
Brieva y el triunfo de la ficción
"El sodero de mi vida", comedia dramática escrita por Ernesto Korovsky y Jorge Maestro, sobre una idea de Adrián Suar. Con Dady Brieva, Andrea del Boca, Carola Reyna, Alberto Martín, Raúl Taibo, Victoria Onetto, Perla Santalla, Rita Cortese, Fabián Mazzei, Diego Pérez, Mirta Wons y elenco. Dirección: Oscar Rodríguez. Por Canal 13, de lunes a viernes, de 21 a 22. Nuestra opinión: Muy bueno
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A juzgar por mediciones de audiencia que muchos cuestionan pero todo el mundillo televisivo da hasta el momento por ciertas, "El sodero de mi vida" es seguido cada día por aproximadamente dos millones y medio de personas sólo en el área metropolitana.
Semejante espaldarazo no sólo convierte la nueva apuesta de Pol-ka en el programa más visto de los canales abiertos. A la vez, puede leerse como un rotundo respaldo por parte del público a un genuino acto de creación televisiva (es decir, una historia de ficción hecha y derecha) en una temporada que parece definitivamente dominada por la dramatización de historias protagonizadas por hombres y mujeres comunes, decididos por propia voluntad a vivir varias semanas frente a un batallón de cámaras indiscretas.
Hasta el momento, el gran mérito de "El sodero de mi vida" es el de defender, desde la ficción, los ejes fundamentales de esa búsqueda de realismo que se constituyó en una de las grandes demandas de la teleaudiencia en los últimos tiempos.
Realismo que no equivale a la calculada búsqueda del escándalo a partir de las confesiones de los talk shows ni responde a la cuidadosa edición que reduce a 30 o 40 minutos diarios 24 horas de vida real exhibida ante mil ojos electrónicos. Y que tampoco muestra la metamorfosis forzada de los personajes de "Gasoleros" o las precipitadas (y por esta razón poco creíbles)vueltas de tuerca que en estos días presentan "Ilusiones" o "Los buscas".
En "El sodero de mi vida", el barrio no es un fin en sí mismo sino un escenario que se pone al servicio de una variante de la clásica historia romántica entre dos personas que se atraen sin tener demasiado en común, la del sodero Alberto Muzzopappa (Dady Brieva) y la sexóloga y psicóloga Sofía Campos (Andrea del Boca). Ambos viven sus previsibles encuentros y desencuentros rodeados por una enorme galería de personajes secundarios que, de paso, garantiza subtramas a granel. Bien aprovechado y cuidado, este esquema de múltiples salidas narrativas garantiza el desarrollo del relato en el tiempo. Los guionistas Maestro y Korovsky parecen haberse percatado de este detalle.
A diferencia de otras tiras, en las que saltan a la vista los problemas de la elaboración al día de la trama, hasta el momento aquí las situaciones son más cuidadas, se nota un tiempo de ensayo en los diálogos y la progresión dramática y humorística (ambas dimensiones están hábilmente dosificadas en el guión)fluye con naturalidad, por ahora sin apelar a esos giros forzados surgidos de la necesidad de alimentar una hora diaria de relato.
Si decimos "por ahora", es porque propuestas como "El sodero de mi vida" siempre están expuestas al riesgo del desgaste y de la repetición. Pero hasta aquí hay que subrayar que el relato tiene con qué para aventar estos condicionamientos, desde el interés con el que se construye cada personaje (cada uno, a su tiempo, ocupa un lugar de relevancia en la trama sin necesidad de trazos gruesos)hasta las referencias sociales y políticas que, lejos de convertirse en machaconas, ayudan a completar el retrato de algunos de los protagonistas.
Una pareja feliz
Aunque, como se dijo, una de las claves que vuelven atractiva esta historia es la atención repartida en varios intérpretes y situaciones (la conflictiva problemática de una sodería que tambalea por la crisis económica y una mala administración, las consecuencias en varios ámbitos de la doble vida que lleva el padre de Sofía, encarnado con calculados toques cínicos por el muy eficaz Alberto Martín), buena parte del peso de la propuesta descansa en la pareja principal.
Y sobre todo en Dady Brieva, el intérprete ideal para reflejar con soltura y enormes matices el aire nostálgico, entre soñador e ingenuo, de seductor aporteñado que exige su personaje. Cada encuentro suyo con cualquiera de los personajes femeninos de la historia es para disfrutar.
A su lado, Andrea del Boca es consecuente con el camino que supo abrir en sus últimos trabajos para la telenovela, escritos por Enrique Torres, a los que supo darles aire fresco y un tono paródico y algo burlón. Del Boca, una estrella carismática y de muy fuerte presencia, persevera aquí en este rumbo y combina escenas muy logradas con otras en las que todavía exhibe alguna rigidez.
Debajo de ellos, y apoyados por la habitual prolijidad técnica de las producciones de Pol-ka (el falso noticiero en el que Brieva, al estilo de "Forrest Gump", aparece junto a Perón es de gran factura), buena parte del multitudinario y ajustadísimo elenco encuentra oportunidades para lucirse.
Así lo hacen, por ejemplo, Diego Pérez, Victoria Onetto, Dolores Fonzi, Perla Santalla, el improbable ciego compuesto con mucho humor por Raúl Taibo y, sobre todo, Carola Reyna, que interpreta con extraordinaria sensibilidad a la cuñada del sodero, por quien profesa un secreto amor, y va en camino de construir uno de los grandes personajes de ficción del año.




