
Calamaro tiene pasta de campeón
Unplugged: en un concierto íntimo e informal, en el complejo La Plaza, el cantautor hizo una revisión de sus famosas canciones.
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Andrés Calamaro ocupa un lugar distintivo dentro del rock local. Un nombre propio que supo desprenderse aun envuelto en una banda, tanto en Los Abuelos de la Nada como en Los Rodríguez.
Al revés de los boxeadores que él retrata, este hombre que llegó a la "Alta suciedad" con canciones sencillas, directas, imaginativas, se mantiene en un margen de la música popular, aunque con cierto halo intelectual, tal vez emparentado con aquello que los norteamericanos definen como realismo sucio. Una intelectualidad que nace de lo subterráneo, de la provocación.
Así, protegido por sus canciones y con un concepto unplugged que no tiene su último álbum, Calamaro dio en el Paseo La Plaza un pequeño show acompañado por Gringui Herrera y Guillermo Martin, que alcanzó el clima de intimidad de sus canciones.
No se calla nada, tanto en sus canciones como en los diálogos que mantiene con la gente. Ahí radica la mayor atracción de su propuesta. Una poética subterránea que le hace frente a la realidad con la contundencia de una sensibilidad que se apoya en hechos cotidianos, tan cotidianos como las cuestiones de amor.
Calamaro es distinto. Tiene un camino propio y una forma de cantar que remite -por qué no- a esos bares de mala muerte donde se erigen algunos personajes al estilo de Tom Waits.
El cantautor está ahí, frente a las 400 personas que pasaron a retirar su entrada por Rock & Pop, con una mayoría femenina dispuesta a delirar con la seducción despreocupada del artista y su personaje.
El equilibrio está en sus canciones: "Flaca", "Media Verónica", "Marea roja", "Señal que te he perdido" o el eterno "Costumbres argentinas", de los Abuelos, muestran la madurez de un hacedor de canciones para nada conformista.
Hasta en los covers hay una actitud de homenaje desde el sentido, no desde la imitación, como en "Contigo", de Sabina, o "Pipo trabaja en una carnicería", de Moris.
Así es Calamaro. Es él, dondequiera que se encuentre. No necesita camuflarse para "salir a caminar solito, sentarme en la plaza a fumarme un porrito".




