
Aquí, el creador de la oniofobia
Músico, subtitulador y comentarista de radio en sus ratos ocupados, Sebastián Rubin tuvo un momento libre y se prestó al juego de ser entrevistador y entrevistado a la vez. Y modelo y fotógrafo, también al mismo tiempo
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–Rubin, en el medio se lo conoce como un tipo exigente, puntilloso. ¿Autoritario tal vez?
–Bueno, una cosa es que no te guste que apoyen cosas calientes en la mesa del comedor o que te saque un toque de quicio la impuntualidad, y otra muy distinta querer invadir Polonia.
–En eso le doy la derecha, sin ánimo de hacer un juego de palabras. ¿Es cierto que desarrolló un método infalible para detectar quién juega bien el tenis y quién no?
–Sí.
–¿Podría explayarse un poco en el tema?
–No.
–Como músico de rock, si es que lo suyo puede definirse así, ¿qué cosas siente que tiene pendientes?
–Nunca pude dejarme el pelo largo, creo que un día de éstos me rebelo y me lo dejo crecer, y cuando digo el pelo me refiero al único cabello que me queda, lo demás es césped artificial de los años 80 que conseguí en un mercado de pulgas.
–Es bien sabido en su círculo de amigos que gusta de inventar palabras o neologismos. El gran público quiere saber: ¿cuál de estos términos es el que más lo enorgullece?
–Yo diría que oniofobia. Estoy en una cruzada permanente por el exterminio de la cebolla de la faz de la Tierra.
–Al final resultó un poco nazi usted, aunque sea en el sentido culinario del fascismo.
–Y usted al final resultó bastante idiota a la hora de hacer preguntitas.
–Volvamos a la música. El nombre de su banda, Rubin y Los Subtitulados, remite a su otra actividad laboral, la traducción y subtitulado de películas. ¿Cuál ha sido su película favorita a la hora del trabajo?
–Teatro de lujuria, una porno gay húngara con unos diálogos de una profundidad inesperada.
–Hablando de recursos periodísticos que rozan con la imbecilidad, ¿se copa con un ping-pong, Rubin?
–A mí siempre me copó más el metegol-entra, pero dele nomás.
–¿Un momento del día?
–Las 11.27 de la mañana.
–¿Una canción de Roberto Carlos?
–La distancia.
–¿Un secretario de la Primera Junta?
–Paso.
–¡Correcto! ¿Un miembro del staff de Tinelli?
–Lanchita Bissio.
–¿Una patología cutánea?
–El impétigo, por afano.
–Y la última pregunta: ¿siempre anda con bufanda adentro de su casa?
–No siempre, pero me gusta andar vestido cuando estoy en casa, es una tara que tengo.
–Gracias, es un gusto hablar con usted.
–Te entiendo, es un placer escucharme.
Producción: Valentina Ruderman
Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada: el elegido se interroga y se fotografía




