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Anita Tijoux siempre ha sido, por mucho, la mejor MC femenina de su generación. Lo fue antes, cuando rapeaba en Makiza, con quienes grabó "La rosa de los vientos" (el track que, junto con "El juego verdadero" de Tiro de Gracia, representó a Chile en la explosión del hip-hop latino de finales de los 90). Y lo sigue siendo ahora: su segundo disco solista, 1977, es la obra fundamental de una de las grandes rimadoras de América latina. Epica y dramática, la rapera franco-chilena construye un disco autobiográfico ("1977", "Obstáculo"), que la lleva de las rondas de Freestyle en Santa Carola a los días en que –tras la separación de Makiza– se replanteó su oficio. Pero sólo una MC de real estirpe tiene este nivel de rimas: "Nuestro artículo primero es inamovible / no queremos migajas, queremos sentirnos libres" (en "Sube"); "Las paredes tienen tu aroma/ y mirar el pasillo es un acto que me desploma" ("Mar adentro"); "Vos sabías que el castigo castiga / que los pajaritos matan si necesitan la miga" ("La nueva condena"). Este es un disco maduro de una artista inspirada, capaz de empatar su talento con su experiencia. Acompañada por el productor y MC Hordatoj, su joven socio musical (el flow latoso que aporta en "Pie izquierdo" es brillante), la ex Makiza plantea un disco de rap puro atomizado, descomprimiendo con pasajes de jazz-rap y también reggae, en la tradición de Vico C y del roots chileno ("Avaricia", con la colaboración de Quique Neira). Y vuelve a rapear en francés, en "Oulalá". Rap nuevo con el flow de antes.
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