
Charles Berling, un talento para descubrir
El actor francés empieza a ser conocido por el público local
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Viajar de un siglo a otro, instalarse en la centuria que pasó para, desde allí, comenzar a envejecer con todas las contradicciones del ex pastor protestante Jean Barnery junto al amor de Pauline y adaptarse a las grandes transformaciones de las dinastías industriales tras la Primera Guerra Mundial.
Y tan luego, volver al mundo de hoy sin una arruga, aumentar diez kilos de peso, raparse la cabeza e instalarse en el ambiente globalizado de las altas finanzas es una de las maravillas del cine a las que el actor francés Charles Berling, de 43 años, pudo acceder al protagonizar las dos últimas películas del prestigioso director Olivier Assayas.
"Los destinos sentimentales", junto a Emmanuelle Béart e Isabelle Huppert, es un film de época de tres horas de duración, que se estrenará el próximo jueves, y "Demonlover", un thriller de producción norteamericana, que está en pleno rodaje, con Gina Gershon, Chloé Sevigny y Connie Nielsen.
En un día de descanso en medio de esta nueva aventura, Charles Berling atiende por teléfono a LA NACION desde su casa en Bourgogne, a 100 kilómetros de París. Actor de formación teatral que asistió tardíamente al cine, en los últimos diez años ha trabajado sin cesar para algunos de los más importantes realizadores franceses.
Además de los dos films de Assayas, actuó en "El placer de estar contigo", de Claude Sautet; en "Ridicule", de Patrice Leconte; en "Los que me aman tomarán el tren", de Patrice Chéreau; acaba de protagonizar el primer film dirigido por Gérard Depardieu; y también se destacó en dos realizaciones del chileno radicado en París, Raoul Ruiz, y en "Stardom", del canadiense Denys Arcand.
Mientras espera la próxima publicación de un libro de entrevistas sobre el oficio de actuar -que escribió junto a la actriz Carole Bouquet-, dice que lo angustia pensar que hasta 2003 tiene la agenda cubierta de ensayos, rodajes y presentaciones. Que le gustaría tener más tiempo para él, para escribir y profundizar en la realización cinematográfica, después de haber filmado un corto, "La cloche", y de haber producido siete cortometrajes sobre el sida.
El paso del tiempo, o en todo caso las diferentes nociones del tiempo, es un tema que ocupa su cabeza. Aunque la película "Los destinos sentimentales", basada en la novela de Jacques Chardonne (inspirada en la historia real de la familia Haviland, dedicada a la fabricación de porcelana en Limoge, al oeste de Francia), ya está bastante lejos en su agitada vida profesional.
Lentamente, Berling consigue volver a entusiasmarse al recordar aquella sensación de "tener que contar una vida entera". Pero, inevitablemente, traza un puente entre este film y el nuevo de Assayas. Entonces dice que "Los destinos..." "es un film de época sobre los grandes industriales de comienzo de siglo. Y lo interesante es que ahora vuelvo a interpretar a otro hombre de negocios que nada tiene que ver con Jean Barnery, pero en un ambiente que ha evolucionado también notablemente".
Se ríe, pero no niega que alguna vez dijo que el cine de autor de Assayas "lo enervaba", que no soportaba la comodidad de su insistencia en la observación del quartier parisiense. "Yo siento afinidad con Olivier porque pertenecemos a la misma generación y tenemos similares preocupaciones sobre el cine. Y es cierto que volver a trabajar juntos permite volver a conocerse mejor e ir más lejos. Los temas que aborda ahora me interesan más que los anteriores. Como autor francés lo encuentro ahora mucho más abierto al mundo exterior. Los franceses tienen el hábito de pensar que son el centro del mundo. Entonces me parece que Olivier se está permitiendo hablar de un mundo que no está tan cerca de él, como este film de época sobre los grandes industriales del siglo pasado o "Demonlover", que habla de los negocios internacionales."
El ejercicio de envejecer
El mismo Assayas admitió que el rodaje de "Los destinos sentimentales", una superproducción franco-suiza, fue un trabajo extenso (duró cuatro meses) y difícil en el que puso incluso en riesgo la estabilidad de su pareja con la actriz hongkonesa Maggie Cheung, la actriz de "Con ánimo de amar".
Berling, que interpreta allí al pastor protestante Jean Barnery, un hombre que renuncia a sus votos, deja a su mujer y a su hija, se entrega a una historia amorosa con una joven de 20 años, y sin ningún tipo de ambición hereda un imperio de la porcelana. "Los destinos..." es entonces el transcurrir de su vida y la de sus contemporáneos con la Primera Guerra Mundial que le persigue las espaldas.
"Para mí, Jean Barnery es un personaje muy evolutivo que a lo largo de su vida atravesará aspectos muy diferentes, y cada vez que se piense que su vida está terminada luego se repondrá en otros aspectos -cuenta Charles Berling-. Es un hombre que se adaptó a la vida y al mundo.
"Creo que ser fiel a sus ideales es también saber que éstos pueden cambiar de forma. Como muchas personas él es también contradictorio, pero al mismo tiempo se da cuenta de que es necesario adaptarse, y ése es el tema del film."
El difícil transcurrir del amor se funde entre los "grandes" problemas de "Los destinos sentimentales". Al respecto, Charles Berling apunta: "El amor ha cambiado bastante hoy. Creo que, finalmente, la gente está repartida entre el deseo y la necesidad de estar en pareja y al mismo tiempo la ruptura de eso que tanto quiere. Yo comprendo las contradicciones que viven en Barnery. No soy así, pero las comprendo. Yo mismo estoy habitado por contradicciones a nivel de pareja y por la necesidad de romper esos contratiempos".
Atravesar el tiempo con Barnery supuso para Berling una de sus más importantes experiencias interpretativas, que no se encontraban ni en la experiencia ni en su imaginación. "Eso es apasionante porque uno trata de comprender lo que es la vida, y tratar de transformar a alguien. Para eso observé a mi alrededor, a mi abuelo, a mi padre, necesariamente a todas las personas que me rodean y que ya han pasado a otro estado de sus vidas."
Y este personaje le permitió, incluso, encontrar algo simbólico con la generación de su abuelo. "Porque cuando era muy joven yo rechacé mucho esa generación y hacer este film fue una manera de poder comprenderla. Yo diría que he rechazado esa burguesía. Tenía muchos prejuicios. Cuando filmé la última escena de la película y estaba todo maquillado como Jean Barnery viejo, me di cuenta de que era igual a mi abuelo. Me sacaron una foto y fue muy extraño verme como mi abuelo, a quien había visto morir un año antes."
Se dice que la novela de Chardonne ha sido el libro de cabecera de Franois Mitterrand. "Porque Mitterrand es un charentés, y esta historia transcurre en la región de la Charente. Cuando se descubre esa región se conoce mejor a Mitterrand. Quienes viven allí nunca muestran su riqueza, son enigmáticos. Y cuando rodamos allí durante un mes y medio comprendimos mucho mejor. Las casas están rodeadas de muros para que no se vea su interior."
El actor francés se apropia de la definición de Gérard Depardieu en cuanto a que se considera "un obrero del cine". Berling, que ha trabajado con directores con estéticas y preocupaciones tan diferentes, dice que eso se debe a que él mismo es "muy camaléonico, un gran ecléctico". "Yo siempre he asimilado los roles que he tenido que interpretar en lugar de que sucediera lo contrario. En esta carrera necesito trabajar en diferentes perfiles. No me interesa tanto pensar que es bueno trabajar con tal o cual. En este sentido, en Francia se piensa demasiado en guetos culturales. Hay gente que piensa que hacer cine es como lo hace Assayas, otros como lo hace Leconte, y otros como Besson. Lo más enriquecedor para un actor es participar de universos bien diferentes."






