Adiós al astro de "Superman"
Estaba cuadripléjico desde 1995; sin embargo, eso no le impidió desarrollar una intensa labor profesional y solidaria
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NUEVA YORK (DPA).- El actor cinematográfico norteamericano Christopher Reeve, que se hizo famoso interpretando el papel de "Superman", falleció anteanoche, a los 52 años, como consecuencia de un paro cardíaco en su casa neoyorquina. La semana pasada el actor había desarrollado una infección sistémica grave debido a una úlcera por presión, una complicación común en las personas con parálisis. Reeve estaba cuadripléjico desde que sufrió un accidente ecuestre en mayo de 1995, y en los últimos años se dedicaba activamente a defender las investigaciones con células madre que, en su opinión, representaban una esperanza de curación para la gente que padece esa enfermedad.
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Chistopher Reeve fue, durante muchos años, el típico galán de la pantalla norteamericana. Atlético y de rostro adusto en el que asomaba una sonrisa pícara o una mueca seductora, siempre aportó a sus personajes un sello de distinción que le permitió lograr un espacio importante en casi treinta films en los que encaró los más disímiles papeles.
Hijo de un profesor de inglés y de una periodista, había nacido el 25 de septiembre de 1952 en Nueva York. Luego de sus estudios secundarios, se graduó en la universidad Cornell de su ciudad natal, aunque ya en esa época se sintió atraído por la actuación. En el último año de estudios en esa institución, fue uno de los dos únicos seleccionados (el otro fue Robin Williams) para continuar sus estudios en la famosa escuela de arte dramático de Julliard. El comienzo de su trayectoria artística parte de aquellos años, cuando fue convocado para intervenir en el elenco de la telenovela "Love of Life", a la que siguió, ya en el teatro, la obra "Fifth of July", donde interpretó al nieto de Katharine Hepburn.
Corría 1978 cuando, siendo casi un desconocido en el mundo del espectáculo, fue seleccionado, entre doscientos candidatos para interpretar el papel central de "Superman", con la dirección de Richard Donner. Este papel catapultó a Reeve al éxito internacional y lo convirtió en uno de los galanes más solicitados por los productores. Su carrera en la pantalla grande ya no tuvo intervalos, y así encabezó los elencos de "Pide al tiempo que vuelva", de Jeannot Szwarc, y la segunda parte de "Superman" (ambas de 1980), de Richard Lester; "Trampa mortal", de Sidney Lumet, y "Monseñor", de Frank Perry (las dos de 1983); "Los bostonianos", de James Ivory (1984), y "Anna Karenina", de Simon Langton (1985).
El actor alternaba sus participaciones en la pantalla grande con exitosas apariciones en el teatro y en la televisión, pero su nombre ya estaba íntimamente ligado al cine y, fundamentalmente, al personaje de "Superman", que interpretó en dos películas más, rodadas en 1983 y en 1987, respectivamente. Otros títulos se sumaron a su filmografía, entre ellos "El aviador", de George Miller; "¿Qué pasa, director?", de Peter Bogdanovich; "Libre de sospecha", de Steven Schachter, y fundamentalmente, "Lo que queda del día", de James Ivory, film rodado en la campiña inglesa que le valió elogiosos comentarios.
El 28 de mayo de 1995 Christopher Reeve se fracturó dos vértebras del cuello y se dañó la columna vertebral al caerse del caballo en un concurso hípico, accidente por el que quedó cuadripléjico. Pero su enorme voluntad le permitió continuar con su carrera actoral, y en 1997, dirigió el film "Al caer la noche"; en 1998 participó en una nueva versión (para TV) de "La ventana indiscreta", el clásico de Alfred Hitchcock, esta vez dirigido por Jeff Bleciner, e intervino en 2000 en un tributo televisivo brindado al actor Michael Caine.
Además, escribió dos libros y, desde 1996, presidió la Fundación Christopher Reeve para la Parálisis, dedicada a la investigación de tratamientos para curar lesiones de la espina dorsal. Estaba casado desde 1992 con la actriz Dana Morosini, con quien tuvo un hijo, y anteriormente fue marido de la modelo inglesa Gae Exton, de la cual tuvo dos descendientes. Christopher Reeve quedará en el recuerdo no sólo como un popular actor norteamericano ni como el aguerrido Superman de la pantalla grande, sino como un hombre de fe que, desde su silla de ruedas, no claudicó en su viril postura de enfrentar la enfermedad con esa cálida mirada que otorgaba a cada uno de sus personajes.



