
Competencia y publicidad en el TC 2000
La leyenda, estreno de hoy que protagoniza Pablo Rago, es un producto sui géneris destinado a los tuercas
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La leyenda (Idem. Argentina/2008, color; hablada en español). Dirección: Sebastián Pivotto. Con Pablo Rago, Leonora Balcarce, Benjamín Rojas, Luis Luque, Carlos Belloso, Marcelo Mazzarello, Osvaldo Santoro. Guión: Alejandro Ocón y Chavo D´Emilio. Fotografía: Héctor Moroni. Música: Diego Grimblat y Mariano Barella. Edición: Alejandro Carrillo Penovi y Germán Cantore. Dirección de escenas de acción: Charly Mainardi. Presentada por UIP. 92 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
Esta vez, para evitar despistes, será mejor aclarar que estamos ante un producto sui géneris. Un triángulo amoroso-deportivo concebido como vehículo para la extensa publicidad de una marca, o viceversa. Y que no se trata de la publicidad más o menos subrepticia como la que se cuela en gran número de películas o producciones de TV, sino de una que está integrada a la acción: Náufrago es quizás el ejemplo más ilustrativo de la especie, si bien allí la mención de la marca era menos insistente que en esta producción local.
En La leyend a nada se encubre. Fue íntegramente desarrollada desde el medio publicitario y constituye una propuesta de comunicación no tradicional para Chevrolet. La idea era "mostrar la marca en su ambiente natural" y, al mismo tiempo, proporcionar un entretenimiento para el público, lo que llevó a la empresa automotriz a asociarse con la productora Pampa Films, la agencia McCann Erickson Argentina y Telefé. Una historia ambientada en el mundo del TC 2000 serviría para legitimar la presencia de la marca en medio de la acción y para atraer al público apasionado por el automovilismo en general y por esa categoría en particular.
Más allá de la eficacia de La leyenda como vehículo publicitario, aspecto que no corresponde juzgar aquí, puede decirse que el fuerte del film reposa, sobre todo, en las abundantes secuencias de carreras, confiadas a un director tan competente en la materia como Charly Mainardi y realizadas con llamativo despliegue de producción. Hay nervio y bien dosificada tensión en esos tramos. Y aparece de entrada, en las (¿legales?) picadas nocturnas donde nace la rivalidad entre los dos jóvenes pilotos que, según impone el convencional libreto, deberán competir primero por el ingreso en la escudería que domina el TC2000, después por el campeonato de la categoría y todo el tiempo por el amor de la rigurosa y bella ingeniera que conduce al equipo.
La sencilla historia, como se ve, no se aparta de las fórmulas más remanidas del género y tampoco derrocha imaginación para renovarlas, pero es conducida con buen ritmo por Sebastián Pivotto y alcanza para hilvanar las secuencias de acción. En ellas, el film cobra brío y se manifiesta más claramente la rivalidad entre los dos muchachos, que en el fondo no será tanta: para eso se incorpora un tercero en discordia -de otra marca, claro- y asume, aunque sea fugazmente, las obligaciones del villano.
Se habla poco de mecánica, pero así y todo es probable que los tuercas, destinatarios naturales del film, detecten alguna perla. Del trío central, Pablo Rago es quien se muestra más desenvuelto, al lado de una Leonora Balcarce que exagera un poco la severidad de su personaje y de un Benjamín Rojas cuya presencia responde a la voluntad de atraer a sus juveniles fans. Pero -también es habitual en este tipo de productos- hay buenos actores en papeles secundarios (Luque, Belloso, Mazzarello, Santoro) para apuntalar la frágil estructura narrativa.
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