Unos pasos atrás para dar el gran salto

Luisa Corradini
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21 de agosto de 2015  

PARÍS.- El rumor corría desde hacía semanas, y anoche Alexis Tsipras lo confirmó. El primer ministro griego anunció su renuncia y propuso que se organicen elecciones legislativas anticipadas el 20 de septiembre a un país agobiado por la austeridad, sometido a un riguroso control de cambios y exhausto tras cinco años de incertidumbre. Entonces, ¿por qué lo hizo y por qué ahora?

Es verdad, la decisión era esperada desde hace tiempo. Desde que el jefe del gobierno de izquierda radical, que llegó al poder en enero pasado, perdió su mayoría parlamentaria cuando hubo que adoptar, en condiciones dramáticas, el tercer plan de ayuda para su país.

Según las reglas políticas que rigen en Grecia, un gobierno minoritario debe asegurarse siempre por lo menos 120 votos en el seno de su propia coalición. El problema es que sólo 118 diputados de su partido, Syriza, y de los Griegos Independientes (ANEL), formación de derecha soberanista asociada, votaron a favor del plan.

En escasas semanas, en efecto, Tsipras perdió el apoyo de más de un cuarto de sus propios diputados, radicales de izquierda que no sólo sintieron que su líder traicionó los ideales para los que fueron elegidos, sino que harán campaña en su contra, presentándose como los únicos izquierdistas capaces de defender la bandera antiausteridad.

En otras palabras, a pesar de la gran popularidad que goza el primer ministro entre los griegos, su carisma y su entusiasmo no le alcanzan para federar dentro de sus filas. Para muchos de esos compañeros de ruta -entre ellos su ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis-, Tsipras capituló al firmar ese tercer memorándum.

El primer ministro podría haber pedido un voto de confianza a los partidos de oposición que votaron a favor de ese tercer plan y gracias a quienes pudo hacerlo adoptar: la derecha de Nueva Democracia, los social-demócratas del Pasok y los social-liberales de To Potami. Desde el principio, sin embargo, todos habían dejado en claro su intención de censurarlo llegado el caso.

"Para gobernar Tsipras necesita una mayoría y, con estas elecciones anticipadas, espera conseguirlo", explica Georges Contogeorgis, profesor en la universidad Panteion de Atenas.

Para los observadores, si Alexis Tsipras tomó la decisión de convocar a elecciones en forma inmediata, es porque sabe que dentro de seis meses, con la aplicación estricta de las medidas exigidas por el plan de ayuda, habrá perdido gran parte de su popularidad.

"Esa aceleración del calendario permitirá que los electores voten antes de comenzar a sentir los efectos de las nuevas medidas de austeridad", confirma Contogeorgis. "En septiembre, Syriza tiene todas las posibilidades de ganar las elecciones, aun cuando no consiga la mayoría y su partido deba buscar nuevos aliados", precisa.

La apuesta, sin embargo, sigue siendo arriesgada. Un sondeo realizado el 24 de julio adjudicaba a Syriza 33,6% de intención de voto. Si bien esas cifras lo convierten en el principal partido de Grecia, no le alcanzan, sin embargo, para pensar en gobernar sin formar una nueva coalición. Sin contar, además, con la profunda división del movimiento, que seguramente terminará escindido en dos.

A pesar de todo, muchos electores griegos siguen pensando que, a pesar de haber renunciado a todas las promesas hechas durante su campaña, Tsipras obtuvo una victoria moral frente a sus socios del Eurogrupo. Para ellos, el actual primer ministro es el único capaz de transformar en profundidad a Grecia. "La aplicación de políticas neoliberales en un pueblo que resiste sólo puede venir de la izquierda. De una izquierda limpia de corrupción y otras enfermedades que consiguieron dividir esta nación en dos", explica el politólogo Nikos Kokolas.

Con un nuevo mandato, después de las futuras elecciones, el ex marxista será capaz no sólo de transformarse en un progresista moderado, sino en el hombre político que salvó a Grecia de sus propios demonios y evitó la salida del euro. Al decidir ir a elecciones en forma inmediata, Tsipras probablemente consiga incluso neutralizar a sus enemigos internos de Syriza antes de que la aplicación del tercer plan lo haga imposible.

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