
Turquía, ante las elecciones que deciden el sueño de Erdogan
El presidente se encamina a mantener la mayoría parlamentaria, pero podría tener que decir adiós a su ambición de hegemonía
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PARÍS.- La dramática actualidad en Turquía ilustra bien hasta qué punto el país está en el ojo de un huracán político que puede provocar daños colaterales en Medio Oriente e incluso en la alianza occidental.
Cuando faltan sólo dos días para unas cruciales elecciones legislativas, el régimen cerró manu militari dos canales de televisión de oposición e impidió la salida de dos diarios. Un niño de 12 años puede ir a la cárcel por romper un afiche del presidente Recep Tayyip Erdogan. Y la aviación bombardea a la guerrilla kurda del PKK no sólo en Siria e Irak, sino también en el Sur, donde un ataque provocó 11 muertos civiles.
La consulta electoral de pasado mañana es un desafío supremo para ese país estratégico de casi 78 millones de habitantes, nexo entre Occidente y Oriente, que es un actor clave para el mantenimiento de la paz. Durante la Guerra Fría fue un eficaz miembro de la OTAN contra la Unión Soviética. Después supo transformarse en modelo de democracia musulmana frente a un mundo árabe caótico y violento. En los últimos meses, forzó la admiración al aceptar a más de dos millones de refugiados sirios.
Sin embargo, nada indica que los comicios anticipados del domingo vayan a permitirle salir de la parálisis política actual, provocada por la pérdida de la mayoría absoluta que tenía el partido de gobierno, Justicia y Desarrollo (AKP), en el Parlamento, en las elecciones precedentes del 7 de junio.
En pleno derrape autoritario, acariciando el sueño de la elección indefinida, el presidente conservador no consiguió digerir ese primer revés electoral desde 2002 y pretende revertir el resultado, "aunque tenga que hacernos votar y votar sin cesar", se indigna el politólogo Ismail Bakaran.
Para ello, el presidente apostó por la estrategia de la tensión. A propósito del Partido Democrático del Pueblo (HDP, prokurdo) -cuya entrada al Parlamento en junio contribuyó al fracaso del AKP-, declaró: "Si los turcos no dan una lección el 1° de noviembre a ese partido, ¿cuándo lo harán?". Erdogan acusa a esa formación de estar vinculada a "los terroristas del PKK".
El conflicto con el PKK dejó 40.000 muertos desde 1984. De ese total, 500 se produjeron desde la ruptura de la tregua decidida en el verano boreal por el mismo Erdogan. A su vez, la oposición laica del Partido Republicano del Pueblo (CHP) y el HDP acusan al presidente de apoyar a los islamistas radicales de Estado Islámico (EI), autor probable de tres atentados que colocaron a Turquía en pie de guerra.
La mejor ilustración de ese dramático clima, donde el adversario político es denunciado como un enemigo, se produjo el 13 de octubre, durante un partido de fútbol entre Turquía e Islandia. Una silbatina manchó el minuto de silencio en honor a las 102 víctimas -mayoritariamente kurdas- del peor atentado de la historia del país en Ankara, ocurrido dos días antes.
Pero la apuesta de Erdogan de utilizar el miedo y el reflejo de agruparse en torno al gobierno podría resultarle contraproducente.
"Debido a esa polarización aún más fuerte que de costumbre, donde cada partido levanta su bandera identitaria e incluso étnica, pocos electores deberían cambiar la forma en que votaron en junio", estima Ali Zojman, de la encuestadora Sipas.
Todos los sondeos predicen el mantenimiento del statu quo, con los mismos resultados que en junio: AKP 40,6%, CHP 27%, los nacionalistas del MHP (16%) y el HDP (13%).
Aun cuando Erdogan no obtenga la mayoría absoluta de 276 diputados, recibirá la misión de formar gobierno, pues será el principal partido en el Parlamento, como ocurrió en junio. Esta vez, aunque tenga que aceptarlo contra su voluntad y cuando las coaliciones raramente fueron capaces de aplicar políticas económicas razonables, un acuerdo parece probable entre el AKP y los nacionalistas o incluso con su rival histórico del CHP.
El problema es que para Erdogan eso significará olvidar sus sueños de poder absoluto, transformándose en un moderno sultán del siglo XXI.
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