
Cine iraní que retrata la realidad
"Baran", nuevo film del director, narra los problemas de los inmigrantes afganos
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TEHERAN.- Cuenta el director iraní Majid Majidí, de 41 años, que cuando era actor ya no le gustaba ser reconocido en las calles. Ahora que tiene su reputación internacional ganada como realizador de las películas "El padre", "Niños del cielo" y "El color de Dios" (el estreno asiático más exitoso en los Estados Unidos, que llegará este año a la Argentina) prefiere esconderse. A pesar de su timidez y respaldado por su entusiasta productor libanés que conoce de las necesidades del mercado y le traduce todo al farsi, Majidí accede a hablar con La Nacion .
Dice que "Baran" (su último film, una costosa producción, una de las favoritas para el Simorgh de Oro en el Fajr International Film Festival) marca en su carrera el comienzo de un nuevo período y el fin de aquellas películas protagonizadas por chicos, un género cinematográfico ya tradicional en el cine de Irán. "Ya dije lo que quería decir al respecto y quise pasar a otra cosa", afirma. "Baran", película que lleva el nombre de una refugiada afgana, es una historia de amor que registra la dolorosa realidad de estos inmigrantes, que -según las cifras oficiales- en los últimos veinte años alcanzan el millón y medio. Llegan a Irán escapando del hambre y la guerra en Afganistán, para vivir en condiciones miserables.
"Hace años que tengo el tema en mi cabeza. Cuando filmé mi primera película, «Baduk», que cuenta una historia del contrabando que hacen los chicos en la frontera entre Irán y Paquistán, vi cómo llegaban los afganos a mi país -cuenta-. Una tarde vi cómo eran atropellados en la ruta por los autos que hacen contrabando y apagan las luces para no ser reconocidos por la policía. A la mañana siguiente, estaban los cuerpos tirados en la ruta. Pero no quería hacer un documental sino algo humano."
"Baran" (protagonizada por una verdadera refugiada) es una chica que se viste como varón para poder reemplazar a su padre, que se accidentó en la obra en construcción en la que trabaja. Allí se encuentra también Latif, un joven iraní torpe y protegido por su empleador, que se enfrentará con ella sin saber de su condición (sexual y laboral), y luego hará lo imposible por ayudarla.
¿Por qué es tan optimista y protector con sus personajes? ¿Un iraní sería capaz de vender su identidad para dársela a un afgano?
No me gusta castigar a mis personajes, sino hacerlos atravesar difíciles situaciones y generar sentimientos pacíficos. La historia que cuenta "Baran" es la de los afganos que están aquí hace treinta años y no tienen identidad. No pertenecen a Afganistán ni a Irán, hacen los peores trabajos, son siempre pobres, cobran menos que los iraníes, tienen que irse cada tres meses y como tienen sus familias allá muchos tienen que volver para llevarles el dinero que consiguieron. Aquí la gente los acepta, no los ama, pero tampoco los rechaza.
Es una historia de amor que se resuelve en la escena en la que ella se revela como mujer y permite que él sea un hombre...
Quise mostrar el desarrollo de Latif, un chico estúpido y torpe que al final del film crece, se deshace de lo material y se convierte en una nueva persona más pura. Algo así también le sucede a Baran, que pasa de ser un muchachito a ser una mujer.
¿Cómo maneja el hecho de ser un cineasta reconocido internacionalmente y popular en su país y a su vez comprometido?
Me intereso por contar una historia que no sea sólo entendida por cierta clase de gente. "Baran" a la crítica le gustó y a la gente también, pero por diferentes razones. A la gente tal vez le guste la historia de amor o la aventura, y la crítica ve los contenidos. Quiero hacer películas para la gente, pero que puedan interesar también a aquellos que buscan más que sólo una historia.
Buena parte del público iraní cree que el cine local es aburrido.
Hay dos tipos de películas aquí. Los films de acción, que gustan a todo el mundo, y otros más artísticos, donde puede que la gente se aburra, como con los films de Kiarostami. Sus películas sólo triunfan en Francia y en la Argentina. Yo voy por el camino del medio. Creo que el cine iraní muestra un interés sobre las relaciones humanas. Probablemente es lo que no tiene el cine occidental, que está lleno de acción, enfermedad y violencia.
Tanto en "El padre" como en "Color de Dios" hay dos fuertes figuras paternas que tienen que atravesar situaciones extremas para poder acercarse al hijo varón.
El hombre, a causa de su trabajo, tiene mayor relación con el mundo exterior que la mujer. Y como éste es muy duro, el hombre entra en mucha tensión por todo lo que tiene que luchar. Con mi padre no tuve ningún problema. No sé si inconscientemente habrá alguna relación por el hecho de que lo perdí cuando era muy chico. Creo que entre un padre y un hijo hay siempre una distancia, resulta muy difícil acercarse por el temor a lo sentimental. Se necesita algo que quiebre esa barrera, algo que viene siempre de afuera. Entonces hay siempre un gran drama que los acerca.
Kiarostami prefiere manipular a sus actores no profesionales y no a la audiencia. Y contó cómo hizo llorar al chico de "Y la vida continúa". ¿Cómo lo hace usted?
Cuando trabajo con no profesionales muchas veces ellos creen que estoy haciendo test, pero en realidad los estoy filmando. Además, con mis asistentes hacemos guiones para actuar nosotros en el rodaje y lograr que un actor haga algo. En "Niños del cielo", cuando le pedimos al chico que llore al decir "perdí las zapatillas", no lo hacía bien. Por eso organizamos con mi asistente que él justo se cruce por delante de la cámara cuando estuviéramos filmando. Entonces yo actué que me enojaba con mi asistente porque había echado a perder la gran actuación del chico, y lo eché . El chico estaba mal... era muy buen amigo del asistente. Entonces, en ese momento de tensión filmamos la escena, que quedó muy bien.





