Una Europa con miedo presiona a España para que contenga el Ébola
La UE reclamó a Madrid que esclarezca de manera urgente las fallas en su sistema de salud que pudieron haber provocado el contagio del virus a una enfermera
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MADRID.- Bajo fuerte presión internacional, el gobierno de España incrementó ayer las medidas de seguridad sanitaria para conjurar el pánico de una propagación del Ébola en Europa después de que una enfermera de un hospital madrileño se convirtió en la primera persona en contagiarse el virus fuera de África occidental.
Teresa Romero Ramos, de 44 años, está internada en una sala hermética del hospital Carlos III, el mismo que había atendido el mes pasado a dos sacerdotes españoles repatriados desde Liberia y Sierra Leona que no lograron sobrevivir.
A unas habitaciones de distancia fueron alojados preventivamente Javier Limón, esposo de la paciente infectada; un ingeniero que presentó síntomas sospechosos al volver de un viaje a Nigeria, y otra enfermera que había asistido a los misioneros muertos. Además, se ordenó poner bajo vigilancia a 52 médicos y auxiliares que entraron en contacto con Romero en la última semana.
El estallido de la crisis sanitaria encendió las alarmas en la Unión Europea (UE), que pidió ayer a España que aclare de manera urgente las fallas en su sistema de salud que pudieron haber provocado el contagio de Ébola.
"Hubo evidentemente un problema. Desde hace meses los Estados miembros hacen un seguimiento y coordinan sus procedimientos nacionales a nivel europeo para prevenir el ingreso del virus en el territorio europeo", informó Frederic Vincent, vocero de la Comisión Europea para temas de salud. Hoy se reunirá en Bruselas para tratar el caso español el Comité de Seguridad Sanitaria de la UE, que reúne a expertos de los 28 países del bloque y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El riesgo de un brote en Europa todavía se vislumbra como "altamente improbable" según Vincent, pero resulta imprescindible determinar qué pudo haber pasado y aislar el caso detectado.
Los españoles vivían entre la angustia y el fastidio el día siguiente de la confirmación del primer contagio de Ébola fuera de la zona caliente del oeste africano, donde ya murieron más de 3400 personas, según la OMS. A la inquietud que empezaba a instalarse en la población se sumaban las protestas del personal médico del hospital donde trataron a los infectados con el virus y las denuncias políticas por errores cometidos en el caso de la enfermera Romero.
La mujer trabaja en el hospital Carlos III. Cuando repatriaron de África primero al sacerdote Miguel Pajares y después a Manuel García Viejo ella se ofreció como voluntaria para atenderlos. Los dos llegaron a España en aviones del gobierno, en un intento desesperado de salvarlos.
Pajares murió en agosto. García Viejo, el 25 de septiembre. Cinco días después, Romero se presentó en los servicios de riesgo laboral del hospital porque tenía unas líneas de fiebre. Pero como no llegaba a 38,6º la enviaron a la casa.
"Es evidente que hubiera sido mejor ingresarla, teniendo en cuenta que había estado en contacto con dos enfermos de Ébola", admitió ayer Fernando Simón, del Ministerio de Salud español.
El cuadro se agravó y al final a la mujer la trasladaron el lunes a un hospital cercano a su casa, en el municipio madrileño de Alcorcón. Hasta que se confirmó el diagnóstico estuvo en contacto con al menos 30 profesionales que no contaban con los trajes herméticos requeridos para atender un caso de semejante riesgo.
"Los protocolos de actuación no han funcionado. No hay suficientes equipos de protección individual ni del nivel de seguridad suficiente para que nuestros profesionales de salud los puedan usar", denunció Elena Moral, de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF). Ya lo habían advertido en julio, cuando se dispuso el traslado del cura Pajares. Junto con otros gremialistas pidió la renuncia de la ministra de Salud, Ana Mato, a la que acusan de haber decidido la repatriación de los misioneros en condiciones precarias de seguridad para los trabajadores.
Anoche hubo algo de alivio al conocerse que había dado negativo la prueba de Ébola que le habían hecho a la otra enfermera internada con posibles síntomas. Le dieron el alta de inmediato. Todavía no hay información clara sobre el estado del marido de Romero, cuyas posibilidades de contagio se consideran altas. El hombre habló por teléfono con varios medios, dijo que se encontraba bien, sin síntomas. También defendió la forma en que su esposa había actuado con los enfermos de Ébola: "Hizo todo lo que le pidieron", dijo.
A Romero la tratan con anticuerpos de una mujer que tuvo Ébola y se curó. Si fuera necesario se le darán medicamentos experimentales. De todos modos, la enfermera prohibió que se difundiera su parte médico.
Las autoridades sanitarias continúan con la reconstrucción de la lista de personas que tuvieron trato con ella en los últimos 15 días. "Existe la posibilidad de que alguno de sus contactos pueda estar infectado. Eso no implica un riesgo para la población, pero tenemos que tomar todos los recaudos", señaló Simón.
De urgencia, el gobierno habilitó para resolver dudas una línea gratuita, que anoche estaba colapsada. Una señal de la psicosis que empieza a sentirse en Madrid.
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