
Ayudar y ayudarse, panchamente
Un día en la vida de... Saúl Macyszyn
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Recostado sobre una columna del hall central de la estación de trenes de Retiro, siempre se lo ve orgulloso y atento. Saúl Macyszyn, fundador de Discapanch, va todos los días a la estación, donde funciona un local de panchos atendido por personas con alguna discapacidad.
“Tenía diez años cuando, por un accidente de tránsito, perdí un brazo y un porcentaje importante de la visión. De todas formas estudié, me recibí de analista de organización y métodos, me casé y tuve tres hijos maravillosos. Eramos una familia feliz hasta que en 1990 quedé desocupado. No exagero cuando digo que entonces conocí el infierno. Creí que con estudios y buen currículum era imposible seguir a la deriva, pero sí. Pasaron siete años y nadie me daba trabajo por mi edad y mi discapacidad. Así que decidí generar algo, un medio de vida. Y lo logré”, dice, contento.
No fue fácil. Macyszyn volvió a estudiar, vendió su casa de San Isidro, se fue a vivir a lo de su suegra y abrió una panchería y fast food, que en un comienzo fue una empresa familiar. “Me capacité en planes de negocios, marketing, servicios, técnicas de ventas. Estudiaba de noche, hice todos los cursos gratuitos que ofrece el centro de apoyo a la microempresa, de la ciudad de Buenos Aires. Y se me abrió la cabeza. Comencé a cambiar la humilde panchería familiar por algo mucho más ambicioso y en tres meses mi familia dejó de trabajar; contraté a otras personas desocupadas y empecé con esta rueda de trabajo solidaria que hoy me da tantas satisfacciones.”
Las tareas de este empresario, que se levanta todos los días a las cinco y media, no se limitan al trabajo específico de la panchería. “Apenas desayuno, comienzo a atender gente en la fundación, que funciona en casa. Recibo desocupados de 7 a 11, son personas discapacitadas que quieren trabajar, pero necesitan capacitarse laboralmente. Todos mis empleados realizan pasantías laborales rentadas, con sueldos completos de acuerdo con la ley de contrato de trabajo vigente, con todos los beneficios sociales que corresponden. Además, después les damos cursos de capacitación para que estén en óptimas condiciones de ascender de categoría, poder gestionar un empleo como personal capacitado y, si se animan, abrir su propio pequeño comercio, mediante el sistema de franquicias gratuitas, que otorgamos a nuestros alumnos egresados. Obviamente, estas franquicias se dan bajo la condición de tener en su nuevo local un 70% de empleados con discapacidad.”
Confiesa que a estas alturas podría viajar en remise o comprar un coche para que lo trasladen sus hijos, pero prefiere el tren. “Nosotros debemos dar el ejemplo de austeridad y no olvidarnos nunca, pero nunca, lo que vivimos. Por eso nos tomamos menos vacaciones que los empleados. Mi felicidad, casi una obsesión, pasa por otro lado. Quiero demostrarle al mundo que los discapacitados pueden igual o más que cualquiera.”
Para que el cliente sea un rey
Su secreto es “precio, calidad y servicio”. Y cuenta las claves de su éxito: “No pasa sólo por tener el pancho a 0,75 centavos y la imagen del discapacitado trabajando. Yo tengo, además, un local impecable, atendido por gente que sonríe y que usa guantes descartables. La panchera tiene el agua transparente y mis empleados obedecen órdenes de no hacer esperar a nadie, de regalarle inmediatamente otro helado al chico al que se le cayó al suelo y, lo fundamental, de tratar a todo cliente como lo que es, un señor que merece el mayor de los respetos. Porque para mucha gente un peso no es nada, pero para otros es todo su capital, el dinero de su almuerzo. Y eso es sagrado. Esa persona, que está acostumbrada al maltrato, en mi panchería es un rey”.
Macyszyn exprés
Satisfacción: “El otro día, una de mis empleadas me dijo que gracias a mí se bañaba todos los días y se pintaba. Me puse a llorar. La chiquita, que tiene una hemiplejia y es un poquito tartamuda, no salía de su casa porque no tenía qué hacer, porque sus amigas no la llevaban a ninguna parte. Hoy, Paula es feliz trabajando dignamente. Hasta me preguntó si no me enojaba si se ponía de novia”.
Oportunidad: “Toda persona discapacitada que tenga ganas de superarse, puede trabajar con nosotros. Yo vivo de esto, no es una sociedad de beneficencia. La única diferencia es que les doy las armas y todas las posibilidades para que sean productivos y puedan armar su futuro”.
Ley: “En casa tengo una persona que me ayuda, que llamo ama de casa, la cual recibe un sueldo de personal doméstico de acuerdo con lo que exige la ley. Soy obsesivo con todo lo que tenga que ver con contratos de trabajo. ¿El motivo? Es que viví de changas y no se lo deseo a nadie. Es denigrante”.
Deseos: “Tengo colesterol, presión, cosas de viejo y del estrés. Pero me cuido porque quiero que mis hijos tengan padre para rato, que entiendan lo que es Discapanch y lo hagan crecer”.
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