaje.

"Esto es una bofetada en toda la línea", dijo el líder histórico de la izquierda mexicana, Cuauhtémoc Cárdenas.

"La relación con México será mucho mejor [con el muro fronterizo]. Trabajaremos en estrecha colaboración con nuestros vecinos", prometió Trump.

Por contradictorio que suene, el discurso con el que anunció "la muy necesaria barrera física" entre ambos países fue el más conciliador hacia México que se le escuchó en mucho tiempo. De hecho, presentó la pared que en México se percibe como una humillación como una herramienta para que ambos países "luchen juntos" contra "la corriente de inmigración ilegal" que se produce desde América Central.

"Para Estados Unidos no hay nada más conveniente que una economía mexicana próspera y un México seguro", sostuvo el republicano. "Trabajando juntos en comercio, seguridad fronteriza y cooperación económica, realmente creo que podemos mejorar la relación a un nivel no visto antes", añadió.

Paralelo a la firma del decreto que pone en marcha la construcción, el magnate suscribió otro por el que anuncia castigos para las llamadas "ciudades santuario", tal como se conoce a los centros urbanos que protegen a los extranjeros indocumentados. San Diego y San Francisco, así como muchos otros enclaves en California y la zona fronteriza, son conocidos por no compartir información sobre la llegada de indocumentados, como una forma de darles protección.

Con todo el simbolismo que encierra el anuncio para dos países que llevan cuatro lustros de integración imparable, muchos vieron lo ocurrido como el más firme giro respecto de la política de los últimos años. Sobre todo, del ex presidente Barack Obama.

"Dos países que están condenados a llevarse bien inician ahora un período de desconfianza y confrontación", sostuvo Erick Langer, del Departamento de Estudios Regionales de la Universidad de Georgetown.

Aun con toda su carga, el anuncio de ayer es sólo el primer paso de lo que puede ser un largo proceso, que estará cargado de simbolismo y que, posiblemente, se convierta en uno de los símbolos del gobierno de Trump.

Lo ocurrido ayer se vio como el primer paso hacia una serie de medidas que se esperan en los próximos días contra inmigrantes indocumentados. Trump hizo ese anuncio ante familias que perdieron a sus hijos a manos de extranjeros irregulares. "Son escoria que jamás tendría que haber entrado en nuestro país", explicó.

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