Un mafioso teñido de sangre
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ROMA (De nuestra corresponsal).– La duda que ayer rondaba en Turín, tras las duras acusaciones del arrepentido Gaspare Spatuzza contra Berlusconi, podría resumirse así: ¿puede ser creíble el testimonio de un hombre que participó del secuestro de un niño de 13 años, culpable solamente de ser hijo de un arrepentido, que después fue estrangulado y disuelto en ácido, en una de las páginas más crueles y negras de Cosa Nostra?
Tal es el prontuario que tiene Spatuzza, un hombre que ahora reniega de la Cosa Nostra, estudia Teología y se cartea con altas autoridades eclesiásticas, pero que desde joven fue uno de los más despiadados asesinos de la mafia siciliana.
Apodado U’Tignusu, es decir, "el pelado", ya a los 20 años tenía la especialidad de seguir a las futuras víctimas de Cosa Nostra para averigurar cuál era el mejor momento y lugar para que recibieran su tiro de gracia. Gracias a sus habilidades fue reclutado para su ejército personal de matones por el capo corleonese Leoluca Bagarella, cuñado del ex capo de todos los capos, Salvatore Totó Riina. Autor desde entonces de numerosos homicidios, entre los más importantes se recuerdan el asesinato de don Pino Puglisi, un sacerdote antimafia al que mató de un tiro en la nuca el 15 de septiembre de 1993. Un mes más tarde, participó del famoso secuestro de Giuseppe Di Matteo, un niño de 13 años que era hijo del arrepentido Santino Di Matteo. El chico padeció dos años de cautiverio (779 días) para ser luego, cuando pesaba 30 kilos, estrangulado y disuelto en ácido para no dejar huellas, por orden de Giovanni Brusca.
Temporada de atentados
Subordinado de los capos de Brancaccio, Giuseppe y Filippo Graviano, participó luego de la denominada "temporada de atentados" de la Cosa Nostra de los primeros años de la década del 90, cuando fueron asesinados salvajemente los dos jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en sendos atentados. Fue Spatuzza quien robó el coche Fiat 126 utilizado en el atentado explosivo contra uno de esos magistrados símbolo de la lucha contra la mafia. Los Graviano dejaron Palermo a fines de los 80 para vivir prófugos en Milán. Allí fueron arrestados el 27 de enero de 1994. En 2002, otro importante arrepentido de la mafia, Antonino Giuffré, indicó a los Graviano como el trámite "entre Cosa Nostra y Berlusconi".
Tras ser arrestado en julio de 1997 en Palermo, Spatuzza, y luego de recolectar en la cárcel los secretos de sus ex capos, comenzó a colaborar con la Justicia como arrepentido en 2008. Paralelamente, en los últimos años, el sicario de Cosa Nostra tuvo una conversión mística.
"No estoy aquí para negociar con mis palabras, sería un cobarde. El Estado sabe qué tiene que hacer con mi persona. Mi misión es restituir la verdad a la historia y no me detendré frente a nada. Si puse mi vida en las manos del mal ¿por qué no debo perderla para el bien?", se preguntó ayer, al declarar en Turín.
Pese a que ahora, al parecer, Spatuzza, después de 25 años en la Cosa Nostra, es un devoto que ya rindió seis exámenes de Teología, donde se encuentra detenido, siguen siendo muchas las dudas sobre este pentito. Quizá porque otro sicario como él, Giuseppe Ciaramitaro, una vez le confesó al fiscal Alfonso Sabella lo siguiente: "Un día habíamos terminado de estrangular a un ladrón y nos dio hambre. Compré unos sandwiches y Spatuzza con una mano comía y con la otra mezclaba (según dijo en dialecto siciliano)". Es decir, en una mano tenía el sandwich y en la otra el cucharón que servía para ablandar el fémur y la tibia del hombre que estaba disolviendo con ácido.



