A Benigni le creció la nariz
El creador de "La vida es bella" se pone en la piel, o la madera, de la famosa marioneta, en este film que también dirige
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TERNI, Italia (Corriere della Sera).- Roberto Benigni aparece sólo al final, con un golpe de impacto que parece sacado del argumento de una obra teatral, para recibir a los representantes de la prensa local e internacional invitados a conocer el set de filmación de su versión de "Pinocho", luego de haber rodado todos los exteriores de la película en la hacienda de Castelfalfi, en la zona rural de Toscana.
El actor, director y coguionista del film, que luce una cabellera corta como la de esos muchachitos rebeldes puestos en regla tras un castigo, sube al escenario del Gran Teatro de las Marionetas: "Espero que les hayan gustado las escenografías de esta aventura que, como nos enseñó Pinocho, trata de reinventar los sueños. Para mí, interpretar de grande al muñeco de madera es como dar vida de chico a Don Quijote. Esta criatura de la nariz larga es la imagen de las almas vivientes de todo el mundo, representa el fundamentalismo de la alegría".
Es aquí en Papigno (provincia de Terni), en una suerte de jardín encantado construido en una antigua fábrica abandonada, donde tiene lugar el viaje del inmortal muñeco de madera. El rodaje finalizará dentro de tres semanas y será estrenado en Italia a fines del otoño boreal de 2002 con la producción de Melampo, la empresa de la que son dueños Benigni y su esposa, Nicoletta Braschi. Una inversión de algo más de 40 millones de dólares confiada a Elda Ferri y Gianluigi Braschi, productores que cuentan en su haber la apertura del camino de "La vida es bella" hacia el Oscar junto con Miramax, que tiene los derechos del film en todo el mundo.
El enorme carruaje de la Maga resplandece en el lugar en donde Benigni había instalado el lager de "La vida es bella". Pero, en esta oportunidad, el impacto llega como una fiesta de colores: hay tortas gigantescas, el vestido negro y el marrón del Gato y del Zorro, la indumentaria dorada de Omino di Burro (Luis Molteni), la toga del Juez (Aroldo Tieri). Y también paredes con ruedas, que al girar reproducen los asombrosos diseños arquitectónicos de los tres territorios creados por el ganador del Oscar Danilo Donati: uno realista (que corresponde a Geppetto), otro imaginario (el de los juguetes) y el mar. Cada escenografía reproduce aspectos de la Italia que va desde el Ottocento hasta 1920.
Llega el director de fotografía Dante Spinotti y Donati dice: "Pinocho es la novela de un siglo entero". Nicoletta Braschi se asoma y confiesa que su peinado con trenzas es ideal para acomodarse bien la inmensa peluca que luce la Maga. Y, mientras tanto, parece que salieran de sus moradas el hablador Pepe Grillo, el perro Medoro (Mino Bellei), el director del circo (Alessandro Bergonzoni), Geppetto (Carlo Giuffré), el tragafuegos (Franco Javarone) y Lucignolo (Kim Rossi Stuart).
Benigni no quiere dejar de mencionar a ninguno de los que intervienen en el film: de los 4000 extras y el centenar de trabajadores técnicos al productor ejecutivo Mario Cotone, mientras los efectos especiales concebidos por Rob Hodgson ("El tigre y el dragón") tratarán de empequeñecer al grillo y hacer gigante al tragafuegos y lograr que un grupo de ratones blancos haga fuerza para poner el carruaje en movimiento. "Donati dice que los efectos especiales son en realidad defectos especiales", se entusiasma Benigni. Donati cree en las fórmulas artesanales en estado puro, pero Benigni parece haber conseguido el equilibrio entre la creatividad artesanal y las tecnologías de última generación. Emocionado, deja el set a instancias de sus directores de producción, severos como los carabineros que arrestaron a Pinocho. Pero antes de despedirse, dice: "Tienen que creerme: estoy realmente feliz por haber hecho esta película. Palabra de Pinocho".
Un diálogo vertiginoso
Sobre el escenario pintado en colores pastel del Gran Teatro de las Marionetas, haciendo algunas piruetas con sus tacos, Roberto Benigni entrega un monólogo que sólo en apariencia luce desarticulado. El actor y director en realidad sigue un hilo preciso de razonamiento que une preguntas y respuestas, consideraciones sobre esta obra y recuerdos de su infancia. "Este es un film que soñaba y acariciaba desde siempre, porque nace de un libro más leído que la Biblia y que el Corán. Una novela extraordinaria que en estos tiempos de fundamentalismo tan oscuro nos devuelve la sonrisa con su abundancia de delicias, con su agilidad, con el fundamentalismo de su alegría. Nos otorga la capacidad de poder vivir dentro de un sueño y de soñar una nueva vida."
¿Cuándo conoció la historia?: "No recuerdo bien ni el día, ni la hora, ni el mes, ni el año. Tal vez era verano, quizás un invierno muy frío, probablemente un 12 de mayo a las cuatro y media de la tarde. Pero sea lo que sea, lo más importante es que quedé totalmente atrapado por la vitalidad de su poesía, por su alegría y hasta por su crueldad tan sutil. Como siempre ocurre con los cuentos para niños, leí "Pinocho" cuando me hice grande. En las páginas de este libro están todos los movimientos que este mundo es capaz de hacer: todos los hilos y los tornillos que mueven nuestra vida. Que el cielo desmienta lo que digo: Pinocho es una apoteosis, una forma de catapultarse en la alegría".
Cuestión de edad: "Es cierto, me siento muy emocionado. No había hablado hasta ahora de este proyecto y cuando alguien quería saber si me sentía con la edad adecuada para convertirme en un muñeco de madera, cuando en realidad estoy para hacer de Geppetto, respondía que Pinocho no tiene edad y nos contempla a todos, desde el nacimiento hasta la muerte. Nos remite a Hamlet, a Edipo, a Fausto, a Don Quijote, y los incluye a todos. Es siempre un portador de energía y de belleza. Es alguien sencillo, pero nada fácil de hacer, porque tiene la riqueza de la imaginación y una enorme grandeza, pero en el sentido franciscano del término".
Una superproducción: "Puedo usar palabras como riqueza de la imaginación y grandeza en sentido franciscano para hablar de una película ciertamente cara, pero que sobre todo confía en la capacidad creadora de la fantasía. Yo mismo estoy aquí dando vueltas alrededor de unas tortas de cartón rojo entre cientos de juguetes, soldaditos de madera y caballos que se columpian. Y todo el tiempo siento que Pinocho es un portador de energía capaz de hacernos reír, llorar y de arrancarnos los pelos. Sólo él supo modificar los sueños en medio de la noche valiéndose de su cuerpo de madera y su alma. Después de los efectos especiales me veo actuando entre gigantes, grillos y miles de ratoncitos blancos. Y no puedo olvidar que, entre todos estos personajes maravillosos y en un momento poco agradable para el mundo, pero de alegría incontenible para el cine, ¡todavía me sigue creciendo la nariz!"
El montaje: cuando dentro de tres semanas concluya el rodaje iniciado el 25 de junio, Benigni se encerrará con Simona Paggi para realizar todo el trabajo de montaje, mientras Nicola Piovani compondrá la música de la película y quedarán definitivamente ajustados todos los efectos especiales.
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