
Un médico mató a 1500 pacientes
El mayor asesino en serie resultó ser Harold Shipman, el "doctor amistad".
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LONDRES.- Los británicos todavía no pueden creer que el peor asesino en serie de su historia haya probado ser un respetable médico de familia.
Con su canosa barba, gruesos anteojos y siempre dispuesto a responder a las llamadas de sus enfermos, Harold Shipman, de 54 años, casado y con cuatro hijos, se ganó el apodo de "Doctor Friendship" ("doctor amistad") en la pequeña ciudad inglesa de Hyde. Un nombre que ahora inevitablemente evocará "El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde".
Porque al igual que el personaje de la obra de Robert Louis Stevenson, el doctor Shipman ocultaba tras su imagen de médico compasivo a un frío y calculador asesino. Sus víctimas eran pacientes mujeres de entre 49 y 80 años, de clase media y con vida activa. A algunas las mató para robarles una joya, la jubilación o la herencia, pero a otras les quitó la vida simplemente "por placer".
La Justicia lo sentenció esta semana a 15 condenas a perpetuidad por similar número de crímenes, pero la policía ya tiene pruebas para culparlo de otros 23 asesinatos y se cree que la cifra pasará fácilmente el centenar.
"Estamos investigando ahora 130 casos ocurridos en los últimos cuatro años, pero si extendemos la búsqueda a toda su vida profesional es probable que encontremos que mató a unas 1500 personas", estimó el doctor John Pollard, médico forense del distrito de South Tameside, donde se encuentra la ciudad de Hyde. La noticia ha sacudido el sistema de salud británico, que descansa fundamentalmente sobre la figura del médico de familia, y a la comunidad médica en general por haber fracasado en detener los crímenes de Shipman por más que dejó evidentes rastros de ellos.
El ministro de Salud Alan Milburn anunció ayer en la Cámara de los Comunes la inmediata puesta en marcha de una investigación para determinar cómo Shipman logró matar a sus pacientes prescribiendo en forma excesiva "diamorfina", una droga empleada para aliviar el dolor en enfermos de cáncer.
Señales de advertencia
Al principio de su carrera, en 1974, los socios de su primer consultorio médico en el condado de Lancaster lo denunciaron por prescribir también en forma excesiva otro derivado de la morfina (petidina). Shipman se negó a renunciar a su cargo, pero terminó siendo expulsado tras ser condenado por la Justicia con una multa de 1200 dólares. Una pena menor obtenida al asegurar que utilizaba la droga para "uso personal".
El Consejo General Médico, órgano que regula en Gran Bretaña la actividad de los facultativos, colocó su nombre en una lista de médicos con malos antecedentes, aunque mantuvo esto en secreto ante la promesa de Shipman de que iniciaría una rehabilitación de su supuesta adicción.
En 1977, Shipman llegó a Hyde, donde nadie lo conocía, decidido a instalar un consultorio propio. Con sus modales paternalistas y una dosis de simpatía, no tardó en ganarse el aprecio de sus vecinos, hasta el punto de que en 1998 contaba con 3100 pacientes y otros 1000 en una lista de espera de hasta seis meses.
Pero tras veinte años de ejercicio, una persona en la comunidad comenzó a abrigar sospechas: la dueña de la empresa fúnebre.
Susan Booth notó que mientras otros facultativos traían a su negocio un máximo de 20 o 30 pacientes por año, Shipman pasaba los 90 y recomendaba siempre a los familiares que emprendieran una cremación.
Both transmitió su inquietud a una colega de Shipman, Linda Reynolds, que también valoró la proporción como demasiado alta. Juntas informaron de esto a las autoridades. La policía inició una discreta investigación pidiendo al departamento de salud que cotejara los legajos de los pacientes de Shipman para determinar si la prescripción de diamorfina era adecuada.
El resultado fue totalmente correcto, porque Shipman se había tomado el trabajo de adulterar en su computadora todos los historiales médicos. La policía atribuyó entonces las muertes a la "edad madura" de las víctimas y dio el caso por cerrado.
Tres mujeres más caerían bajo su influjo antes de que Shipman cometiera un grave error. En junio de 1998, una ex alcaldesa de Hyde Kathleen Grundy murió súbitamente tras una visita de su médico. Horas más tarde una firma de abogados recibió por correo un testamento en el cual Grundy dejaba a Shipman más de un millón de dólares y tres propiedades.
Pero la hija de la víctima, Angela Woodruff, es abogada y no tardó un segundo en descubrir que tanto el texto como la firma del testamento eran falsas.
La autopsia de su madre reveló que no sufría ninguna enfermedad seria. Esto condujo a la policía a realizar la exhumación de otras 14 víctimas cuyas familias no habían llevado a cabo una cremación.
Mientras todos estos peritajes se efectuaban, Shipman siguió atendiendo su consultorio. Peor aún, el Estado continuó pagando hasta ayer su salario como médico generalista.
Traición
"El doctor Shipman traicionó, como individuo, la confianza de sus pacientes. Pero como profesional puso en peligro la reputación de todos los médicos del país. Esto es algo que no podemos permitir", sostuvo ayer el ministro de Salud.
El informe resultante de la investigación oficial será publicado en abril próximo, pero el gobierno ya dispuso una serie de cambios en la presente legislación. Entre ellos, la suspensión inmediata de los salarios de médicos que hayan sido acusados de delitos y el retiro de los beneficios jubilatorios a los que sean procesados.
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