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Constituye una especie de justicia poética que Will.i.am haya sido una de las últimas personas en grabar con Michael Jackson. Le gusten a uno o no los Black Eyed Peas, The E.N.D., su disco de 2009 (que vendió once millones de copias), es lo más cercano que hemos tenido en los últimos años a Thriller, es el álbum pop que suena en todas partes y acompaña la vida de todos. The E.N.D. conquistó el mundo con un aluvión digital de ritmos robóticos, sintetizadores distorsionados, un uso elegíaco del Auto-Tune y raps y cantos recalentados que harían parecer a Sisqó un becario de Oxford. En la moribunda industria de la música, es como si la creencia casi mística en el poder de la grandilocuencia enloquecida y grasienta fuera una especie de idealismo desafiante.
Sólo un maniático autodestructivo alteraría esa alquimia, y en gran medida The Beginning retoma el espíritu de The E.N.D.: zapadas a todo volumen y escapismo a raudales. Pero con una notable excepción: The E.N.D. venía acompañado de un sermón político acerca de la esperanza, el cambio y la fuerza de la "now generation"; esta vez, Will.i.am apuesta por la idea de que la gente se reúna en la pista de baile. "Ofrezco mi lealtad al ritmo y al sonido", entona –con ayuda del Auto- Tune– en "Play It Loud". Se trata de, digamos, una democracia inspirada en el DJ Hero.
Los Peas han sido siempre flexibles en términos estilísticos, y en The Beginning, se entregan aun más al registro completo de la cultura bolichera, mezclando electro-funk, euro-trance y disco clásico, calculando al milímetro cada bip. "Está de moda hacer que el ritmo estalle", canta Will sobre un sample de Chic en "Fashion Beats", en el que Fergie homenajea a Debbie Harry, imitándola hasta el menor detalle.
Se los ve muy sorprendidos de ser la mayor banda de hip-hop del mundo, y su música exuda gratitud. "The Time (Dirty Bit)" le roba el estribillo al dueto de Dirty Dancing "(I’ve Had) The Time of My Life" para luego transformarse en el temita trash al ritmo del cual Snooki podría hacer sus bizarras volteretas. En la igualmente grácil "Someday", Apl.de.ap adopta un tono confesional, y canta sobre su ética de trabajo proletaria y sus orígenes de inmigrante filipino, mientras que, de fondo, unas guitarritas al estilo The Edge sugieren una promesa inagotable.
Por Jon Dolan



