
Maestros del terror y de la resistencia
Llega lo último de Carpenter y de Romero
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Si el cine se midiera a partir de reacciones y de comportamientos de carácter político, a John Carpenter y a George A. Romero les corresponderá ocupar siempre un lugar destacado en alguna fuerza consagrada a la resistencia. Por esas coincidencias que ocurren cada tanto, mezcla de azar y varias forzadas postergaciones, las obras más recientes de dos cineastas con mucho en común serán estrenadas al mismo tiempo en los cines locales. Mañana se sumarán a la cartelera Atrapada , de Carpenter, y La reencarnación de los muertos , de Romero.
Ambos han construido sus respectivas filmografías, ligadas desde siempre al relato fantástico, al terror y a la ciencia ficción, retratando cómo los humanos se enfrentan a permanentes amenazas externas que resultan desproporcionadas en cantidad y poder para sus magros recursos, de qué manera se recluyen en espacios reducidos para buscar desde allí primero protección y luego espacio para un eventual contraataque, y con qué elementos afrontan una supervivencia casi desesperada, desprotegidos frente a acechanzas cuyo origen no pueden explicar.
En sus películas, Carpenter y Romero dibujan además figuras heroicas que en algún momento tomarán conciencia de que sus adversarios representan simbólicamente de alguna forma siempre misteriosa e inasible la idea del mal. Aunque, en más de una ocasión, ese retrato puede prestarse a interpretaciones y análisis estrechamente ligados a cuestiones ideológicas.
La película más política de Carpenter fue Sobreviven ( They Live! , 1988), retrato entre irónico y descarnado de una sociedad dominada por aliens que someten a todo el género humano a un comportamiento pasivo y sumiso. Sólo por medio de unos anteojos especiales es posible descubrirlos, lo que abrirá un espacio para la negativa rebelde de quienes no están dispuestos a aceptar ese destino.
En el caso de Romero, el mismo surgimiento de su extensa serie de largometrajes dedicados a los zombis ( El regreso de los muertos vivos , de 1968) fue visto como una alegoría de aquellos tiempos tan agitados, en los que se temía que una raza nueva, incomprensible e incontrolable, destruyera todos los ejes de la civilización existente, devorándola en el sentido más literal del término.
Conexiones y límites
Lo cierto es que ni Carpenter ni Romero creyeron, al menos en sus declaraciones públicas, en las conexiones explícitas entre sus obras y la realidad política de sus respectivas realidades. El primero hizo referencia al tema, aunque nunca dejó de reconocer que el momento en que hizo Sobreviven tuvo mucho que ver con el momento en que Ronald Reagan dejaba el poder y sus políticas se encontraban en el apogeo.
En cuanto a Romero, siempre quiso tomar distancia de las especulaciones políticas, especialmente de aquellas que hacían referencia a que El regreso de los muertos vivos tenía un héroe de raza negra (Duncan Jones) como una suerte de emblema de la lucha contra la desigualdad racial. "Jones era el mejor actor disponible entre quienes estaban cerca mío en el proyecto en aquel momento. Lo que más me interesaba entonces y también ahora pasaba por las reacciones y los comportamientos humanos frente a situaciones de ese tipo", justificó el director años más tarde.
Más allá de lo que digan, los dos son ejemplos vivos de la resistencia a las modas y fidelidad a los principios. Mientras Romero -un neoyorquino que debe su apellido a un padre cubano de origen español, casado con una lituana- mantiene hasta hoy con una coherencia que no registra casi antecedentes su obsesivo acercamiento al mundo de los "muertos vivos", Carpenter prefirió detener su carrera durante casi una década antes de seguir "quemándose" (según sus propias palabras) con un trabajo que le provocaba más sinsabores que reconocimientos.
Repliegue voluntario
El hombre que supo gozar de una popularidad notable en otros tiempos gracias a su condición de fundador de la serie de Halloween ( Noche de brujas ) y de títulos de culto como La niebla , Escape de Nueva York , Christine y La cosa se replegó por propia voluntad y dejó de hacer cine por una década tras el fracaso de la incomprendida Fantasmas de Marte , última manifestación de una serie de ruidosos fiascos en la taquilla. "Me pasé los últimos diez años sentado en mi sillón tomando cerveza, mirando básquetbol y tratando de ver cómo podía reavivarse la pasión por el cine que había perdido. Hasta que llegó esta oportunidad, una película que se ocupa de la gente, de personajes en serio, sin pirotecnia ni esa sucesión forzada de escenas de terror que se hace en el cine de hoy", dice a propósito de Atrapada ( The Ward ), que estrenará Distribution Company.
En la trama, Carpenter propone un viaje a los años 60 y a un escenario muy presente entre quienes relatan historias de terror, un hospital neuropsiquiátrico. Allí permanece alojada una joven mujer (Amber Heard) que tiene la obsesión de que alguien está ejecutando de la manera más cruenta al resto de los pacientes. "Soy nada más que un viejo y destartalado director de películas de terror -dijo Carpenter a The New York Times-, convencido de que la escuela clásica es la que mejor efecto provoca en el espectador de esta clase de films."
No menos consecuente es Romero, El sello Energía Entusiasta anuncia el estreno local de La reencarnación de los muertos , sexto título de una serie que nació -como dijimos- en 1968 y siguió con El amanecer de los muertos (1978), El día de los muertos (1985), Tierra de los muertos (2005) y El diario de los muertos (2007). Ahora, el director sitúa la acción en una isla remota, donde un grupo de soldados se enfrenta a los zombis en una batalla que parece eterna.
Cercanos en edad y en espíritu (Carpenter tiene 63 y Romero, 71), por lo general más dispuestos a recurrir a nombres desconocidos que a figuras consagradas, y mucho más cómodos con los presupuestos restringidos de la clase B, dos cineastas de culto están de vuelta. Uno se tomará las cosas un poco más en serio, el otro recurrirá con mayor frecuencia al humor sarcástico, pero en el fondo ambos responden a una misma matriz: la de quienes creen que aún contando historias sobrecogedoras es posible pintar cabalmente la realidad que nos toca vivir.




