Aventuras de tiburones mafiosos
" El Espanta Tiburones " ("Shark Tale", EE.UU./2004, film de animación presentado en versión original en inglés y en versión doblada al castellano). Dirección: Vicky Jenson, Bibo Bergeron y Rob Letterman. Con las voces de Will Smith, Robert De Niro, Renee Zellwegger, Angelina Jolie, Martin Scorsese, Peter Falk (en la versión inglesa) y las de Arath De la Torre, Pepe Lavat, Jessica Ortiz, Javier Rivero, Dulce Guerrero (en la versión doblada). Guión: Michael J. Wilson y Rob Letterman. Música: Hans Zimmer. Presentada por UIP. Duración: 86 minutos. Apta para todo público.
"El Espanta Tiburones" sigue varias huellas. La de "Shrek" cuando hace guiños a los adultos con sus referencias a la cultura popular, el cine en especial. La de "Buscando a Nemo", en su acuática ambientación. Y las de casi todos los films animados de los últimos años, en cuanto concibe sus personajes en directa relación con los actores que les prestan voz y saca provecho de esa fórmula para reforzar su complicidad con el público mayor.
La cuestión, ya se sabe, es entretener a la familia entera, pero las cosas se complican un poco cuando se sale del mundo de habla inglesa y es necesario el doblaje o el subtitulado. El doblaje aproxima a los chicos, pero se lleva con él, por ejemplo, las voces reconocibles de Robert De Niro, Peter Falk o Martin Scorsese, y la mitad de la gracia de las alusiones a "El padrino" y otros relatos sobre gánsters que se hacen a propósito de los tiburones mafiosos. Sin las voces originales, no se ve lo mismo el lunar en el rostro del capo en cuestión ni se atiende tanto a que la escamada y ondulante vampiresa marina recuerde los rasgos de Angelina Jolie. La platea familiar, pues, corre el riesgo de la división: chicos, a la versión doblada; adultos, a la original.
Por otro lado, no parece que los menores estén demasiado familiarizados con las andanzas de los Corleone, los Sopranos y otros "buenos muchachos" similares, lo que hace pensar que algo anduvo un poco descaminado en la propia concepción de la historia. Ello no significa, por supuesto, que el cuento carezca de atractivos ni mucho menos que se ponga en duda la calidad de su animación, lo que no sorprende teniendo en cuenta los antecedentes de DreamWorks ("Antz - Hormiguitaz", las dos "Shrek") en este terreno.
Héroe mentiroso
La fórmula ha sido aplicada con eficacia: el protagonista está lejos de ser un superhéroe (aunque un malentendido lo haga pasar por tal y él lo aproveche) y no falta el personaje necesario para alegar contra la intolerancia y abogar por el derecho a ser diferente. En este caso, se trata de un tiburoncito que desmiente la ferocidad de su estirpe: sensible y con visibles inclinaciones artísticas (le gustaría ser delfín), es incapaz de cumplir la regla del pez grande que se come al chico: llevarse un langostino a la boca es una empresa superior a sus fuerzas. Para desconsuelo del padre, que es precisamente el gran tiburón blanco (de inevitable acento italiano) que tiene aterrorizada a la región, una especie de Nueva York submarina con su Times Square incluido, sus carteles publicitarios (Gup, Koral-Kola), sus lujosos penthouses y sus lavaderos automáticos que no son de autos, sino de ballenas.
Charlatán y tarambana
En uno de ésos trabaja Oscar, el pececito charlatán y bastante tarambana que aspira a la vida fastuosa de los millonarios, aunque por el momento tiene otras preocupaciones: por ejemplo, escabullirse del inflamable y espinoso prestamista acuático con el que tiene una gigantesca deuda en almejas. El azar, que interviene bajo el aspecto de un ancla, y la complicidad del tiburón manso con el que entabla una amistad, hacen creer a todos que Oscar se ha convertido en el libertador del título. Eso cambia su suerte, claro; le brotan fans alrededor, incluida alguna pececita trepadora que le hace sombra a la amiga secretamente enamorada que estuvo con él aun en los tiempos en que era un don nadie. Pero también crece la ira del capomafia: ahora Oscar deberá probar que es, de veras, un espanta tiburones.
El film no derrocha originalidad, pero desarrolla la historia con fluidez y bastante gracia, si bien algunas de las referencias son poco accesibles para público no norteamericano. Unas cuantas canciones -que felizmente no interrumpen el desarrollo de la acción- hacen su aporte a la amable historia, que tiene varios personajes simpáticos pero ninguno memorable y que no se olvida, claro, de deslizar alguna moraleja.
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