Una reina sonriente y cumplidora

Annete Birschel
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29 de enero de 2013  

AMSTERDAM.- La reina Beatriz no parecía nada cansada cuando hizo dos visitas de Estado la semana pasada. El calor en Brunei y Singapur no le resultó molesto, dijo la monarca, de 74 años. Así es como conocen los holandeses a su reina: incansable, casi siempre sonriente y cumplidora.

Después de 33 años, la reina abdicará el 30 de abril de su trono, según anunció ayer, pocos días antes de cumplir 75 años. "La reina celebrará su 75° cumpleaños en el entorno familiar", había comunicado la casa real, como si se tratara de un festejo totalmente normal.

Pero esta vez nada será normal. Hace casi un año, el segundo hijo de Beatriz, el príncipe Friso, tuvo un accidente de esquí en Austria. Desde entonces está en coma en una clínica de Londres. El accidente empaña la celebración y parece haber sido en parte una razón para que abdicara.

Desde aquel 17 de febrero de 2012, los holandeses no sólo ven con respeto a su reina, sino también con empatía y cariño.

"No busqué [ser parte de] la realeza, sino que lo acepté", dijo alguna vez. Ser reina fue su trabajo. Desde hace casi 33 años Beatriz no sólo es la jefa de la casa real, sino también jefa de Estado. "La presidenta de la junta directiva de la empresa Holanda", como se la califica burlonamente.

Nacida en el palacio de Soestdijk de Baarm, de La Haya, el 31 de enero de 1938, fue la primogénita de la entonces princesa Juliana, que luego sería reina, y del príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld.

Todos los primeros ministros que trabajaron junto a ella la elogian por su trabajo duro, porque está bien informada y es muy cumplidora. Pero además es una fanática del control, según le adjudica la prensa.

A la dama con el peinado casi intacto le gustaba estar a cargo. Incluso alguna vez se entrometió discretamente en la política. Tras el asesinato del populista de derecha Pim Fortuyn, en 2002, visitó un centro para jóvenes musulmán. Y para enojo del populista de derecha Geert Wilders, en su discurso de Navidad abogó abiertamente por la tolerancia y una sociedad multicultural.

La influencia de la monarca en la política se vio limitada en los últimos años. Oficialmente la reina es miembro del gobierno como jefa de Estado, pero el año pasado el Parlamento le quitó la iniciativa para la formación de una coalición.

Los holandeses vivieron también los momentos difíciles de su reina. La muerte de su marido, el príncipe Claus, en 2002, la afectó profundamente. En 1966, cuando Beatriz aún siendo princesa se casó con un alemán, muchos súbditos se disgustaron con la decisión. Incluso hubo protestas el día de su coronación, el 30 de abril de 1980. Ya nadie se acordará de eso cuando le entregue el trono a su hijo, el príncipe Guillermo.

La mayoría de sus súbditos creen que la reina se merece el descanso y el tiempo con su familia, compues-ta por tres hijos y ocho nietos. "Se lo ganó", dijo anoche una joven por la radio.

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