
El rock de mi pueblo
1 minuto de lectura'
Vives intenta cambiar y no le funciona muy bien. Otra vez será .
La idea es muy poderosa. que un cantante de vallenato [así los puristas del género digan que lo que Vives hace no es tal] ponga por título a su álbum El rock de mi pueblo, es toda una declaración. Hace unas ediciones, en esta misma revista [ver RS 7], la columna de César Salazar fue el motivo de una agria discusión entre los lectores, pues comparaba el espíritu del vallenato tradicional con el del rock. A raíz del texto, un lector envió una virulenta carta en la que menospreciaba a los costeños y a su cultura y, de paso, atacaba al columnista. La respuesta de muchos otros lectores más tolerantes y con mejores argumentos aplastó al solitario mosquetero anticosteño.
La cultura negra es una especie de cinturón que une al Caribe latino con Africa y con el sur de Estados Unidos. Si bien cada región evolucionó de manera diferente, existen paralelos que permiten defender lo escrito por Salazar. Se puede decir que –por su espíritu libre y su mezcla de sonidos– la salsa es el jazz de los latinos y, siendo un poco más específicos, que el vallenato es el blues de los colombianos. Originalmente, el vallenato contaba las historias de los pueblos y las gentes del noreste de la costa colombiana, y servía para enviar mensajes por medio de un cantante itinerante. Con el paso del tiempo y la gran popularidad del vallenato, se podía afirmar que él era el rock del pueblo, así la Colombia clasista no lo viniera a descubrir sino en 1993, cuando Carlos Vives publicó Clásicos de la provincia, un disco con vallenatos tradicionales que a golpe de bajo, batería y guitarra eléctrica, puso las canciones rurales de los maestros en un contexto más urbano. Once años después, Vives presenta su sexto disco como cantante de vallenato [antes había probado suerte con la balada]. En su segundo álbum, La tierra del olvido, Vives tomó la valiente decisión de salirse de las viejas composiciones de popularidad comprobada y comenzó a abrir su propio camino. Le fue muy bien, pero no tanto como con los Clásicos, quizás porque ya no se trataba de simples versiones, sino porque en La tierra del olvido había una exploración personal que poco entendieron los reticentes al cambio. Aun así, la cosa funcionaba, y Vives se dedicó a producir una y otra vez álbumes que prácticamente no se diferenciaban entre sí. La alineación de su banda La Provincia conservó a varios de sus músicos principales, aunque se notó la baja del gran Iván Benavides, uno de los responsables del sonido del Vives post baladista. La propuesta no sorprendía, pero seguía siendo buena. Vives llevaba varios años sin dar un salto hacia adelante y ahora lo intenta en El rock de mi pueblo. Si, la idea es MUY poderosa. Alguien me dijo que “si no sabes cómo decirlo, es porque en realidad no lo sabes”. Vives tiene la idea, pero no sabe decirla. El espíritu del rock no está sólo en el jean o el pelo largo. Está, sobre todo, en no tomarse muy en serio a sí mismo. Y en esta ocasión, Vives es muy consciente de su importancia. “Como tú” es una buena canción, que bien hubiera podido aparecer en cualquiera de sus trabajos anteriores y que no ayuda mucho a esclarecer eso de hablar del rock del pueblo. “El duro, el original”, el corte final del disco es en donde mejor se mezcla el espíritu compartido por el rock y el vallenato, y es un elegante mensaje antipiratería. Por lo demás, es un disco en el que el tono meloso de canciones como “La princesa y el soldado” o “Voy a olvidarme de mí” le restan fuerza a lo que Vives pretendía transmitir. El patriotismo de antaño de Vives se convierte en el patrioterismo de los tiempos actuales, en los que agitar la bandera resulta más importante que sentir lo que ella debería representar para el pueblo, cuyo rock no sale bien librado.



