
Amigos son los amigos
A las órdenes de Alberto Lecchi, comenzaron el lunes último el rodaje que durará siete semanas y los llevará a San Luis y Chile
1 minuto de lectura'
La profesión de actor establece vínculos que no necesariamente deben estar expuestos a la consideración pública ni tienen que ver con la imagen que se desprende de sus protagonistas. Darío Grandinetti y Diego Torres son amigos. Prejuiciosamente, podría suponerse que no parecen tener afinidades. Pero porque las tienen -o tal vez por todo lo contrario- son amigos. Y fue por privilegiar esa amistad que tienen la oportunidad de trabajar juntos por primera vez. Será en "El juego de Arcibel", la octava película de Alberto Lecchi, que comenzó a filmarse el lunes 4.
La llegada de Torres al proyecto fue fortuita: lo detalla él mismo. "El día que me convocaron había estado jugando al fútbol con Darío, que me contó que iba a filmar con Lecchi, junto a Pablo Echarri. A la tarde, encontré en casa un mensaje del mismo Lecchi pidiéndome que lo llamara por teléfono. Pensé que querría una canción. Yo debía salir de gira por el norte argentino, y cuando hablé con él me explicó que Echarri le había planteado que no podía hacer el personaje, y que había pensado en mí para cumplir ese rol. Leí el guión mientras estaba de viaje. Al volver, le dije: "Si hay algo que yo estaba esperando era una propuesta como ésta"."
Grandinetti -cuyo personaje requiere que esté rapado-, a su vez, tiene que enfrentarse con sesiones de hasta cuatro horas diarias de maquillaje, ya que debe caracterizar a un hombre de setenta años. Pero esta exigencia no afecta su deseo. Y se somete dócilmente a una fatigosa rutina diaria. Tan luego él, que viene de hacer una gira internacional presentando "Hable con ella", con Pedro Almodóvar y su elenco. "En Estados Unidos, John Turturro vino a preguntarme cómo es trabajar con Almodóvar. Todos dicen que es su mejor película... Estoy muy contento, porque siento que formé parte de una propuesta enriquecedora y artísticamente valiosa. Pero volví con muchas ganas de hacer "El juego de Arcibel". Por la historia, porque tenía ganas de trabajar con Alberto (Lecchi) y además porque me gustan las películas de actores. Y me gusta que Alberto siga confiando en ellos. Y que la producción sepa que contratar actores no los va a hacer irse del presupuesto", detalla.
El trasfondo político y social de la película supone, además del desafío actoral, una identificación entre los actores y sus criaturas. La palabra clave que trasciende la obra es "revolución", que es lo que se va gestando en Miranda, el imaginario país latinoamericano donde conviven Arcibel (el periodista encarnado por Grandinetti) y Pablo (el marginal protagonizado por Torres).
"Si bien el film juega con la ficción y la realidad de un país imaginario, este país tiene rasgos de nuestras naciones latinoamericanas -admite Torres-. Mis películas anteriores tenían también una mirada social y política: en "La furia" había mafia en la justicia y corrupción de un político y de un juez. "La venganza" era un thriller que planteaba una estafa. Pero ésta tiene una característica distinta. Probablemente se estrene a mediados de 2003. Es un film que apunta a ir a numerosos festivales, y que se estrenará en muchos países. Me parece interesante hacer una propuesta regional en cine, como la que estoy haciendo en la música."
"Esta película nos cuenta como gente postergada, marginada, pero también esperanzada -se enciende Grandinetti-. Y muestra que hasta el ingenio, bien utilizado, puede servir para hacer una revolución. No me preocupa que suene utópico. Es más, me encanta. ¿Qué es mejor, esta realidad? Enseguida la frase es "¡eh, se quedaron en el tiempo, qué antiguos!" Como si la justicia social fuera una antigüedad. Como si estuviera de moda, o no, ser justos y tener lo que merecemos. A ver si ser ladrones es "la actualidad". ¿Soñar o desear una sociedad justa es una antigüedad?"
-Arcibel inventa un juego de azar con el que Pablo hará cambiar la historia de Miranda. ¿En qué sentido operan esos cambios?
Torres: -Sobre la base de este juego, Pablo arma la estrategia de la revolución. Cambia el destino de este país gobernado por un dictador. Sin quererlo, Arcibel le enseña a Pablo a jugar y a la vez a jugar una estrategia de guerra. La combinación de ambos personajes -él en lo ingenioso, inventando el juego, y yo, aprendiéndolo y llevándolo a cabo- arma la revolución. Lo loco es cómo Arcibel la arma dentro de la cárcel. Yo logro escapar, y soy el foco que la genera afuera.
Grandinetti: -Arcibel es un preso político, peligroso para el régimen. A partir de estar detenido, cambia: se convierte en alguien muy pensante. Empieza a tomar conciencia de cosas, y crea un juego que termina siendo muy importante para la causa ideológica y metafórica de lo que nos pasa. En un momento él lo dice: no es inteligente, es ingenioso.
-No es frecuente que actúes. ¿El cantante terminó teniendo preponderancia sobre el actor?
Torres: -La música me exige mucho tiempo. Compongo canciones con otros autores, soy coproductor de los discos. Estoy involucrado con el disco desde que nace hasta que se mezcla. Lógicamente, cada uno está en su rol, pero soy "co" de todo. Además, están las giras, las promociones, los conciertos. Pero nunca dejé de ser actor.
-Tu última película en el país fue "El lado oscuro del corazón 2". Tu última intervención televisiva fue en "Chiquititas". ¿Hay algún motivo por el cual no trabajás?
Grandinetti : -La realidad es que los actores cada vez tenemos menos espacio. Además, ahora se puso de moda que se haga cine sin actores, o con actores que recién empiezan. Me molesta que una actividad que toda la vida fue el medio de trabajo de los actores se haga de esta manera. ¿Suponen que eso les va a permitir hacer películas de bajo presupuesto? ¿Que los actores con trayectoria somos carísimos? Yo trabajé en "Ilusión de movimiento", en el Teatro Cervantes, y ahora en esta película. E incluso en algunas en las que todavía no terminé de cobrar.
-¿Cómo es tu vínculo actual con la televisión?
Torres: -Me alejé. No sé por cuánto tiempo ni si volveré: no me lo planteo. Tampoco la extraño. Lo que extraño mucho es actuar. Porque soy actor nato. No sé si bueno o malo, pero soy actor. Y más allá de estar en un momento muy exitoso, estaba esperando una propuesta así. Así como algún día me gustaría hacer una obra en teatro.
-¿Hay algún proyecto en vista, después de esta película, en el país?
Grandinetti: -Ninguno. Espero que se siga confiando en los actores, que no se asusten. Porque me temo que este cine de no actores se convierta en una moda. Es como pensar en hacer una película o una obra de teatro sin un director. A mí nunca se me ocurriría.
-De la camada de nuevos directores, ¿ninguno te propuso actuar?
Torres: -Estuve por participar en el proyecto de Damián Szifrón, el director de "Los simuladores". También tuve una propuesta de Fernando Spiner. Estoy abierto a todo aquel que piense en mí como actor. Eso es lo que me gustó de Lecchi. Más allá de que yo sea un cantante, y de que como tal esté en un momento de mucha exposición, él dijo: "Este personaje lo puede hacer Diego Torres". Eso vale mucho, porque sé que me está buscando como actor, no porque sea taquillero. Y honestamente, tampoco yo lo estoy haciendo por eso. Si a la película le va bien, mejor. No tengo problema con el éxito. Al contrario, aprendí que en la vida el éxito es para disfrutarlo. Pero uno no parte desde el éxito con un proyecto, sino desde el gusto personal.
-¿Tu intención es seguir viviendo en la Argentina?
Grandinetti: -Fue un año complicado, pero por el momento no me iría a vivir a España. Allí estuve mucho tiempo solo, filmando, y extrañé a mis hijos y a mi mujer. Sé que el director italiano Felice Farina quiere trabajar conmigo, pero ni recibí el proyecto. Y después de esta película, me voy de vacaciones.
Vidas paralelas
Diego Torres
- Debutó en cine en 1988, con “El profesor punk”, de Enrique Carreras
- Además actuó en “Una sombra ya pronto serás”, de Héctor Olivera; “La furia”, de Juan Bautista Stagnaro y “La venganza”, de Juan Carlos Desanzo
- En TV hizo “Nosotros y los otros” y “La banda del Golden Rocket”. Luego se dedicó a la música
Darío Grandinetti
- Debutó en cine en 1984, con “Darse cuenta”, de Alejandro Doria
- Lleva filmadas 22 películas, varias de ellas con importantes directores extranjeros
- En el último año hizo tres films en España: “Hable con ella”, de Pedro Almodóvar (que se estrenará aquí el jueves que viene), “Tiempo de tormenta” y “Palabras encadenadas”





