
Carlo Ponti cumple 90
El productor y esposo de Sophia Loren recorre toda su vida
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GINEBRA (Corriere della Sera).- "Cada vez que me despierto me provoca un cierto efecto pensar que tengo noventa años. Cuando era joven, cualquiera que llegara a los 60 me parecía un viejo decrépito. Y, en cambio, a mí no me costó mucho llegar a esta edad. Tal vez muy pronto la gente llegue con facilidad a los 120 o 130 años..."
Carlo Ponti, nacido hace exactamente hace 90 años en Magenta, a 25 kilómetros de Milán, dejó una carrera de abogado apenas iniciada por la fascinación que le provocaba el cine. Produjo su primer film ("Piccolo mondo antico", de Mario Soldati, con Alida Valli) en 1941 y desde entonces su nombre estuvo asociado a casi 200 títulos.
Los incontables éxitos y premios logrados por Ponti van de "La strada" a "Dos mujeres", de "Ayer, hoy y mañana" a "Blow Up" y de "Doctor Zhivago" a "Un día muy particular", entre muchos otros.
Todo rodeado por escándalos y polémicas, como la acusación de bigamia que recibió en 1960 luego de haberse casado en México con Sophia Loren sin haber resuelto previamente un pedido de divorcio o el proceso judicial por el que fue condenado en ausencia, en 1979, acusado de contrabando de billetes y obras de arte. A raíz de estos episodios decidió hacerse ciudadano francés y vivió muchos años fuera de Italia. "Pero en ambos casos fui absuelto", precisa.
-La suya ha sido una vida muy agitada. ¿Le faltó algo por hacer?
-No mucho. Fui yo el que decidió parar. Hubiera podido seguir como lo hace, con gran éxito, mi ex socio Dino De Laurentiis.
-¿Y por qué dejó la actividad?
-Un día me enojé mucho conmigo mismo, porque hacer cine en Italia resultaba contraproducente: costos muy altos y un idioma minoritario. No se puede competir con los norteamericanos: ellos filman en inglés y se hacen entender en todo el mundo. Es una cuestión de mercado.
-Pero usted trabajó mucho en Estados Unidos.
-Pero nunca amé a ese país. Aunque viví allí no he logrado transformarme en un norteamericano. Estoy mejor en Europa. Y, por otro lado, el cine de ellos es muy superficial. Nunca me gustó del todo.
-Usted siempre eligió adaptar novelas como punto de partida de sus películas. ¿Acaso quería hacer un cine intelectual?
-Lo único que trataba de hacer es aprovechar el trabajo de los demás. Si se empieza con una buena novela, la mayor parte del trabajo ya está hecho.
-Entonces basta con encontrar los intérpretes adecuados y contratar a un buen director.
-Ese es, precisamente, el trabajo de un productor. Yo trabajaba mucho antes de cada rodaje. Discutía, me peleaba continuamente, pero trataba de que una película arrancara en las mejores condiciones. Después dejaba hacer al director. Los rodajes son aburridísimos, jamás me divertí en ellos. En los sets de "Doctor Zhivago" me vieron sólo tres veces en nueve meses.
-Por sus películas pasaron algunas de las más grandes actrices italianas: Alida Valli, Silvana Mangano, Gina Lollobrigida...
-Alida tenía todo el potencial para ser una gran estrella, pero sus elecciones siempre estuvieron en contra de la corriente. A la Mangano no le gustaba ser actriz y filmaba contra su voluntad, sólo por amor a Dino De Laurentiis. En cuanto a Lollobrigida, siempre me pareció una mujer hermosa y una actriz mediocre. Lo máximo que podía dar era una película como "Pan, amor y fantasía".
-Parece que para usted sólo existiera su mujer.
-Sophia es una gran actriz y tiene un temperamento de estrella internacional. Debe haber alguna razón para que cada vez que se habla de actrices italianas en todo el mundo se piense inmediatamente en ella.
-¿Acaso no hubo mejores actrices que ella en Italia?
-Solamente Anna Magnani fue superior a ella. Es la actriz italiana número uno. Sophia es la número dos, pero logró hacer algo que ni siquiera Magnani logró: ganar un Oscar hablando en italiano. Sólo el que no conoce Estados Unidos no sabe todo lo que eso significa.
-A partir de la década del 60 usted se dedicó casi con exclusividad a producir los films de su esposa. ¿Lo haría de nuevo?
-He trabajado de productor por amor y ese amor fue muy bien correspondido. Creo que mi elección se puede entender desde un punto de vista humano. En cuanto al aspecto profesional, no me corresponde a mí opinar sobre el tema.
-Ningún arrepentimiento, entonces.
-Tengo sólo arrepentimientos de tipo profesional como no haber hecho "La monaca di Monza", con Luchino Visconti. Habíamos hecho varias pruebas con Sophia, pero en apenas 15 días Carmine Gallone filmó la misma historia con Giovanna Ralli y mi proyecto quedó empantanado. Fue una lástima, hubiese sido una gran película.
-También estuvo mucho tiempo detrás de una versión de "Ana Karenina".
-Trabajé mucho en ella con John Huston. Ya había convencido a los rusos para coproducirla, pero con una condición que no pudimos respetar: que el papel del conde Vronsky fuera interpretado por un ruso. El tema es que no encontramos ninguno que lograra ser creíble en compañía de Sophia, algo así como un Mastroianni ruso. Como no había ninguno disponible, el proyecto se frustró.
-¿Qué tenía Mastroianni que lo hacía tan especial?
-Marcello era una persona completamente normal, inclusive en la pantalla. Nunca tuvo ínfulas en un mundo deonde todos, más o menos, se creen mucho más de lo que son. Ese era el secreto de su grandeza.
-A propósito de secretos, ¿cómo es que llegó a convertirse en productor de tres películas de Michelangelo Antonioni?
-Me lo presentó Tonino Guerra. No me arrepiento en absoluto de haber trabajado con él. "Blow Up" fue todo un éxito. A "Zabriskie Point" y a "El pasajero" no les fue nada mal. Y además, Antonioni me pareció desde el comienzo una persona muy simpática, un hombre delicioso.
-Con Godard no le fue tan bien. En su momento lo acusó de haber destrozado su película "El desprecio".
-Probablemente sea un genio, pero Godard es la persona más desagradable que he conocido. Y también la más infeliz.
-También "L´uomo dei palloni", de Marco Ferreri, pasó por su tijera. De largometraje se convirtió en episodio.
-Lo hice para que ese trabajo pudiera tener su propio público. Además, Ferreri fue un amigo de toda la vida, aunque siempre insistió en tratarme de usted. No logré cambiar esa costumbre suya.
-Entonces, el balance de su carrera es positivo.
-No. Siempre me he enojado conmigo mismo porque sentía que el cine me fagocitaba.
-¿Y qué otra cosa hubiera querido hacer?
-Política. Provengo de una familia de larga tradición antifascista, siempre fui un hombre con ideas de izquierda y me fastidia que los fascistas estén hoy gobernando Italia.
-Justamente usted, que tiene una sobrina llamada Alessandra Mussolini.
-La veo muy poco. Y además sigo sin entender cómo alguien todavía puede ser de derecha. En 90 años nadie ha sabido explicármelo.





