
Cincuenta sombras de Grey, pasión de multitudes
Una semana antes de su estreno lleva vendidas 96.000 entradas en la Argentina y tres millones en todo el mundo
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Ni los invencibles superhéroes ni las grandes figuras animadas del momento llegaron a tanto. La mayor convocatoria anticipada de público para un estreno cinematográfico tiene que ver hoy, inesperadamente, con el erotismo.
En línea con lo que viene ocurriendo por estos días en buena parte del mundo, la Argentina vive con una extraordinaria expectativa la cuenta regresiva para el estreno de Cincuenta sombras de Grey, la adaptación a la pantalla grande del primer libro de la exitosísima trilogía de E. L. James, que lleva vendidos en todo el planeta más de 100 millones de ejemplares, con versiones en 51 idiomas.
Falta algo menos de una semana para que la película se estrene simultáneamente, entre el miércoles 11 y el sábado 14 en 58 países, y ya se superaron los tres millones de entradas anticipadas vendidas en al menos 40 mercados, según informó ayer la distribuidora UIP. De esa cifra, a la Argentina le corresponden 96.000 entradas, dato que hacía mucho tiempo que no se registraba para una venta adelantada y que, como es de esperar, garantiza proyecciones a sala llena durante varios días. En nuestro país, el estreno se producirá el jueves 12.
Esa cantidad no tardará en incrementarse en los próximos días, sobre todo desde que se conoció que en la Argentina Cincuenta sombras de Grey se exhibirá con la calificación de sólo apta para mayores de 16 años con reservas. Esto quiere decir que los menores podrán verla siempre y cuando ingresen a la sala acompañados sólo por alguno de sus padres o por un tutor legítimamente autorizado.
Esta calificación se parece bastante a la "R" (restricted) que obtuvo en Estados Unidos, donde los menores de 17 años podrán ingresar a verla en compañía de algún mayor, y toma distancia del veto establecido en Gran Bretaña: allí fue calificada directamente como prohibida para menores de 18 años y quienes están por debajo de esa edad quedarán, sin excepción, sin la posibilidad de acceder a las proyecciones.
Hasta ahora, el único país que prohibió la película es Malasia. La Junta de Censura Cinematográfica de ese país lo dispuso con el argumento de que incluía "más pornografía que cine" y que contenía escenas "que no son consideradas como contenido sexual natural". La referencia apunta a un contenido "sádico", con escenas que muestran a una mujer "amarrada a la cama y recibiendo latigazos".
De todas maneras, de la calificación más bien benigna que recibió en nuestro país se desprende que la descripción de los encuentros sexuales cargados de elementos sadomasoquistas que en la novela viven el millonario Christian Grey (Jamie Dornan) y la estudiante de letras Anastasia Steele (Dakota Johnson) tendrá muchos más componentes sugeridos que explícitos. El propio Dornan anticipó, invocando cláusulas de su contrato, que en el caso de su personaje no habrá escenas de desnudo integral.
Sin embargo, la película promete mucho más sexo de lo habitual para una película producida por una de las majors de Hollywood, los estudios Universal. El diario londinense The Sunday Times adelantó que habrá por lo menos 20 minutos de escenas eróticas en las casi dos horas de duración de la película, dato que recupera el primer plano para el erotismo en el cine de una forma que no se veía en el debate y la atención internacional desde los tiempos de Nueve semanas y media y, todavía un poco más lejos en el tiempo, de Último tango en París.
De toda esta expectativa surgieron derivaciones múltiples. Por un lado, al dispararse la venta de productos de merchandising ligados al film, la cadena de cines AMC (segunda en importancia en Estados Unidos, con casi 350 complejos multipantalla) ya adelantó que no permitirá el ingreso de espectadores con objetos que hagan referencia a las prácticas eróticas sadomasoquistas (cuerdas, látigos, fustas) presentes en el relato, sobre todo en la figura y los gustos del atormentado protagonista masculino del relato. Al mismo tiempo, un grupo de activistas que luchan contra la violencia de género comenzó a movilizarse en Estados Unidos a través de las redes sociales y alrededor del hashtag #50dólaresno50Sombras.
La idea es promover una suerte de boicot a la película, invitando a utilizar los 50 dólares que se gastarían en una salida para ver el film en otro propósito: una donación para construir un hogar en el que se brinde apoyo a las víctimas de abuso sexual en el ámbito doméstico. "Las mujeres de verdad no terminan como Anastasia Steele, sino en refugios para mujeres golpeadas, escapando durante años de sus golpeadores o directamente muertas", dijeron voceros del Centro Nacional de Explotación Sexual, una de las organizaciones más molestas con la película.
Por ahora, el entusiasmo por la película supera con creces a los reparos. Hay genuina pasión de multitudes por el inminente estreno de Cincuenta sombras de Grey.




