Admiración, recuerdos y mucha congoja
Todo el ambiente operístico recuerda al cantante.
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Plácido Domingo: "Fue un artista único y supo mantener sus condiciones vocales hasta el final, lo que es una hazaña, y lo hizo con cuidado, con esmero y con la preocupación de un estilista".
James Levine (director artístico del Metropolitan Opera House de Nueva York): "Su aristocrática presencia en el escenario y su gran calidez lo hicieron un exponente ideal de los roles líricos del bel canto y del repertorio francés".
Héctor Luengo (jefe de sastrería del Teatro Colón): "Le hice la ropa para "Lucia de Lamermoor" en el ´72, para las dos "Werther" que hizo acá, y para "Los Cuentos de Hoffmann". Era exigente en cuanto a la prenda porque era elegante, pero su su sencillez posibilitaban acceder a él de forma relajada y natural. Incluso, entre todos los de la sección sastrería le regalamos una bata con el logotipo del Colón y los únicos que recibieron regalos nuestros fueron Kraus y Pavarotti. Lo que más recuerdo de él es que en el momento entre una salida a escena y otra, mientras otros cantantes se concentran en la partitura, Kraus llamaba a alguien para hablar y tomar café. Hablábamos de su casa en las Canarias, de que cantaba sólo cuatro óperas por año y de que por contrato exigía que las funciones fueran cada cuatro días para descansar la voz".
Jorge Podestá (presidente de la Asociación de Amigos de Alfredo Kraus): "Era un gran cantante y mejor persona. Siempre que cantó en Buenos Aires estuvo con nosotros. La última vez que lo vi fue en 1995, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Estaba estupendo, colosal y con ganas de venir a Buenos Aires. El año pasado hablé por teléfono con él y estaba bien, pero, claro, esto era antes de su enfermedad. Cuando se cumpla un mes de su fallecimiento, vamos a hacer un funeral en su memoria".
Eduardo Cogorno (director artístico de La Scala de San Telmo): "En 1967 fue su debut en la Argentina en "La Favorita" y me impactó enormemente. Fue inolvidable. Señaló un camino a seguir: cuidar la voz y el repertorio. Eso le permitió cantar a los setenta años. La última vez que se presentó en el Colón mantenía su timbre y su tesitura de tenor completa. Hace unos años, estuvo en la Scala de San Telmo y aconsejó a los jóvenes que se ven obligados a hacer roles que no son adecuados para su voz o para su madurez vocal. Kraus contó que había cantado "La Bohéme" sólo una vez en teatro y una vez más para una grabación. No la cantó nunca más, porque consideró que no era un papel adecuado para su voz. Esa fue la enseñanza que les dejó a las nuevas generaciones de cantantes".





