Una práctica legal pero resistida
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LONDRES.– El suicidio asistido es una controvertida práctica médica que encuentra un marco legal en Bélgica, Suiza, Holanda y el estado norteamericano de Oregón. Pero sólo los suizos permiten a los extranjeros viajar al país para poner fin a sus vidas.
Cada año, unas 100 personas de países que prohíben el suicidio asistido viajan a Suiza para encontrar quien las ayude a morir. Exit y Dignitas son las dos organizaciones que proveen este servicio; sin embargo, sólo esta última lucra con el llamado "turismo de la muerte".
El procedimiento es escalofriante. Dignitas cobra 10.000 francos suizos (poco más de 9000 dólares) por sus servicios, que incluyen los arreglos legales y una consulta con un médico dispuesto a recetar una dosis letal del barbitúrico natriumpentobarbital. La tarifa se cobra por adelantado.
Una vez que está preparado, el cliente se dirige a una habitación, se acuesta en una cama y bebe el barbitúrico. En cuestión de cinco minutos se queda dormido; a la media hora muere.
Dignitas solía tener un departamento para estos fines, pero debió desistir por quejas de los residentes de la zona. Desde entonces se han utilizado cuartos de hoteles y hasta automóviles. La organización recomienda a sus clientes la cremación, ya que de esa manera las cenizas pueden ser llevadas al país de origen sin inconvenientes.
Los sondeos indican que la mayoría de los suizos aprueban que el suicidio asistido esté disponible para los residentes, pero se sienten incómodos con recibir a extranjeros.
En diciembre de 2006, el Tribunal Federal suizo confirmó el derecho a la autodeterminación para la muerte. No sólo se permite la ayuda pasiva, sino también la ayuda indirectamente activa o suicidio asistido. Pero la práctica tampoco está completamente libre de controversias. Por caso, el Parlamento del cantón de Zurich considera que es necesario un permiso específico.
El resto de los países europeos se muestran completamente divididos a la hora de lidiar con este dilema ético. En los países de raigambre católica, como España, Polonia o Italia, el tema despierta acalorados debates y divide a la sociedad.
En Francia, los médicos podrán optar por la eutanasia pasiva, pero el suicidio asistido no será una opción legal. En Alemania es un tema tabú porque remite a las prácticas eutanásicas del nazismo, y Gran Bretaña tiene una de las legislaciones europeas más restrictivas.

