Brian Eno para principiantes
De Roxy Music a las instalaciones que mostrará en el CCK, un repaso por la obra de este músico, productor y artista tan inquieto como inclasificable
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Existe un lugar común en la música que consiste en instalarle el mote de polifacético a todo aquel que se anima a moverse apenas un casillero de lo que acostumbra la media. Pero, en el caso de Brian Eno , el rótulo no sólo es adecuado sino que hasta puede resultar vago y poco abarcativo. Es que, a lo largo de cinco décadas de carrera, el artista inglés nacido como Brian Peter George St John le Baptiste de la Salle Eno, pasó del pop a la música glam, para luego navegar en las aguas del ambient y la música experimental, luego laurearse como productor de figuras con fama XXL, y también por el desarrollo de una faceta como realizador audiovisual, como lo atestiguan las dos instalaciones que podrán visitarse desde este viernes en el Centro Cultural Kirchner. Ayer, hubo un primer contacto con él en el CCK: Eno compartió una charla con el público.
Tras una formación en escuelas de alto renombre en Europa, Eno dio sus primeros pasos como integrante de Roxy Music, y lo hizo a su manera. Su participación en la banda no sólo se limitaba al uso de un sintetizador VCS3 (una pieza de tecnología de vanguardia para la época), sino también con el uso de consolas y grabadores de cinta abierta con los que manipulaba el sonido de la banda liderada por Bryan Ferry. Tras su participación en los los dos primeros discos de la banda (su debut homómino de 1972, y For Your Pleasure, publicado un año después), Eno abandonó el grupo y se embarcó en una carrera en solitario en la que paulatinamente fue abandonando el glam rock con el que hizo sus primeras armas para inmiscuirse de a poco en aguas más experimentales, en parte gracias a su amistad con Robert Fripp, guitarrista de King Crimson.
A medida que la década del 70 avanzaba, Eno comenzó a interesarse más por todos los procesos que llevaban a la realización de la música, y así fue como en 1975 desarrolló junto al artista Peter Schmidt las “estrategias oblicuas”, una serie de tarjetas con consignas preimpresas para ser tomadas al azar por los propios músicos durante el proceso creativo con proclamas tan diversas como “usá una idea vieja”, “¿qué haría tu mejor amigo?” o “trabajá a una velocidad distinta”. Esa búsqueda por salirse del guión de lo esperable fue la misma que lo llevó a colaborar con grupos alemanes de krautrock como Harmonia y Cluster e, instalado en el país teutón, a ser una pieza clave en la famosa “trilogía de Berlín” de David Bowie, en la que el propio Duque Blanco alcanzó nuevos horizontes de vanguardia artística con los discos Low, Heroes y Lodger entre 1977 y 1979.
Mientras diagramaba nuevos perfiles sonoros a través de la serie de discos de música ambient inaugurada en 1978 con Music for Airports, Eno también fue el productor de los neoyorquinos Talking Heads y los ayudó a salir de su corset creativo. La sociedad artística con su líder, David Byrne, se expandió cuando ambos trabajaron a cuatro manos en My Life in the Bush of Ghosts, un álbum compuesto a partir de samples de radios estadounidenses mezclados con ritmos africanos. De ahí en más, a pesar de que su propia carrera discográfica nunca detuvo su marcha, Eno comenzó una prolífica faceta como productor artístico que tuvo en U2 sus alumnos más fieles. Bono y compañía acudieron a por su ayuda en 1984 en The Unforgettable Fire, y la unión de fuerzas se repitió en The Joshua Tree, Achtung Baby y Zooropa.
Con el pasar de los años, Eno puso su talento como productor al servicio de un sinfín de grupos y artistas como Toto, Slowdive, Laurie Anderson, James y Coldplay, en lo que la banda de Chris Martin llamó “Enoxificación”, por su trabajo en las texturas y frecuencias sonoras. A la par, su relación con la tecnología lo llevó a ser el compositor de la música de inicio de Windows 95, y esa búsqueda entre el arte y la máquina lo llevaron al desarrollo de dos nuevos ejes conceptuales: un trabajo audiovisual siempre apoyado por álbumes de estudio, y una segunda pata creativa titulada “música generativa”, desarrollada a partir de sistemas que mantienen al arte en constante desarrollo en donde nada se repite porque el flujo de intercambio de información mantiene el proceso creativo en un loop de creación.
Dos de esos experimentos estarán en exposición en el CCK desde este viernes. El primero de ellos, la instalación 77 Million Paintings, se emplazará en el espacio de la Gran Lámpara y es una obra generativa con una estructura de 12 monitores en cuyas pantallas se proyectan combinaciones aleatorias de imágenes creadas por Eno, mientras de fondo se reproducen capas sonoras en combinaciones aleatorias. Las 77 millones de pinturas a las que hace alusión su título se desprenden de las combinaciones posibles de imagen y sonido que ofrece la instalación, y se estima que un espectador tendría que pasar 450 años delante de la muestra para experimentar dos veces la misma combinación.
Además, en el auditorio de la Sala 613, Eno presentará The Ship (la nave), un proyecto planteado sobre tres ejes: música, instalación y composición de canciones. El concepto detrás de la instalación está detrás de dos hechos ocurridos en la primera mitad del siglo XX: el hundimiento del Titanic y la Primera Guerra Mundial. Según su propio creador, la inspiración estuvo detrás de la esperanza y decepción humanas experimentadas tanto en los campos de Bélgica donde se desarrolló el conflicto bélico como también en la profundidad del océano en donde naufragó la embarcación tristemente célebre. La obra, que tiene su correlato en The Ship, el último disco de estudio de Eno, explora la relación entre el medio ambiente y la composición musical a través de fuentes de audio especialmente diseñadas para generar un ambiente de meditación “que surge y se expande a su alrededor”. Dos experiencias que valen la pena conocer.





