Cinco grandes escenas de Scarlett Johansson

La actriz de Ghost in the Shell fue protagonista de memorables secuencias y aquí las recordamos
Milagros Amondaray
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29 de marzo de 2017  • 00:33

*1. UNAS ENIGMÁTICAS PALABRAS DE DESPEDIDA (Perdidos en Tokio, 2003)

¿Qué le dice Bob a Charlotte en el final de Perdidos en Tokio ? Ése parece ser uno de los máximos interrogantes de la película de Sofia Coppola y, sin embargo, no es lo que define la escena. Como lo hace durante todo el film, la directora construye una perfecta parábola sobre la comunicación, sobre el lenguaje, sobre los medios que utilizamos para llegar al otro. Es decir, la sensibilidad de Charlotte ( Scarlett Johansson ) es tal porque de algún modo es validada por la de Bob ( Bill Murray ).

Por lo tanto, mientras suena la perfecta "Just Like Honey" de Jesus & Mary Chain, esos protagonistas de vínculo inclasificable se abrazan y se detienen en medio de la vorágine, como si estuvieran simbolizando cómo el mundo se suspendía a su alrededor cada vez que se encontraban para una noche de karaoke, para charlas en la cama o simplemente para sentirse cerca, acompañados, menos solos.

*2. UN VIAJE A LA OSCURIDAD (Under the Skin, 2013)

Jonathan Glazer sí que sabe generar climas inquietantes. El director responsable de la aplastante Bestia salvaje y la mucho más kubrickiana Reencarnación eligió para su tercer largometraje la obra de Michel Faber Under the Skin, co-adaptada por él y Walter Campbell. El desafío era ineludible. ¿Cómo generar terror paranormal a partir de situaciones veloces, sutiles, casi indescriptibles? En este contexto, Johansson interpreta nada menos que a un alien que, bajo la apariencia de una mujer atractiva y sugerente, secuestra hombres solitarios en Glasgow para hacerlos sucumbir (literalmente) al abismo.

La tarea de la actriz, como podemos ver en la secuencia superior, no fue nada fácil. Johansson debió amoldarse al minimalismo del film a través de gestos que transmitieran tanto el vacío de ese ser impertérrito como los modismos propios de la figura femenina que ese extraterrestre trata de emular. El resultado es una actuación memorable, indudablemente la más compleja de la filmografía de la actriz.

*3. EL MUNDO Y SUS INFINITAS POSIBILIDADES (Ella, 2013)

El divorcio de Sofia Coppola y Spike Jonze generó, en medio de tanta melancolía, dos obras cinematográficas que se asemejan a un intercambio epistolar. Curiosamente, Johansson es parte central de ambas. Así como Perdidos en Tokio es un relato cuasi autobiográfico sobre la tristeza que sentía la directora cuando acompañaba a Jonze en sus trabajos, en Ella el realizador le responde prácticamente pidiéndole perdón a través de Theodore ( Joaquin Phoenix ), uno de sus mejores personajes.

Ella es una película sobre hacer las paces con el pasado para dar vuelta la página, aunque muchas veces esa madurez deba ser adquirida a través de un aprendizaje brutal. Éso es Samantha (Johansson) para Theodore: no sólo una inteligencia artificial, sino el empujón que necesitaba para volver a sentirse vivo y absorber el mundo desde su más rutilante pureza.

*4. LA INCERTIDUMBRE ADOLESCENTE (Mundo fantasma, 2001)

Si bien Mundo fantasma es una película que le pertenece enteramente a su protagonista, Thora Birch (en el papel de la fascinante Enid Coleslaw), la historia no sería la misma sin Johansson. La actriz interpreta a Rebecca, la mejor amiga de Enid y su partenaire ideal en la misantropía y angustia adolescente, que finalmente siente que es hora de adaptarse a los mecanismos sociales, conseguir un trabajo, vivir sola y comprarse algo tan simple como una plancha. Enid, horrorizada ante esa visión, abandona a Rebecca en el proyecto porque su pulsión es otra: tomarse un colectivo a cualquier parte para descubrirse a sí misma.

La escena en la que esas amigas se sinceran sobre sus realidades es una de las más genuinas que ha protagonizado Johansson, y es la que termina de configurar hasta qué punto es necesario ser honesto en los vínculos para que éstos puedan evolucionar.

*5. LO PROHIBIDO, BAJO LA LLUVIA (Match Point, 2005)

A Match Point se la suele comparar frecuentemente - y con razones válidas - con Crímenes y pecados, otra de las películas de Woody Allen en escarbar en dilemas morales. Sin embargo, lejos de aquel film protagonizado por el propio cineasta y Martin Landau, con Match Point el realizador escribe y filma una historia mucho menos ambigua, más obvia en sus metáforas y con un final que se le sirve al espectador en bandeja de plata. De todas formas, dentro de lo llano de su propuesta, Allen logra que la química entre Johansson y Jonathan Rhys Meyers no solo funcione en el plano erótico sino también en el más descarnado, el que surge cuando el amor queda relegado ante las ambiciones económicas.

Match Point es ampulosa por donde se la mire, desde la fogosidad de esa relación prohibida hasta la inclusión de la ópera de Gaetano Donizetti para enfatizar la gravedad e inevitabilidad de ese entramado criminal.

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