
Una institución con hombres al acecho y mujeres en guardia
La cultura interna y las reglas del FMI propician el cruce de ciertos límites entre sexos opuestos
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WASHINGTON.– Es una isla internacional enclavada en plena capital estadounidense, un lugar hipercompetitivo gobernado por economistas. Las jornadas de trabajo se alargan y es frecuente que los empleados se vean obligados a pasar juntos semana tras semana durante las "misiones" en otros países. Es un clima que propicia el florecimiento de romances… y el cruce de ciertos límites.
En el FMI, algunas mujeres evitan usar pollera por miedo a atraer una atención indeseada. Otras se pasan informes al oído sobre cómo manejar a jefes demasiado lanzados. Una evaluación interna de 2008 reveló que los funcionarios de alto rango tienen muy pocos límites en su comportamiento y concluyó que, "si todavía no se han producido escándalos de ética pública es más fruto de la buena suerte que de la buena acción".
Así es la vida en el Fondo Monetario Internacional (FMI), último recurso de los gobiernos que necesitan dinero y, bajo el liderazgo de Dominique Strauss-Kahn, una creciente fuerza reguladora de la economía global.
Pero a partir del arresto de Strauss-Kahn por el cargo de intento de violación de una mucama de un hotel de Nueva York, la opinión pública puso el ojo en la cultura interna de la institución. Incluso salió a la luz un episodio de 2008, cuando el FMI resolvió que Strauss-Kahn no había transgredido ninguna regla interna al tener un affaire con una empleada.
Entrevistas y documentación dejan al descubierto que el Fondo es una institución cuyas normas sobre sexo y comportamiento son radicalmente distintas del resto de Washington, lo que expone a las empleadas al acoso. Entre sus paredes, no se aplican las leyes de Estados Unidos, y hasta principios de este mes, las propias reglas del FMI contenían una inusual cláusula que, según algunos expertos y ex funcionarios del organismo, ha alentado a los ejecutivos a perseguir a las mujeres que trabajan para ellos: "Las relaciones íntimas personales entre superiores y subordinados no constituyen por sí mismas un acoso".
"Es algo parecido a Piratas del Caribe; más que reglas son líneas de acción", ironizó Carmen M. Reinhart, una eminente economista que se desempeñó como subdirectora de investigaciones del Fondo entre 2001 y 2003. "Y eso deja preparado el terreno, creo yo, para que se arriesguen más."
En 2007, los funcionarios del FMI se negaron a investigar una queja de una empleada administrativa que se había acostado con su jefe de área, al que acusaba de haberle puesto bajas calificaciones en la evaluación interna de rendimiento como una forma de presionarla para que continuara la relación. En ese momento, los funcionarios le dijeron a la mujer que su jefe estaba a punto de jubilarse, y que por lo tanto no tenía sentido investigar la veracidad de los cargos, según descubrió el tribunal interno del FMI. El hombre en cuestión, cuyo nombre no aparece en el informe interno, les dijo a los investigadores que también había tenido relaciones con otra empleada, y que no creía haber actuado inapropiadamente.
En otro caso, una joven que ya no trabaja en el Fondo dijo que, en 2009, un director de alto rango de su sector comenzó a enviarle mails cada vez más explícitos, proponiéndole una relación. La mujer se quejó ante su jefe directo, quien no hizo nada al respecto. "Me dijeron que para ellos era algo serio, pero dos minutos después, ya estaban tratando al hombre que me había hecho eso igual que siempre, como si estuviera todo bien", dijo la mujer, quien habló con condición de anonimato. "Nadie lo castigó. Hicieron como si nada."
Código de conducta
Virginia R. Canter, quien ingresó al FMI el año pasado con la tarea de investigar las denuncias de acoso sexual, señaló que, en los últimos tiempos, el organismo aplicó una serie de medidas contundentes para proteger a sus empleadas. El 6 de mayo se puso en vigencia el nuevo código de conducta, que especifica que las relaciones íntimas con subordinados "son propensas a terminar en un conflicto de intereses" y deben ser reveladas ante las autoridades pertinentes.
"Es un reconocimiento de que en los lugares de trabajo a veces las relaciones surgen –dijo Canter–. Pero eso no significa que para nosotros no sea un tema sensible, y cuando haya evidencia que sugiera acoso, investigaremos."
También aseguró que el Fondo no volverá a desestimar la denuncia de un empleado, como en el caso de la empleada administrativa que dormía con su jefe. "Eso jamás podría ocurrir hoy en día", señaló Canter. "Nosotros investigaríamos el asunto."
El FMI tiene 2400 empleados que evalúan la salud económica de los países del mundo desde un par de enormes edificios en Washington y en misiones regulares por el exterior. Cuando un país pide dinero prestado al Fondo, normalmente se le exigen ciertas reformas económicas, y el organismo envía misiones para controlar su aplicación.
Durante los últimos años, el Fondo ha tratado de diversificarse contratando a más mujeres; aun así, sólo seis de los 30 funcionarios de la plana mayor del Fondo son mujeres y sólo el 21,5% de todos los gerentes son mujeres, frente al 32% de su institución gemela, el Banco Mundial.
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