
Lo primero es la suspicacia. En un tiempo en que las compañías multinacionales no apuestan ni un centavo al desarrollo de un artista nuevo, ¿qué habrán hecho estos Cabezones para que Sony invirtiera un buen dinero en ellos?
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Mmmhhh... La confianza mata al rocker. Muy bien. Andá a verlos en vivo.
¿Ahora entendés?
Son cuatro, de Santa Fe; hacen un hardcore melódico potente y prolijo a la vez; suenan brutales y sutiles. En medio de tanto amateurismo vendido como alternatividad, Cabezones ofrece un ejemplo de seriedad.
Tocan juntos desde mediados de los 90, pero se conocen “de toda la vida, del barrio”. Comenzaron organizando fiestas rockeras y darks, pasando música de The Cure, The Mission... De aquella época conservan la costumbre de usar maquillaje (y no sólo arriba del escenario). En 1997 participaron de un compilado del sello independiente Mentes Abiertas, y en 1998 publicaron, por la misma vía, Hijos de una nueva tierra, debut que vendió unas tres mil copias sin pisar, nunca, Buenos Aires. En Santa Fe convocan mil personas por show. No les va nada mal en Córdoba, Rosario, Formosa, Tucumán, Neuquén, Mendoza. Compartieron cartel con A.N.I.M.A.L., A77aque, 2 Minutos, Malón, Caballeros de la Quema. “Cuando había shows multitudinarios, nos llamaban porque sabían que llevábamos mucha gente”, explica Gustavo Martínez, el bajista. Desde hace varios años, Cabezones es su principal fuente de ingresos. Por eso se tomaron su tiempo antes de poner proa hacia el Río de la Plata. Y decidieron grabar su segundo disco.
Conocían a Martín Carrizo de tanto tocar con A.N.I.M.A.L. por el interior, y cuando se enteraron de que el baterista había montado un estudio en Buenos Aires, le propusieron trabajo. Cuando el ex Soda Stereo Zeta Bosio se hizo cargo de los nuevos proyectos rockeros de Sony, Cabezones fue convocado para participar en una serie de shows diseñados para ver y seleccionar grupos nuevos (muchos fueron a parar luego a los compilados Gen 00). César Andino es el cantante (o sea, un tipo que no grita ni aúlla: canta de verdad) y dice: “Tocamos bien, y apenas bajamos, vino Zeta y nos encaró. Fue como en las películas, lo que toda banda sueña.”
A fines del año pasado, los cuatro cabezones ya estaban radicados en Buenos Aires y Alas, su segundo disco, estaba en la calle: producido por Martín Carrizo, con Mariano Martínez (de A77aque) como invitado, y con, por supuesto, un cover de los años 80: “Sueles dejarme solo”, de Soda Stereo. La presentación nacional de Alas por casi todo el país fue junto a El Otro Yo, en la extensa y exitosa Gira Interminable. El tour terminó el 9 de junio, con un estadio Obras lleno.
Pero no todas fueron flores para Cabezones. También les han llovido trozos de pasto, bombas de barro y encendedores. Fue en Vélez, en el verano pasado, cuando tocaron como soporte de Iron Maiden. La revancha en el rubro teloneros llegó con Living Colour, en Córdoba, donde fueron bien recibidos.
Naturalmente, la vida de Cabezones sigue más allá de la opinión de los tiradores de barro. En Obras filmaron un nuevo clip; en julio editan un simple con dos temas en vivo, más otro cover de los 80: “Los viernes me enamoro”, de The Cure; en agosto tocarán en Cemento (el jueves 16) y luego se irán a difundir Alas en México, Colombia y Ecuador. Y a partir de octubre, dedicarán su tiempo a grabar su tercer álbum. ¿Nunca pararán? “Somos como los jugadores de la B, que, cuando llegan a Primera, corren más. No vamos a dejar pasar esta oportunidad.”
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