12 de abril - Luna Park, Buenos Aires
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Encuentro dulce y fugaz con la gran voz del reggae marfileño
Una constante en las tres presentaciones que hizo Alpha Blondy en la Argentina: todas fueron breves, todas dejaron una sensación de escasez zumbando en el aire de Obras –las dos primeras– y del Luna Park, el miércoles 12.
La gran cantidad de partenaires que acompañó al cantante de Costa de Marfil conspiró contra el tiempo. En la primera, Todos Tus Muertos –en un set largo y escandaloso– y Los Cafres. En la segunda, Dancing Mood, Nonpalidece y Resistencia Suburbana. Y, en la última, Andrew Tosh (el hijo de Peter que demostró que no sólo heredó el apellido), Tribu do Jah y Fidel Nadal. En las tres, el líder de los Solar System cantó algo más de una hora: demasiado poco para los cientos de fans que tiene en la Argentina y que debieron conformarse con ese dulce goteo.
Blondy presentó, además, el mismo show que había realizado en su anterior visita. Esto es: el inicio de su banda multiétnica –dominada por sus dos coristas negras y su guitarrista francés– entonando "Jah Houphouet Boigny Nous Parle" seguido de "Psaume 23", uno de sus clásicos. Luego, uno tras otros, sus hits: "Massada", "Cocody Rock", "Politik", "Sweet Fanta Diallo" y "Jeresulem".
Cada vez que apareció en escena, Blondy ha sorprendido. La primera vez –en 1996– empuñaba una Biblia, arropado con una bandera, ensimismado y distante. Era un sujeto oracular que había llegado del Africa subsahariana tras llenarse de sonidos en Nueva York, pasar una temporada en Londres y reinar en París. Cargaba ya con el impreciso mote de "heredero de Bob Marley" y, acaso para distanciarse, se había quitado los dreadlocks. Al margen de las comparaciones, su éxito se ha sostenido más en su voz que en su mensaje. Sus inflexiones, la sensualidad de su timbre y los elevados –y azucarados– tonos a los que llega lo llevaron a un lugar de admiración para los cultores del género. Su mensaje, es curioso, tiene que ver con la liberación, pero no desde el combate rastafari, sino desde el pacifismo religioso. Un mensaje que se sintetiza a la perfección en el tema "Peace in Liberia", un reggae irresistible de cinco minutos en que la melancolía, la asfixia y la vana esperanza se cuelan por los poros. Ese mensaje final, algo naif, algo romántico, nos mostraba al más occidental de los cantantes de reggae en estado puro: un líder multicultural que rechaza los clisés del género –repudia el cannabis y la estética rasta– y que se ha transformado en un artista más completo
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