
Besos como disparos
Un thriller a la sombra del suspenso
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"Besos que matan" ("Kiss the Girls"/1997), producción norteamericana en colores presentada por UIP. Hablada en inglés. Guión: David Klass, basado en una novela de James Patterson. Fotografía: Aaron Schneider. Música: Mark Isham. Intérpretes: Morgan Freeman, Ashley Judd, Cary Elwes y otros. Dirección: Gary Fleder. Duración: 113 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena
El tema de los asesinos seriales abarca cada día más las noticias de los medios de difusión de todo el mundo y pone en descubierto peligrosas patologías que horrorizan a la gente.
Paralelamente, el cine abrevó de esas fuentes y así se plasmaron en la pantalla numerosos casos -algunos reales, otros imaginarios- que se insertaron en el suspenso y lo sangriento. Esta vez el realizador Gary Fleder, hábil artesano que dio cabales muestras de su oficio en "Asuntos pendientes antes de morir", se apoyó en una dinámica novela de James Patterson que recorre con indudable angustia la caza del autor de varios homicidios difíciles de dilucidar.
El protagonista, un detective y psicólogo forense de la policía, se entera de que su joven sobrina desapareció de la universidad en la que cursaba sus estudios. Fuera de su jurisdicción, el servidor de la ley deberá enfrentarse primero con las autoridades locales, que le hacen más difícil su labor, y luego comienza su investigación para la que utilizará su extraordinaria habilidad para razonar y deducir.
El detective, que muy pronto se verá inserto de la desaparición de varias adolescentes, algunas de las cuales aparecen brutalmente asesinadas, es ayudado por una doctora de fuerte personalidad que posee información vital para descifrar el misterio.
Hábil trama
El criminal, que junto a cada cadáver deja una tarjeta con la firma de Casanova, es sumamente diestro en desconcertar a los policías, y así la historia cobra lentamente un muy logrado suspenso en esa búsqueda en la que el protagonista y la doctora, prontamente víctima del asesino, deberán aunar sus fuerzas para armar el nada fácil rompecabezas.
Con una nerviosa cámara y un montaje de primer nivel, a lo que se suman una banda sonora que marca acertadamente cada una de las dramáticas situaciones y una fotografía impecable, el relato atrapa desde las primeras secuencias y por ese camino de terror constante llega a un final inesperado, en el que una vuelta de tuerca esclarece la investigación por la que transitaron el tendal de muchachas sometidas a los más espantosos vejámenes.
Con tan atrayentes elementos, la historia logra el inmediato interés de los espectadores que, con poco tiempo para dejar sin tensión sus nervios, se enfrentarán a una singular recorrida por bosques, catacumbas e insólitos y lúgubres lugares en los que el asesino va dejando sus pistas con el ánimo de desafiar al hábil investigador.
Este siniestro y bien elaborado juego que combina el thriller con el suspenso psicológico halló en Morgan Freeman, tres veces nominado con el Oscar, a un actor de indudable habilidad para encarnar a ese detective que, partiendo de su amor a la familia, se vincula en un caso de sangrientas aristas. Ashley Judd, como la doctora dura de carácter y siempre dispuesta a apoyar a la justicia, aun a riesgo de su propia vida, demuestra una gran energía y verosímiles raptos de emotividad, en tanto que el resto del elenco no desentona en la variación de sus, a veces, estrambóticos tipos.
"Besos que matan", pues, logra insertarse sin dificultad en esas tramas en las que la deducción y lo casi diabólico juegan una partida que mantiene en vilo al público hasta el final, en esta oportunidad nunca imaginado.




