Christian Castro, al gusto de sus fans

Presentó nuevo disco y algunos éxitos
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28 de octubre de 2000  

Christian Castro, esta vez, elige nacer. Mientras la expectativa femenina aumenta en las plateas, el cantante sale de un gigantesco huevo que ocupa el centro del escenario vestido con un traje amarillo patito. Con esta metáfora de poco vuelo comienza el show de Christian Castro.

El dispositivo habitual está en marcha. Luces, músicos que nunca descollan ni sorprenden. Coristas que bailan y levantan los brazos como en fiesta de pueblo. Pantallas que reproducen, magnificada, la imagen del ídolo. Una puesta en escena meditadamente previsible, necesaria para poner en funcionamiento el tráfico de deseo, que es el motor de estos encuentros. Perfecto mecanismo que permite el despliegue de fantasías, ilusiones y sueños de entrecasa.

Allí está Christian Castro con sus éxitos conocidos como "Tu sombra en mí", "Sé mi aire", "Lloran las rosas" y "Volver a amar" y también algunas nuevas canciones. Todas tienen un patrón común y esperable: Christian habla de amor como, presumimos, no lo hará jamás en una situación real -no es el único, es una regla de los cantantes de la pasión y, ciertamente, no sólo de los latinos-.

Todo el tiempo, y sin dejar de cantar, se ocupa del público. De ese coro de niñas-jóvenes-adultas que lo aman y que están dispuestas a dar rienda suelta a un amor de gritos, aullidos, banderas y osos de peluche. Algunas le alcanzan flores. El agradece, besa los ramos y agrega, caballero gentil: "Debería ser yo el que se los dé a ustedes". También invita a una de las asistentes a bailar que es, ¡oh casualidad!, la presidenta de su club de fans. Son apenas unos pasitos, pero suficientes para que se redoble la tensión de amor. Y no habrá nada ya con que apagarla. Un show corto -16 temas y cuatro bises- dejaron a la audiencia con ganas de más, tanto que se quedaron más de veinte minutos. La espera fue en vano. Había caído el telón.

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