
Berugo Carámbula: el cómico y animador que se ganó a todos
A Berugo Carámbula no le faltó ningún público por conquistar. Se ganó a todos (chicos y grandes, más abiertos o más exigentes) a fuerza de talento, vis cómica, naturalidad y una franqueza que encontraba de inmediato la complicidad y la comprensión del televidente. Sin exageración, Berugo fue un tipo querido, dueño genuino de una popularidad bien ganada.
Por eso, aunque hacía más de una década que había dejado la TV, el medio que le dio fama y reconocimiento por sus serios problemas de salud (explotados en ese mismo medio más de una vez con algún afán morboso en los últimos años) su nombre conservó la familiaridad del recuerdo y la memoria en varias generaciones. Así también será recordado desde hoy.
La figura más juvenil y tímida de aquella notable troupe de cómicos uruguayos llegada a la Argentina en los años 60 de la mano del magnífico Telecataplum falleció ayer en esta ciudad, víctima del mal de Parkinson. Tenía 70 años. Nació en Las Piedras (Canelones) el 31 de octubre de 1945 como Heber Hugo Carámbula. Su carrera se construyó a partir del feliz cruce entre la música y el humor. Para las dos tenía gracia, destreza y genuino talento, despuntado por primera vez en la Crazy Clown Jazz Band que formó en su país.
Desde allí se sumó al inigualable equipo que integraron, entre otros, Enrique Almada, Ricardo Espalter, Eduardo D'Angelo, Raimundo Soto y Andrés Redondo, que junto a Henny Trayles, Gabriela Acher y Julio Frade (desde hoy sus únicos sobrevivientes) fueron escribiendo con el tiempo páginas extraordinarias de la historia del humor televisivo a través de Hupumorpo, Comicolor eHiperhumor. En todos ellos (hasta los más olvidables, como Zapping y Rompenueces) Berugo fue un infaltable puntal: había que verlo jugando a hacer reír con todo el cuerpo y en especial a partir de la cara de pasmado de la que se valía, mirando a cámara, para rematar innumerables sketches. En algunos de los más recordados nunca aparecía sin su guitarra, que interpretaba con sensibilidad y exquisito gusto. Con ella podía lucirse tanto en bellas grabaciones (como el álbum de música clásica que hizo en 1976) o, en clave cómica, con sus famosas payadas con versos de doble sentido y la memorable imitación de Toquinho junto al Vinicius personificado por Almada.
Desde el humor, la figura de Berugo se proyectó a otros ámbitos: primero, los programas infantiles a comienzos de la década del 80 (Supershow infantil, El planeta de Berugo), y más adelante en esa misma década, el muy exitoso tramo de programas de entretenimientos en el viejo Canal 9 de Alejandro Romay. Fue la época en la que Berugo era el "galán de las madres y las novias" y también el inventor de frases que todos repetían ("Alcoyana, Alcoyana") desde programas de altísimo rating como Atrévase a soñar, Clink! Caja y Jugar con Berugo,
Hizo teatro con Hugo Midón, bastante cine (Joven, viuda y estanciera, Los irrompibles, Brigada explosiva, Los bañeros más locos del mundo y otras comedias), dejó su legado artístico en manos de sus tres hijos, María (actriz), Gabriel y Joaquín (ambos músicos). Y hasta su despedida de la pantalla chica (Son amores, en 2003) conservó ese gesto, entre tímido e inocente, que tanto le sirvió para hacerse querer.




