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El debut de Adele Adkins con su disco retro soul, 19, llamó la atención menos por sus canciones que por su voz: un voluptuoso contralto, un poco rasposo, que bajaba en picado y revoloteaba como una estudiante de Dusty Springfield tratando de molestar a su profesora, o al menos cambiar las reglas. Ahora que es mayor de edad –21 hace referencia a la edad que tenía cuando compuso las canciones–, Adele ha endurecido el tono, dejando atrás las florituras del jazz, y parece preparada para una pelea en un pub. "Dale, vendeme/ y yo te voy a dejar al descubierto", le promete a un ex amante en "Rolling in the Deep", un soul ardiente con palmas y un bombo que golpea como un puño sobre una bolsa de boxeo. (Su nuevo enfoque parece haber funcionado: 21 ya ha llegado al número 1 en ocho países.) Los más conspicuos fabricantes de hits están presentes: Paul Epworth (Kate Nash, Cee Lo Green), Ryan Tedder (Beyoncé, Kelly Clarkson), Dan Wilson (Dixie Chicks), Fraser T. Smith (Taio Cruz). Adele tiene mucha química con Epworth: escuchen su truco de magia, que oscila entre la vieja y la joven guardia en el R&B, que escribieron juntos, producido hábilmente por Rick Rubin. Tiene menos piel con Wilson, cuyas power ballads (excepto "One and Only", con toques gospel) se pasan de rosca. La mujer es voluble, y a veces eso la perjudica: su cover de "Lovesong" de The Cure es una buena idea, pero la onda bossa nova lo echa a perder. Pero cuando los grooves son salvajes, Adele está en su salsa.
Por Will Hermes




