Una victoria histórica y una apuesta arriesgada
César González-Calero LA NACION
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Schafik Handal, el dirigente histórico del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), recibía tratamiento de jefe de Estado cada vez que aparecía por La Habana invitado por Fidel Castro.
Handal, candidato presidencial de la ex guerrilla en 2004, murió en 2006 sin lograr que el Frente, muy asociado todavía con el régimen cubano y con la Venezuela de Hugo Chávez, llegara al poder en El Salvador.
La apuesta por un candidato moderado, Mauricio Funes, más cercano a Lula da Silva que a Chávez, ha resultado un acierto para el FMLN, perdedor en las urnas durante dos décadas. Se trata de una victoria histórica en América latina, por el ascenso al poder de una ex guerrilla, que apuntala además el giro a la izquierda de la región en la última década.
Pero el hecho de que el Frente apostara por un outsider , que se afilió al partido hace apenas seis meses, plantea también algunas dudas sobre quién ha ganado las elecciones en El Salvador: ¿el FMLN o el candidato Funes?
Porque hasta la irrupción del mediático ex periodista de la CNN el Frente se había resignado a ser el eterno partido de la oposición, debido en gran parte al pasado guerrillero de sus candidatos, como Handal, que despertaban tanta aceptación en las bases del partido como recelos en los sectores más moderados de la sociedad.
Durante la campaña electoral, en la que la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) agitó el fantasma del chavismo en El Salvador si ganaba el Frente, Funes pulió la imagen de la ex guerrilla con guiños incluso a su enemigo histórico, Estados Unidos, al apostar por una nueva relación con Washington y criticar la quema de banderas estadounidenses en las marchas de la izquierda salvadoreña.
El discurso templado de Funes y sus promesas de diálogo y concertación llevaron al FMLN en andas hacia la victoria ante una derecha muy desgastada políticamente, tras 20 años en el poder. La crisis económica y la inseguridad pública que vive el país influyeron en la derrota de Arena, cuyo candidato, Rodrigo Avila, un ex jefe de policía, reconoció haber matado guerrilleros durante la guerra civil (1980-92), que dejó en el país 75.000 muertos.
El "vehículo" de Funes
Muy seguro de sí mismo, Funes afirmó durante la campaña electoral que el FMLN era sólo un "vehículo" para él. Una declaración que levantó sarpullidos entre las bases del partido. El mentor político de Funes, Hato Hasbún, miembro de la Comisión Política del FMLN y el hombre que lo aupó hasta la candidatura presidencial, cree más bien que entre el Frente y Funes se ha producido una "conjunción entre un candidato muy atractivo y un partido muy fuerte", según declaró al periódico digital salvadoreño Elfaro.net.
Hasbún, cerebro en la sombra de la renovada y exitosa estrategia del FMLN, y artífice por lo tanto de la histórica victoria de la ex guerrilla, admitió que el Frente ha ido cambiando con los años su concepción de gobernar el país.
A Hasbún, discípulo del sacerdote jesuita español Ignacio Ellacuría, asesinado por el ejército salvadoreño en 1989, le debe el FMLN esa jugada maestra de "conjugar" un candidato atractivo y un partido sólido antes de que este último se petrificara en la oposición.
A Funes lo aguarda un país que se desangra cada día con una docena de muertes violentas, provocadas en su mayoría por las maras (pandillas juveniles). Un país que depende económicamente de las remesas que envían los 2,3 millones de salvadoreños (un tercio de los habitantes del país) que se vieron obligados a emigrar a Estados Unidos para huir de la pobreza.
Queda por ver ahora si Funes, que ya cuenta con una asociación denominada Amigos de Mauricio, continuará al volante del partido que lo ha llevado con éxito a la meta presidencial, el FMLN, o sentirá la tentación de cambiar de "vehículo" una vez en el poder.

