Un ex espía con pasaporte argentino
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MADRID (De nuestra corresponsal).- Los españoles no salen de su asombro: un espía sospechoso de las peores trapisondas y al que la muerte oficialmente aceptada libró de la persecución judicial acaba de aparecer vivo y rozagante. Pero el estupor también es para los argentinos, porque el "resucitado" tiene pasaporte argentino y nadie se explica muy bien cómo.
A Francisco Paesa se lo asoció durante años con maniobras oscuras. Fue agente del Ministerio del Interior español y, como tal, estuvo involucrado en la captura de responsables de la llamada "guerra sucia" del gobierno de Felipe González (los grupos GAL de acción contra el terrorismo separatista). Como parte de eso, Paesa capturó al entonces jefe de la Guardia Civil -Luis Roldán-, pero se sospecha que luego fue cómplice en su fuga.
Entre uno y otro encargo que se le confiaba, su fortuna crecía en el equivalente de millones de euros. Hasta el juez Baltasar Garzón lo tuvo en la mira por un escandaloso caso de tráfico de armas. Le tomó declaración como testigo, no llegó a imputarlo nunca, el tiempo pasó y el expediente caducó.
Con el paso de los años, el ex agente vio crecer de tal modo sus problemas y la gente que lo buscaba, que decidió desaparecer. Y lo hizo de una manera bien novelesca: no sólo se dio por muerto, sino también por incinerado.
La falsa muerte del escurridizo agente tuvo un escenario exótico: se montó en Bangkok. Y tanto se entusiasmó con su coartada que el gran aviso fúnebre que se publicó en julio de 1998 en el diario El País habló hasta de las "misas gregorianas" que durante agosto siguiente se rezarían por su alma. Tanto detalle hizo sospechar a unos cuantos, y el diario El Mundo dio con el agente en Francia. La información publicada ayer por el periódico afirma que Paesa reside en Luxemburgo, con una mujer rubia y con pasaporte argentino...
Nadie se explica muy bien cómo un hombre que llegó a estar requerido por Interpol pudo lograr de la Argentina los tan ansiados "papeles" que muchos compatriotas aquí no consiguen.
Entre las conjeturas escuchadas ayer, la más ingenua fue la que explicó el logro de la documentación por el cambio de nombre. Para las autoridades argentinas, el prófugo Francisco Paesa se llama Francisco Pando Sánchez.
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