
‘Christopher Robin’
Ewan McGregor, Jim Cummings. Dirigida por Marc Foster / Tres estrellas
Los fans de las historias de A.A. Milne sobre el osito Winnie Pooh recordarán que al final de La casa en la esquina de Pooh hay una fiesta de despedida. Christopher Robin, su joven amigo humano, se va a un mundo más allá de la tierra de los efelantes. Esta película viene a responder la pregunta que muchos -o algunos, o tal vez nadie- se han hecho durante décadas: ¿qué le pasó a Christopher Robin después de eso?
Bueno, para empezar, va a un internado, se alista en el ejército en plena Segunda Guerra Mundial, se muda a Londres, conoce a Evelyn (Hayley Atwell), se casa, tiene hijos y consigue un trabajo que le consume la vida. Lo normal. (Los incidentes se presentan en capítulos que emulan las ilustraciones del artista de los libros de E.H. Shepard, un toque sublime.) Acongojado, una tarde se sienta en el banco de una plaza y aparece su viejo amigo Winnie.
Sí, es otra fábula de Disney sobre la necesidad de cuidar al niño interior, pero gracias a la actuación de McGregor como un hombre con problemas reales (paternidad culposa, un matrimonio en crisis, papeles perdidos que podrían costarle la vida) e imaginarios (¡efelantes asesinos!) las cosas se ponen interesantes. Es bastante divertido el psicodrama de un hombre gritándole a un peluche.
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