Cada tanto, cíclicamente, el rock argentino revisita el tango.
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Cada tanto, cíclicamente, el rock argentino revisita el tango. Por estos días, son muchos los músicos que, sin dejar definitivamente de lado sus raíces rockeras, encuentran en la música de Buenos Aires una fuente de consulta e inspiración. Y producen los primeros discos de tangos generados desde el rock.
Entre el reciclaje típico de los 90 y la nostalgia porteña de todo treintañero sensible, algunos rockeros argentinos aparecen como representantes de una tendencia musical que ahora llama la atención del público joven y de los sellos multinacionales. Daniel Melingo y Palo Pandolfo -ex Don Cornelio; actual Visitantes-, sostienen que ambos forman parte de lo que denominan neo-tango. Creen que, así como hubo Guardia Vieja y Guardia Nueva, ahora podría existir esta nueva corriente, integrada por los músicos responsables de componer y escribir el tango del siglo XXI.
¿Serán los músicos de rock los tangueros del próximo milenio?
daniel melingo registro Tangos bajos: catorce temas interpretados al estilo tradicional, con trío de guitarras, contrabajo y bandoneón.
Gabriela Torres grabó Círculos de fuego: tangos nuevos en los que participaron -tocando, cantando y componiendo- Flavio Cianciarullo, de los Fabulosos Cadillacs, e Iván Noble, de los Caballeros de la Quema.
Fernando Samalea editó El jardín suspendido, un disco-libro en el que la música -una fusión de sonidos orientales y melodías tangueras- sirve de banda de sonido para un cuento que transcurre entre la Bagdad de fines del siglo XIX y la Buenos Aires de 1920, y que el actual baterista de Bel Mondo usa para arriesgar una teoría acerca del origen del bandoneón.
Ricardo Iorio (líder del trío metalero Almafuerte) y Flavio Cianciarullo están a punto de concretar su segunda asociación artística; su primer trabajo en conjunto (Peso argento) dio por resultado un álbum folklórico-rockero, y que ahora prometen acercarse al tango.
Hay, además, varios grupos de rock cuyos constantes coqueteos con el tango dan continuidad a una tradición tan añeja como el rock nacional mismo: Los Piojos, Los Visitantes, Los Fabulosos Cadillacs, Los Super Ratones, Los Twist, La Mississippi, entre otras bandas, buscan parte de su identidad en el tango, así como antes lo hicieron Manal, Almendra, Invisible, Moris, Charly García, Fito Páez, Juan Carlos Baglietto y muchos otros.
"mi tío, que es de la vieja Guardia, me dijo: «Vos no te preocupes, que ustedes son los herederos. Cuando nosotros estemos muertos, ustedes la van a continuar»", cuenta Daniel Melingo. "Y ahí me cagué en las patas." Melingo fue líder de Los Twist junto a Pipo Cipolatti, e integrante de Los Abuelos de la Nada, de la banda de Charly García y de Lyons in Love. Estudió clarinete en el Conservatorio Nacional y Musicología en la UCA, pero lleva consigo una tradición familiar de pura cepa tanguera. "Mis tíos por parte de mi vieja, Luis y Orlando Silva, son músicos y letristas de tango. Y tengo un tío mayor, hijo de mi abuelo José, que tiene escritos más de quinientos tangos y hasta compuso con Edmundo Rivero."
En Tangos bajos Melingo canta su propios temas -más algunos clásicos-, toca la guitarra y no disimula su admiración por aquel increíble cantor de manos grandes. "Crecí al lado de Rivero, porque el segundo marido de mi vieja fue su manager personal durante veinte años. Yo veía que el tipo estudiaba guitarra clásica y canto lírico", dice Melingo mientras pone una voz grave y cascada para entonar un breve ejercicio. Tiene 40 años, pero su garganta suena como la de un hombre que ha vivido mucho más. Al cantar revela una personalidad tanguera que resulta difícil relacionar con aquella otra que, en 1982, interpretaba "Chalaman" con los Abuelos. "Para mí, Rivero es un modelo. En mi casa tengo la colección completa de discos de vinilo que le perteneció."
Después de una estadía de diez años en Europa, hace tres años que Melingo está de regreso en Buenos Aires y, aunque intentó dedicarse al rock, no pudo. "Me puse a componer y me salían puros tangos. A fines del año pasado estaba casi en los doscientos. Entonces me dije: «¿Qué voy a hacer? ¿Un disco de rock, de reggae? No, voy a hacer un disco de tango.»"
gabriela torres se viste como habitue de la galería Bond Street y se mueve entre gente joven y, claro, rockera; sin embargo... Su primer disco, Sin cielos ni gloria, de 1994, contenía sus propias composiciones: canciones y baladas. El segundo, Flores profanas, ya incluía tangos tradicionales más una versión de "Loca tuca de Dios", de Páez. Y para el tercero, Círculos de fuego, tomó la decisión de interpretar tangos nuevos. Su esposo, Lito Vitale, y el guitarrista Lucho González se encargaron de las músicas; Adrián Abonizio -reconocido letrista de Baglietto- y el padre de Gabriela, Hipólito Torres, se ocuparon de escribir. Luego se sumaron el Sr. Flavio (quien compuso un tango y tocó el bajo en otros dos) e Iván Noble (quien escribió y cantó a dúo).
Así resume Gabriela su acercamiento al tango: "A mediados de 1995 me anoté en unos cursos de interpretación que dictaba Virgilio Expósito y tuvimos un romance muy productivo. De hecho, organizamos un par de conciertos juntos. Y la verdad es que fue él quien terminó de ponerme en foco. Me dijo: «Dejá de cantar boludeces, nena, dejá la guitarrita y cantá tangos.»"
Hay una frase que Gabriela repite como un principio que rige su vocación: "Le encontré el rocanrol al tango." ¿A qué se refiere, exactamente? "A la cosa de superenergía. Al encontrarle la esencia más poderosa al tango, inevitablemente estás codeándote con el rock. Para mí es algo natural, aunque haya gente que no lo entienda. Creo que (Roberto) Goyeneche podría haber sido un excelente cantante de rock, porque el tango y el rock tienen algo en común: si no los cantás con las tripas, no te cree nadie."
Círculos de fuego es uno de los pocos discos de tango editados por una multinacional: en este caso, BMG. Tangos bajos pertenece al catálogo de DBN. Relegado desde hace décadas a las ediciones independientes y económicas -o, directamente, a los sellos extranjeros-, el tango comienza a seducir a las compañías tradicionalmente alejadas de los nuevos artistas tangueros. Afo Verde, el director artístico de BMG es, según Gabriela Torres, el responsable de la idea de buscar nuevos compositores de tango entre músicos de rock. "Primero me dio miedo", recuerda la cantante, "pero después, cuando encontré que a esa energía que tiene el tango le podía poner un discurso actualizado que me identificara, me resultó maravilloso. No tenés que preocuparte por cómo hacer la versión ciento noventa mil de «Volver»".
ya pasaron varios años desde que grandes valores de hoy y de siempre dejó de emitirse por Canal 9. Aquella imagen patética que reunía todos los lugares comunes de la música ciudadana en una hora y media hoy fue saludablemente reemplazada por Sólo Tango, una dignísima señal de cable que presenta el tango de una manera actual, atractiva y democrática, sin disfraces ni exceso de maquillaje. De hecho, el año pasado Sólo Tango le dio un espacio a Mala yunta, un ciclo producido por Daniel Melingo en el que rockeros como Páez, Andrés Calamaro, Miguel Cantilo, Horacio Fontova, Ricardo Mollo, Cipolatti, Fabiana Cantilo, el Bahiano y Palo Pandolfo, entre otros, cantaron tangos acompañados por una orquesta.
De a poco, aquella idea decadente del tango se está perdiendo, y los jóvenes se permiten escucharlo, emocionarse y hasta bailar. Desde hace algunos años, las milongas porteñas son visitadas por adolescentes que toman clases de baile. Y, en muchos casos, excelentes orquestas de músicos jóvenes, como El Arranque, se atreven a animar a la concurrencia con clásicos de los años 40.
Flavio Cianciarullo establece una relación casi inevitable: "A mediados de este año, cuando estuvimos de gira por los Estados Unidos, vimos la onda que había con el swing: en todos los boliches se bailaba al mejor estilo de Glen Miller. Y decíamos «¡Qué envidia!», porque bailaban algo que es de ellos. Pero nosotros tenemos lo nuestro, y de sobra. Sería lindo que acá la gente se copara así bailando milonga y candombe."
Los Cadillacs compartieron su gira norteamericana con el grupo local Cherry Poppin’ Daddies, especie de gran orquesta de swing que hoy ocupa los primeros lugares en los rankings de ventas en los Estados Unidos. No sería descabellado suponer que, así como la tendencia al reciclaje revivió al swing en los Estados Unidos, esa misma mirada retro pueda estar ayudándonos a recuperar al tango.
"yo entiendo a los tangueros grossos como (Horacio) Salgán, por ejemplo, que hicieron del tango un género de gran excelencia: les debe dar alergia ver que un chico, que sólo sabe tres acordes en la viola, diga que hace tango", reconoce Gabriela Torres. "Pero lo que hay que valorar es el intento y hay que asumir que el tango nos pertenece a todos, no es de nadie."
"Todas las personas que nacieron en Buenos Aires tienen derecho a cantar y tocar tango", coincide Fernando Samalea. Su caso es especial, porque si bien en su disco-cuento El jardín suspendido juega con armonías tangueras en el marco de otros géneros musicales, también grabó, como bandeononista, unos buenos tangazos en el álbum de Melingo. Y, a la vez, acaba de terminar el primer disco de Bel Mondo, donde vuelve a ocupar el lugar de baterista de rock.
En 1989, cuando todavía se desempeñaba como baterista en la banda de Charly García, Samalea se hizo un espacio para tocar el bandoneón en público por primera vez. "Tenía que ver con mi pasión por Buenos Aires y con un descubrimiento esencial para mí: darme cuenta de que el tango era un movimiento básicamente juvenil. Por esa época tuve la suerte de relacionarme con (el poeta) Horacio Ferrer, y por medio de la lectura me conecté con la historia del tango y de los jóvenes de los años 20. Así empezó mi pasión desmedida. Siempre fui muy abierto para escuchar música más allá del rock; nunca fui un rockero ortodoxo. Igual, quiero aclarar que no hago tango propiamente dicho, sino una especie de fusión armónica de tango con un montón de otras músicas que me fascinan. Mi único acercamiento al tango propiamente dicho es el disco de Melingo. Ojalá algún día podamos tocar como tocaban las orquesta de 1920, esa música elevada, tan relacionada con lo clásico, que hacían Julio De Caro, Pedro Maffia, Pedro Laurenz."
a iván noble le cuelgan unos rulos largos y negros y, por esta vez, no lleva puesta una remera con la cara de Bukowski. Su participación en el disco de Gabriela Torres y en los shows de ésta en el Club del Vino sólo vinieron a confirmar lo que desde las letras de los Caballeros de la Quema ya podía vislumbrarse: Noble es un chabón cada vez más interesado en el tango.
"Lo que pasa con el tango es que me emociona mucho", dice Iván, 30 años, vecino de Castelar, rocker renegado y letrista esmerado. "Me emocionan las historias que cuenta, sus letras, sus poetas. Encuentro en el tango cosas que no encuentro en el rock, formas de contar... El tango es un vecino sabio al que hay que respetar mucho, y todo el tiempo hay que ir a preguntarle cosas."
El lunfardo es una herramienta que Noble usa con frecuencia. El lo admite, pero no cree que por eso escriba "letras tangueras": "Ojalá que algunas de mis canciones, aunque fuera por la letra, pasen por tangos. Pasa que el lunfa es un lenguaje que tiene una poética y un sonido muy especiales, es muy travieso. Tiene un alto vuelo poético, mucho de sabiduría universal, y un poder de síntesis muy grande."
Pero Iván es muy cuidadoso cuando habla de su relación con el tango. "Soy un intruso", advierte. "Pero me encanta. Cuando canto, trato de no hacerlo tangueramente. Canto como lo hago habitualmente. Cuando estuve en el Club del Vino, entre el público había varios tangueros, y por suerte los viejos me decían «Muy bien, pibe, así se canta el tango». Es cierto que la música de Buenos Aires tiene fraseos especiales, pero el desafío es no hacer una caricatura de lo que fue hace cuarenta años. Me interesa muchísimo, soy muy curioso. Y voy a entrometerme todo lo que pueda. De hecho, ahora un grupo que se llama El Berretín me llamó para que le ponga letra a unos tangos que están componiendo. Y para el nuevo disco de Gabriela también voy a tratar de hacer algo." Y concluye, él también, con una expresión de deseos: "Ojalá algún día pueda cantar tangos."
fabulosos calavera, el más reciente (y también el más premiado) disco de los Fabulosos Cadillacs, tiene un tema titulado "Piazzolla", un tango ("A.D.R.B., en busca eterna"), e inconfundibles aires ciudadanos. Una de las pocas canciones del próximo álbum que ya están grabadas es un instrumental de Flavio en el que participa, como invitado especial, el pianista Pablo Ziegler, quien en la década pasada supo tocar con Astor Piazzolla. Flavio no ofrece muchas más pistas. "En este disco también hay algo de tango, siempre a la medida de nuestras posibilidades, siempre filtrado por nuestra forma de ver la música." Y no dice mucho más.
El volumen 2 de Iorio-Flavio, en cambio, está más relacionado con el tango.
En realidad, Flavio, al igual que Noble, es sumamente cuidadoso cuando se refiere a su interés por el tango. Antes de empezar, pone en claro su posición: "Ante todo, me considero un mero espectador curioso del tango. Por el hecho de ser músico me puedo tomar la libertad de meterme y chusmear en el ambiente. Pero el respeto no me impide hacer música. Tuve la necesidad de investigar ese mundo tan increíble que es el tango, algo que antes, no sé por qué, me pasó de largo. No sé, el Polaco (Goyeneche) decía «Y... te falta vivir más». Tal vez era eso."
Flavio rescata la actitud de Gabriela. "Ella está abriendo una puerta que creo que el tango cerró. Hubo tanto poeta y músico talentoso haciendo cosas que, no porque ellos fueran mala gente sino por lo difícil que se hizo todo para los demás, cerraron la puerta como diciendo «No apto para mediocres.»"
Las canciones del disco que Flavio -fanático de Piazzolla- está haciendo con Iorio -fanático del tango de guitarras- están casi listas para ser grabadas. Todo depende de las agendas. "No es un disco de tangos", aclara, y contradice a Iorio, que está convencido de que son unos buenos tangazos. "Creo que es un disco de rock, guitarra-bajo-batería, con algunas canciones que pueden ir para ese lado. La instrumentación es rockera. Y las letras de Ricardo son increíbles."
Flavio admira al líder de Almafuerte. Lo quiere como amigo y lo respeta como cantor y escritor. "Yo pude verlo cantar tangos con una guitarra, así nomás, en un asado familiar. Es increíble." Su fe en el disco Iorio-Flavio 2, entonces, es ciega.
quien tambien admira a iorio es Gabriela Torres. "Me muero por cantar un tango con él", dice, y en su expresión de deseos también aparece Ricardo Mollo, de Divididos. Según Melingo, Mollo tiene varios tangos escritos. Palo Pandolfo, Fontova y Cipolatti, también.
"Yo quería rescatar a los nuevos creadores de tango -recuerda Melingo, en referencia al programa Mala yunta-; mi intención era encontrar a los nuevos autores. Si no hay nuevos autores, el tango se va a agotar."
Melingo asume el desafío: "Igual, la Guardia Vieja no te toma en serio nada. Yo intenté hacerlo lo más tradicional, y la Guardia Vieja se caga, porque son tipos que escucharon tango toda su vida: qué les puede llamar la atención. Todo les suena a parodia, como si estuviéramos tomándoles el pelo. Sería importante para mí tener el visto bueno de los viejos. Me apena un poco no ser reconocido por ellos, pero bueno, recién empiezo..."
Mientras espera que llegue 1999 para ver editado Tangos bajos 2, que ya está grabado, Melingo se prepara para grabar un disco con... sí, Flavio Cianciarullo. También de tangos. "Pugliese decía: «El tango te espera después de los 30», así que aquí estoy, contento porque no me siento tan solo en la responsabilidad de ser un autor nuevo de tango. Está Palo, está Pipo, Fontova..."
Melingo es quien ayuda a cerrar la nota: "Con Palo lo llamamos «neo-tango». Si bien es una vuelta a las raíces, no deja de ser el tango del siglo XXI. De eso se trata, de crear nuevos autores para que el tango no muera."
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