
Carlos Alomar: "El legado más grande de Bowie es la exploración y la experimentación en la música"
El guitarrista habla de su pasión por la música, de cómo llegó a tocar para James Brown y de su amigo y compañero David Bowie
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Entre 1974 y 2003, Carlos Alomar fue uno de los guitarristas que más y mejor acompañaron la carrera musical de David Bowie, tanto en grabaciones de estudio como en las giras alrededor del mundo, incluyendo una activa participación en la trilogía registrada en Berlín (Low, Heroes, Lodger), para muchos el punto más alto de una obra sin igual.

-¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando te nombran a David Bowie?
-El control de la vida que ha tenido, desde el comienzo hasta el final. Qué respeto hay que darle a un hombre que puede representar a la vida así. Es un ejemplo tremendo para todos nosotros, poder estar debajo de las sombras de un artista real como él.
-¿Qué sentiste cuando apareció "Lazarus", apenas dos días antes de su muerte, como una suerte de final anunciado ?
-No escuché el tema ni vi el video y por ahora no creo que pueda hacerlo. Todavía no escuché ninguna de las grabaciones que hizo con los músicos de jazz, pero cuando tenga la fuerza me gustaría introducirme en ese Bowie que no conocí.
-¿Y cuál creés que es el aporte más importante que le ha dado a la música?
-Creo que el legado más grande de Bowie es la exploración y la experimentación en la música. En ese sentido es un ejemplo tremendo. Hay muy pocos artistas que puedan estar en ese camino durante diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta años influenciando continuamente toda la música, la cultura, la moda, el arte, la pintura, los videos, la televisión... Díganme quién otro. Y no sólo por haberlo hecho, sino por hacerlo con un vuelo tan alto y constantemente con la misma calidad. Hermano, es difícil de escoger uno, dos o tres artistas así. No hay tantos.
-¿Por qué cree que la trilogía grabada en Berlín fue tan especial para la historia del rock?
-Fijate que David estaba atravesando una situación personal muy especial, con el divorcio de la mujer, los negocios que no habían salido bien, el mánager que le había robado dinero y tantas cosas que lo podían distraer de la música, y sin embargo se entregó a la música de una manera única. Cuando escuchás esas grabaciones, registradas en ese momento, te das cuenta de que eran necesarias para llevar la música a una nueva época de expresión. Más allá de cómo se sintiera él, necesitaba el coraje y la fuerza para poder hacerlo sin importarle que la gente no lo entendiera en esa época. Él tenía que hacer esa música por el arte. Estar a su lado fue un gran aprendizaje. De hecho, esa música instrumental que había hecho me conmovió tanto que hice mi propia grabación llamada Dream Generator (1988), tratando de regresar a ese tiempo y, ahora mismo, como profesor y director de un centro científico de exploración de los sonidos, todavía llevo conmigo la marca de aquellos días junto a Brian Eno y David Bowie.
-Después de tantos logros musicales y profesionales, ¿cómo recordás tu infancia en el Bronx?
-Soy una persona alegre, hijo de un pastor petencostal, que tiene todo el amor de Dios en su corazón. Tengo amigos por todos lados y me encuentro de lo más gozoso de pasar el tiempo con mi familia. Mi vida ha sido un viaje del que no se sabe el final, que me lleva de uno a otro lado. ¿Cómo un jovencito del Bronx de Nueva York llegó a grabar con David Bowie hace tantos años y todavía hoy sigue en el mundo de la música y es reconocido con un disco de diamante por un tema como "Uptown Funk"? No lo sé realmente, lo único que te puedo decir es que desde niño siempre tuve la música en mi cabeza y lo único que quería hacer era tocar la guitarra. Me acuerdo de que cuando tenía 10 años mi papá vino a mi habitación y me dijo que iba a ser un gran guitarrista. Le pregunté por qué y me respondió: "Cada noche que te vas a dormir veo la sangre de tus dedos en las sábanas, pero a la mañana siguiente te levantas y lo primero que haces es seguir tocando la guitarra con esos dedos sangrados". Él sabía que iba a ser guitarrista y gracias a Dios tuve esa misma pasión desde el comienzo hasta el final.
-¿Y cómo fue que antes de cumplir los 20 años llegaste a tocar con James Brown?
-Pasó que un día se enfermó su guitarrista y, como yo ya era el guitarrista del Teatro Apolo, me preguntaron si podía reemplazarlo. "Por supuesto -les contesté-. Toco esa música cada día." Tuve la oportunidad y toqué con él, y después de eso me llamaron para que siguiera tocando y acepté.
-Por último, no puedo dejar de preguntarte sobre tu visión acerca de la elección de Donald Trump como presidente.
-En realidad, estoy todavía sorprendido, no sé qué creer, porque la gente habla de todo y hay que ver lo que realmente sucede. Yo no puedo decir que haya estado de acuerdo con cada presidente, simplemente que encuentro un poco difícil entender cómo es que la gente puede elegir a una persona que no puede ser honrada por lo que dice. De todas formas, te digo que a quien hay que tenerle miedo es al vicepresidente. Ése es el verdadero diablo.





