
Un riesgo del que no está exenta la Argentina
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Aunque la seguridad en las centrales nucleares argentinas es superior al promedio mundial, las plantas atómicas de Atucha y Embalse han protagonizado últimamente serios incidentes que alertaron a los grupos ecologistas.
En la madrugada del 1º de mayo de 1999 se detectó en la central de Atucha, a orillas del río Paraná, a unos 100 kilómetros de Buenos Aires, una importante falla en los sistemas de emergencia. El incidente se produjo durante un ensayo, cuando las denominadas "barras de control", que son las que permiten detener una eventual reacción nuclear, no lograron ingresar correctamente en el reactor. Según Greenpeace, "en una situación crítica, como el recalentamiento del reactor -el peor accidente que puede ocurrir-, el sistema de parada permite detener la reacción y evitar el exceso de calor que fusionaría el núcleo y provocaría una catástrofe similar a la de Chernobyl".
Por otra parte, hace cuatro años, en la central de Embalse se produjo una dispersión de tritio radiactivo a la atmósfera y la contaminación del servicio de agua potable de la planta con riesgo para sus operarios.
En tanto, la proyectada Atucha II continúa paralizada desde 1994, aunque se espera que comience a funcionar en 2004.
Durante el anterior gobierno los intentos de privatizar las centrales fracasaron ante la falta de ofertantes, algo que según el especialista Juan Carlos Villalonga "se debe a la poca rentabilidad que las plantas producen y que por lo tanto desalientan la inversión privada".
"Está demostrado que cada centavo invertido en energía eólica rinde más del doble que el invertido en Atucha II", concluye Villalonga.
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