Una pelea enemista a una de las familias más poderosas de Asia

Las Karimova, hijas del presidente de esta cerrada ex república soviética, están en guerra por suceder a su padre
Andrew E. Kramer
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30 de noviembre de 2013  

MOSCÚ.- A decir verdad, Gulnara Karimova, la hija mayor del hombre fuerte de Uzbekistán, nunca pareció estar especialmente calificada para suceder a su padre a la cabeza de ese empobrecido y convulsionado país de Asia Central.

Protagonista del mundo social, Gulnara alguna vez tuvo una línea de ropa y grabó canciones pop con el nombre artístico de Googoosha , mientras la economía de Uzbekistán, basada en el algodón, languidecía, y el gobierno obligaba a los estudiantes a salir a cosechar a los campos una vez al año y por una paga irrisoria.

Pero la posición de privilegio de Gulnara sufrió un fuerte golpe en los últimos tiempos, en medio de una creciente y feroz pelea familiar por el poder que se desató cuando su padre, el presidente Islam Karimov, aparentemente permitió que por Internet circulara un informe que aseguraba que había mordido a su hija en un arranque de furia.

"Islam primero le dio una cachetada y después empezó a pegarle en serio a Gulnara", decía el informe, atribuido a un espía de los servicios de seguridad y publicado el mes pasado en el sitio web opositor Movimiento Popular de Uzbekistán.

Durante sus dos décadas en el gobierno, Islam Karimov, líder de una de las familias más poderosas y ricas de la región, expulsó a prácticamente todos los periodistas extranjeros y trabajadores humanitarios, así que la información sobre ese país suele estar basada en fuentes inciertas. Pero parece claro que en el seno de la familia gobernante se desató una feroz disputa, potencialmente desestabilizante.

Por más que el conflicto familiar haya trascendido como un escándalo de Hollywood, sus implicaciones son serias para millones de personas y para los planes de Estados Unidos de retirar sus tropas de Afganistán, que tiene frontera con el país.

Uzbekistán es el país más poblado de Asia Central, pero sus instituciones son débiles y las posibilidades de que se desate la violencia son muchas. Como en la mayoría de los Estados autoritarios que se acercan a una transición de liderazgo, la sucesión trae consigo el riesgo del derramamiento de sangre, traiciones en el interior de la elite y hasta agitación de la sociedad civil.

Durante sus más de dos décadas como presidente, Islam Karimov, de 75 años, ha presidido uno de los gobiernos más represivos del planeta, donde el abuso es la regla. Incluso para los estándares de los países de la ex Unión Soviética, los progresos de Uzbekistán son muy pobres.

El 28 de octubre, por ejemplo, Human Rights Watch envió un informe a la Comisión de Naciones Unidas contra la Tortura, en el que detallaba una letanía de abusos atroces, incluyendo el caso de un agente de la policía secreta que usó un periódico enrollado y en llamas para quemarle los genitales a un hombre durante un interrogatorio.

En los últimos meses, el gobierno de Karimov cerró media docena de canales de televisión y estaciones de radio que constituían las joyas de la corona del imperio mediático de su hija, al parecer por un tema de violación de licencias. Las autoridades de Uzbekistán abrieron una investigación oficial sobre las fundaciones de caridad de Gulnara, y al parecer congelaron algunas de sus cuentas bancarias.

Por su parte, Gulnara Karimova, de 41 años, acusó por Instagram y Twitter a su hermana menor, Lola Karimova-Tillyaeva, y a su madre, Tatiana Karimova, de practicar la brujería.

Según informan los sitios web disidentes de Uzbekistán, los padres de Gulnara están separados. Arrestaron a un primo por sus vínculos con la mafia. Y Gulnara dice que la policía que controla su padre arrestó a sus guardaespaldas.

"Sólo un reducido número de personas que están en el país entienden realmente el estado de situación", dijo en una entrevista telefónica Scott Horton, especialista en Asia Central. Respecto de Gulnara, Horton dice que "es evidente que su posición cambió".

Karimova-Tillyaeva, la hermana menor, de 35 años, declaró a la BBC que su hermana mayor debería olvidarse de llegar a la presidencia de Uzbekistán, porque sus chances de suceder a su padre eran ínfimas, y luego la descalificó diciendo que era "diferente".

En un país musulmán conservador, ese calificativo no es poca cosa. Divorciada y con el pelo platinado, Gulnara hizo un videoclip, Dare Now (Atrévete ahora), en el que recorre su cuerpo con sus manos mientras canta "Parece decente pero tiene 100 cosas en la mente". Por el contrario, Karimova-Tillyaeva tiene el pelo oscuro, es recatada, está casada, y todo indica que es la elegida de su padre.

Las intrigas palaciegas salen a la luz

  • Islam Karimov / Presidente de Uzbekistán

    Dirige con mano de hierro uno de los gobiernos más represivos del mundo, donde el abuso es regla
  • Gulnara Karimova / Hija del mandatario

    Aspira a ser la heredera del mando, pero la elegida de su padre sería su hermana menor
  • Traducción de Jaime Arrambide

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