Búsqueda con destino incierto
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La velocidad funda el olvido (Argentina-España/2006). Dirección: Marcelo Schapces. Con Nicolás Mateo, Luis Luque, Uxia Blanco, Marta Larralde y otros. Guión: Julio Cardoso, Pablo Fidalgo, Paula Romero Levit y Marcelo Schapces. Fotografía: Angel Luis Fernández. Música: Carlos Cases y María Eva Albistur. Presentada por Barakacine. Hablada en español. Duración: 110 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
En éste, su segundo largometraje, el director Marcelo Schapces intenta recorrer el árido camino de un joven que, prisionero en un mundo fuera de la realidad, procurará ordenar el rompecabezas de su vida teniendo como meta el reencuentro con su madre, que reside en un pequeño pueblo gallego. Olmo, el protagonista, vive con su padre, que acumula, archiva y clasifica todo tipo de objetos sin sentido aparente mientras el muchacho, que halla una tarjeta postal de su progenitora, decide dejar su micromundo angustioso y llegar hasta esa Galicia en la que cree hallar el verdadero sentido de su vida.
Cuando Olmo conoce a una titiritera española en Buenos Aires, estima que su futuro está junto a ella, con la que se propone llegar al lugar en que su madre le brindará la calidez que desea conocer. Este será un viaje iniciático en el que Olmo reconstruirá su existencia aferrada a un padre que no lo comprende ni lo ampara. La historia transita entre ese joven dispuesto a cambiar su destino y ese hombre inmerso en una casona casi fantasmal repleta de objetos sin valor aparente. La trama pretende mostrar un cuadro acerca de la identidad, el olvido y la memoria, pero el guión se complica innecesariamente en medio de secuencias casi fantasmales que complican el propósito de la historia y lo convierten en un film de difícil comprensión.
El realizador Marcelo Schapces dejó de lado el realismo costumbrista para abocarse a relatar una trama que, monótonamente, procura armar un conjunto de existencias por momentos poco creíbles rodeadas por elementos de nada fácil deducción. No es mucho lo que el director aporta en la búsqueda de la calidez y la ternura que necesitaba este entramado, cuyo eje -la búsqueda de hallar respuestas para seguir un camino- cae en situaciones incomprensibles y de difícil credibilidad. Como elemento válido del film se destaca el trabajo de Luis Luque, ese padre ansioso por rodearse de elementos inútiles, en tanto que Nicolás Mateo se esfuerza por dar sentimiento a ese Olmo en busca de nuevos horizontes. El resto del reparto transita sin convicción por esta historia que muy pocas veces logra interesar en su ambición de generar una temática que procura hablar de la memoria y de los pesares de su protagonista.





