Bruno Dumont y la mística de las pasiones

Su película ya generó discusiones a su paso por los festivales de San Sebastián, Toronto y Hong Kong
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9 de abril de 2010  

Cuando Hadewijch , la última obra de Bruno Dumont ( La vida de Jesús, La humanidad ), se proyectó en la competencia de San Sebastián, recibió más silbidos que aplausos. Sin embargo, quienes conocen y admiran a su director quedaron perplejos, sacudidos, casi sin palabras. Para ellos se trató, sin dudas, de un film tan ascético como sublime y que a pesar de seguir una historia que puede ser explicada de forma racional lo esencial es espiritual. Eso es lo que transmite Celine-Hadewijch (interpretada por Juliette Sokolowsky), la muy joven hija de un ministro francés sumida en el amor a Dios de manera absoluta, separada del convento en donde aspiraba convertirse en monja, que se une a un joven palestino (Yassine Salim), fanático practicante, y al grupo terrorista islámico liderado por el hermano de éste.

Por ahora, la última oportunidad de ver este nuevo desafío de Dumont al cine comercial será hoy, a las 15.15, en el Hoyts Abasto. En diálogo con LA NACION, habló de su última obra, definió el actual cine comercial como "de lo peor" y dijo estar dispuesto "...a seguir con este tipo de películas que puedo estrenar en casi todo el mundo aun cuando la respuesta del público pueda ser cero".

-¿Le molesta que lo definan como el heredero de Robert Bresson?

-Es un error de muchos críticos. Bresson era en extremo religioso y yo soy todo lo contrario. Los actores de Bresson impostaban, los míos no. En todo caso si hay un cine que, seguramente, tengo como referente es el de Jean Epstein.

Epstein, vale la aclaración, fue un cineasta francés que se inició en el cine mudo, tiempos en los que fue considerado uno de los creadores de un nuevo arte cinematográfico, influenciado por las vanguardias y el surrealismo.

-¿Por qué esta historia?

-Porque el tema de la proximidad entre la violencia y el amor es totalmente contemporáneo. No hay que ir demasiado lejos. En estos días nos enteramos del atentado de la "viuda negra" chechena en el subterráneo de Moscú. Ese fue un acto de violencia y amor, y esto es incomprensible para la moral. La explicación que se le puede dar es mística, nunca racional.

-¿Cree que en su película se mezclan religión y política?

-No, para nada. La película es sobre la cuestión espiritual, no tiene nada de religioso ni de político, por lo tanto ni aparecen ni se mezclan.

-Pero, de alguna manera, catolicismo e islamismo aparecen?

-Me parece que no hay ninguna exactitud sociológica al respecto y, en consecuencia, una y otra religión son secundarias. Del principio al final de la película estamos en el interior de la protagonista, por lo tanto mi película es intentar una representación de la interioridad de Hadewijch. Cuando estamos en su departamento estamos en el interior de ella misma.

-¿Cuáles son los límites de la pasión?

-No hay límites. Incluso es un proceso que puede llegar a la violencia extrema. La función de la religión es, en todo caso, contener la violencia, y por eso es que se hacen sacrificios, por eso Cristo murió en la cruz? es un momento de hiperviolencia para detener la violencia. Hadewijch es un cordero que se sacrifica por Dios. Una especie de Juana de Arco. Es una representación cinematográfica de un sentimiento de amor puro. El deseo perdido de amar. Su existencia es puramente espiritual.

-Cuál es su postura religiosa?

-No soy ateo pero reniego de todas las religiones. A menudo leo a San Agustín, me gusta su poesía, también la Biblia, que es buena para hacer piezas de teatro, y Jesús es un gran personaje, por ejemplo de una película, pero de ahí a poner toda la fe que uno pueda tener en esas piezas que, insisto, son buena literatura con mucha poesía, hay mucho trecho.

Destacados en la grilla de hoy

  • 18.30: Morrer como um homen (Portugal), de Joao Pedro Rodrigues (Leopoldo Lugones)
  • 21.30: Viaje sentimental (Argentina), de Veronica Chen (Hoyts Abasto 5).
  • 22.45: Rompecabezas (Argentina/Francia), de Natalia Smirnoff, con María Onetto, Arturo Goetz y Gabriel Goity (Hoyts Abasto 4).
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