
Víctor/Victoria, o la otra guerra del sexo
Por Mario Diament
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MIAMI.- ¿Qué determina el sexo de una persona?, ¿la genética o el entorno social? Para el doctor John Money, un genetista de la Universidad Johns Hopkins, de Baltimore, considerado una de las máximas autoridades mundiales en sexualidad, no cabía duda: la identidad sexual no estaba dada por las características biológicas, sino por la crianza. Al nacer, los humanos son psicosexualmente neutros, sostenía el doctor Money, y es la sociedad la que impone el género por la manera en que trata a los individuos.
En 1966, el doctor Money tuvo una oportunidad inesperada de probar su teoría. Un matrimonio de Canadá, Ron y Janet Reimer, había tenido gemelos, Bruce y Brian, que presentaban una condición bastante común llamada fimosis: el prepucio se adhiere al glande y ocasiona dolor al orinar. El remedio más simple es la circuncisión.
Bruce fue el primero en ser operado. El médico comenzó a recortar el prepucio, pero cometió un error con el cauterizador y, cuando lo advirtió, había despojado a Bruce de su órgano genital.
La magnitud del accidente sumió a los Reimer en una comprensible desesperación. Tras una sucesión de consultas a especialistas, el cuadro que emergía para el futuro de Bruce no podía resultar más desalentador: despojado de su condición masculina, el chico estaba condenado a vivir como un ser incompleto. Fue entonces cuando escucharon hablar del doctor Money.
John/Joan
La solución que el doctor Money propuso resultaba admirable por una simpleza: si Bruce no podía ser hombre, nada impedía que fuera mujer. Esgrimiendo su teoría de que la identidad sexual se define alrededor de los dos años de edad, el doctor Money convenció a los Reimer de que permitieran la conversión de Bruce en Brenda.
El experimento pronto cobró prominencia en las revistas científicas y consolidó la reputación del doctor Money como uno de los líderes en la especialidad. Aquí se trataba, después de todo, de un caso clásico: gemelos, el uno criado como un perfecto varón y el otro (o la otra), como una mujer.
En 1972, el doctor Money presentó el caso, bautizado "John/Joan", ante la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, y poco después publicó un libro, titulado "Hombre & mujer, niño & niña", donde documenta el éxito del experimento. La revista Time le dedicó una tapa al caso y The New York Times lo publicó en su primera página.
La realidad, sin embargo, era muy diferente. Dentro de sus vestidos de niña y su sexualidad reconstruida, Bruce/Brenda nunca dejó de sentirse varón. Su comportamiento despertaba burlas, tanto de chicos como de chicas, y las intensas sesiones psicológicas dirigidas por el doctor Money no lograban cambiar la situación.
El conflicto repercutía intensamente sobre la familia, a tal punto que, cuando Brenda cumplió 14 años, su padre decidió contarle la verdad.
Como la naturaleza lo hizo
La decisión de Brenda de recuperar su identidad fue inmediata. Cambió su nombre por el de David (por alguna razón no quiso volver a llamarse Bruce), se operó los pechos y se sometió a un intenso tratamiento con hormonas masculinas y reconstrucción del pene que fue completado para el momento en que cumplió los 16 años.
La historia de este alucinante episodio y sus consecuencias son narradas en el libro "Como la naturaleza lo hizo: la historia del niño criado como una mujer", de John Colapinto, un periodista que ya había escrito sobre el caso en 1998 para la revista Rolling Stone.
Su libro no sólo describe el doloroso proceso por el que debieron pasar David Reimer y su familia, sino que desgrana minuciosamente la red de errores, engaños y oportunismo del doctor Money y su equipo médico. Aun después de que Brenda se convirtió en David, el doctor Money insistía en el éxito de su experimento.
Hoy en dí,a David Reimer está casado y vive en Canadá con su mujer y los tres hijos de ella, a quienes ha adoptado. Su decisión de revelar su identidad y la aparición del libro lo han convertido en estos días en una figura intensamente requerida por los medios.
Reimer sostiene que su decisión de dar la cara y contar su historia fue motivada por el deseo de impedir que otros tantos niños como él se vuelvan víctimas de extravagantes experimentos científicos.
Se estima que uno de cada 2000 niños en los Estados Unidos nace con anomalías genitales y una gran mayoría de ellos es sometida a operaciones de conversión sexual, fundamentadas, en buena medida, en las teorías del doctor Money.
El caso de David Reimer adquiere particular relevancia a la luz del debate sobre las causas de la homosexualidad y lo que la sociedad entiende por masculino.
"Si hubiera nacido sin un brazo o hubiera estado relegado a una silla de ruedas, nadie habría dudado de mi masculinidad -dice Reimer en un tramo del libro-. Pero uno pierde su pene y se convierte en una no-entidad. ¿Acaso una mujer a la que se le practica una mastectomía a raíz de un cáncer de pecho deja de ser una mujer?"
El autor es un periodista y dramaturgo argentino que dirige el máster de Periodismo en la Universidad Internacional de la Florida.
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